Ante los hechos y las personas, tienes dos opciones:

1. Aceptas con amor y en paz la realidad.

2. Haces resistencia y peleas.

Cuando aceptas, fluyes; cuando haces resistencia, sufres.

Pero la aceptación no es una resignación pasiva ni de mala gana.

La aceptación es amorosa, serena y activa.

En otras palabras, actúas con amor, lo haces en paz y observas si puedes cambiar algo o mejorarlo.

Es muy sabia esta plegaria diaria de Alcohólicos Anónimos:

“Dios mío, dame serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar, valor para cambiar lo que puedo y sabiduría para conocer la diferencia”.

Ojalá lo tengas claro: a más resistencia, más sufrimiento.

Elige aceptarte, aceptar a los demás sin permitir abusos y aceptar la realidad.

Ahí comienza la verdadera paz interior.