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De buenas

Quizás ‘estar de buenas’ no sea haber sobrevivido para obedecer, sino sobrevivir y conservar la libertad de empezar otra vez.

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Alberto Castro Zawadski
Alberto Castro Zawadski | Foto: El País.

29 de ago de 2026, 12:47 a. m.

Actualizado el 29 de ago de 2026, 12:47 a. m.

Tal vez una de las expresiones más insensibles que se han oído a raíz del terremoto tenga que ver con la suerte. “Tan de buenas”, le dicen a quien rescataron herido, pero perdió familiares, su hogar y todas sus pertenencias. “A Cali le fue bien porque pudo ser mucho peor” es un consuelo inútil y cruel para quienes han sufrido tanto. Y “lo material se repone; lo importante es la vida” dice muy poco a quien perdió en segundos el fruto de toda una vida de trabajo.

Pero hay otra forma, menos evidente, de desconocer el sufrimiento de las víctimas: pretender protegerlas de cualquier riesgo, aun contra su voluntad. El exceso de celo de algunas autoridades puede agravar el sufrimiento psicológico y dificultar esa necesidad urgente de recuperar algún control sobre la propia vida. Impedir el acceso a edificios certificados como estructuralmente viables resulta particularmente duro para quienes quedaron en la calle con una toalla o una pijama.

Podrá existir la posibilidad de que un muro se desprenda y lesione a quien ingrese. Pero, una vez evaluada técnicamente la estructura y establecido un riesgo razonablemente bajo, debería ser el afectado quien decida. Solo él puede ponderar el beneficio emocional y económico de recuperar documentos, recuerdos, ropa o pertenencias frente al riesgo residual de entrar por unos instantes. Después de perder familiares, casa, patrimonio y tranquilidad, lo último que necesita una víctima es que también le quiten la capacidad de decidir sobre lo poco que todavía le pertenece. Proteger no puede significar anular la autonomía. Quizás ‘estar de buenas’ no sea haber sobrevivido para obedecer, sino sobrevivir y conservar la libertad de empezar otra vez.

La reacción y la solidaridad de los caleños han sido formidables; días y noches de equipos dedicados a salvar, ayudar y proteger. La heroica cirugía practicada por el doctor Laureano Quintero, el ángel de todas las tragedias, fue el punto cumbre de este esfuerzo: en la profundidad de los escombros, sin luz, sin aire y con equipos restringidos, logró la liberación y extracción de la paciente, con la ayuda de rescatistas y bomberos.

Rearmar a Cali va a tardar años, pero cicatrizar las almas será una labor de toda la vida. Quienes sufrieron y quienes hicieron lo imposible por ayudar cargan un dolor pesado que va a requerir, también, un gran esfuerzo colectivo.

Médico oftalmólogo, especialista en cirugía vitreoretinal. Docente universitario, fue gestor y director de la Clínica de Oftalmología de Cali y es reconocido como pionero en Colombia en cirugía de catarata con lentes intraoculares y en retinopexia neumática.

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