Es invaluable la solidaridad que hemos visto en estos días. Cuánto orgullo nos genera el comportamiento de los jóvenes, de los rescatistas, del personal de la salud, de los gobernantes. Sin embargo, el reto es descomunal porque la reconstrucción se demora y el diagnóstico de lo inhabitable aún está en marcha. De allí que se requerirán muchas acciones porque se necesitará solidaridad por mucho tiempo. Años.
La solidaridad no debe concentrarse solo en Cali: El balance de pérdidas en la ruralidad es incalculable. Lamentablemente la visibilidad de lo sucedido en la capital, el impacto de los edificios, de los hospitales y de tantas familias conocidas, a veces nos hace olvidar pequeñas ciudades del Valle con sus veredas y corregimientos. El fin de semana pasado, por ejemplo, fui con varios amigos a llevar ayuda humanitaria a Trujillo y a Andinápolis. Muchas familias sin vivienda, inmensa gratitud por las ayudas que reciben, pero a pesar de la buena voluntad que llevábamos y de la entrega de materiales de construcción y elementos para higiene personal y alimentación , es inevitable concluir que son gotas de agua en un gran desierto. Solo será suficiente si masivamente nos volcamos a ayudar. O si apadrinamos individualmente familias devastadas por el sismo para apreciar el efecto de la solidaridad: ver que se levantaron los muros sobre cimientos firmes; que el techo cumplirá su misión protectora. Que el uso de los servicios públicos y la presentación de su interior, permitirá una vida digna y esperanzadora. Identifiquemos afinidades que nos empujen a ser útiles en alguna vereda o pequeño pueblo; nuestros ancestros, o allí viven empleados de nuestra casa, evocaciones literarias, en fin, hermanémonos con causas rurales porque no será fácil que a muchos de ellos les lleguen los créditos o las ayudas.
Apoyemos las economías locales: Una buena idea del recorrido fue comprar el cemento y otros materiales de construcción en las ferreterías de los pueblos, almorzar allí, contratar mano de obra local para que trabajen en la construcción de las viviendas. Esa economía circular es fundamental, que el dinero no se quede en los grandes establecimientos de siempre, sino que se irrigue.
La recuperación de la informalidad: es comprensible el sentimiento colectivo de tristeza e incertidumbre. Hace parte de la solidaridad con quienes han perdido familia o bienes logrados con su esfuerzo. Pero prontamente la ciudad debe retomar su espíritu para que la economía vuelva a generar ingresos en todos los sectores. Es muy lamentable que en medio de la crisis de la pérdida de vivienda, una familia pierda el salario de su hijo al quedarse sin empleo. Los taxistas, los meseros, los vendedores de los almacenes, los artistas, deberán regresar pronto a su oficio y a percibir ingresos pues debemos recuperar el optimismo. Necesitamos que los eventos regresen a Cali, sin ellos la hotelería, los restaurantes, las propinas, el transporte público, las camareras, pueden desaparecer. Frente a los eventos cancelados a raíz del sismo, un especial reconocimiento a Fenavi, el gremio de los avicultores quienes entre el 1 y el 3 de septiembre tendrán en Cali el evento más grande de América Latina. Gracias avicultores por contribuir de esta manera al renacer de la región.
La salud mental: Coomeva, realizará un preExposer sobre salud mental, estrés postraumático en niños y adultos, cómo manejar las pérdidas, el duelo, con experiencias inspiradoras de otros lugares donde se han dado tragedias naturales. Será gratuito el sábado 5 de septiembre en el hotel Dann. Gran aporte de Coomeva. Con la suma de voluntades y con fe superaremos estos momentos.