Cierra los ojos y relaja tu cuerpo. Descansa la punta del índice de una mano en tu entrecejo o tercer ojo.

Descansa el otro índice detrás, en tu occipital, en el lugar donde tu cuello se une a la cabeza.

Visualiza un rayo de amorosa luz celestial que une esos dos lugares por dentro de tu cabeza.

Luego descansa el índice de la mano derecha en tu coronilla, y visualiza dos rayos de luz blanca.

Bajan de allí al entrecejo y al punto de atrás de la cabeza. Es un triángulo interno de luz sanadora.

Decreta con fe: “Gracias, Dios, tu energía me sana y me llena de amor, paz y sabiduría”. Agradece y alaba.

Lo bueno de los rituales es que no te contentas con rezar, sino que haces ejercicios sanadores.

Ora de modo espontáneo, habla mucho con Dios y le expresas tu amor y tu gratitud.

@gonzalogallog