Finalmente, Colombia deja atrás uno de los períodos más caóticos de su historia. Es cierto que muchos de los diagnósticos del gobierno que termina eran acertados como puede ser el caso de la transición energética, las mejoras del sistema de salud, o la atención que se debe dar a poblaciones históricamente excluidas. Pero, diseñar políticas que fueran efectivas y mucho menos ejecutarlas fue completamente imposible para un gobierno cuyo legado, finalmente, van a ser una corrupción desmedida, el amiguismo y la incompetencia.
Transmitir odios y resentimientos fue el eje central de la acción del ciudadano que fue incapaz de reconocer con altura los resultados electorales y se dedicará, desde ya, a entorpecer la gestión del nuevo gobierno.
El Presidente De La Espriella no tendrá una situación fácil. Como se ha repetido infinidad de veces encontrará, entre otras cosas, una situación fiscal desastrosa, un sistema de salud en cuidados intensivos, una muy preocupante situación de seguridad y un riesgo alto de entrar en una crisis del sistema eléctrico, por cuenta de las equivocadas decisiones en materia de hidrocarburos. Reconforta ver que con pocas excepciones las personas que se han nombrado son conocedoras de sus temas, son profesionales serios y experimentados que tendrán, como primera tarea, la reconstrucción de equipos de gente capaz y honesta en las entidades a su cargo.
Ha sido evidente, con algunas de las decisiones adoptadas en estos días, que el presidente debe oír más a gente con experiencia que pueda estar cerca de él para evitar errores innecesarios que solo le producen desgaste político. Es adecuado el enfoque de tratar de reducir la dependencia del Congreso en la gestión y, por la vía administrativa, realizar los ajustes que sean posibles. El Congreso, sin embargo, es imprescindible para la aprobación de leyes sin las cuales le resulta imposible gobernar. Pensar solo en la Ley de Presupuesto o en la Ley del Plan muestran lo importante de un trabajo coordinado y una coalición política lo más fuerte posible.
Cuando se piensa en que puede ser la famosa Resistencia Civil de la oposición es fácil concluir que una de las acciones de este grupo será el del permanente saboteo a todas las iniciativas que presente el Gobierno. Intenciones manifestadas como la de formalizar su idea de las sedes alternas de la Presidencia, o temas más de fondo, como el desarrollo de la Altillanura no se pueden hacer sin la intervención del Congreso.
Este tema de la Altillanura puede generar una verdadera transformación nacional, no solo por lo que significa en desarrollo territorial sino porque podemos llegar a ser exportadores de productos como la soya y el maíz y productores mucho más importantes de biocombustibles. Son muchos los estudios que hay sobre el tema y todos coinciden en que sin seguridad jurídica será muy difícil pasar de las buenas intenciones. Esa seguridad jurídica solo se logrará con el concurso del Congreso.
Los retos van a ser muchos y ojalá el nuevo gobierno no se desgaste en conflictos innecesarios, e inútiles en muchos casos.