Dios creó a los arcángeles y los ángeles como mensajeros o servidores para mostrar su amor infinito.

Jacob sueña con ellos: “Vio una escalera que, apoyada en la tierra, tocaba el cielo y por ella subían y bajaban ángeles de Dios”. Génesis 28,12.

El arcángel Gabriel saluda a María: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Lucas 1,28.

Pedro es liberado de la prisión por un ángel: “De repente la celda se llenó de luz: estaba el ángel del Señor”. Hechos 12,7.

En tu fe pon siempre a Dios de primero y también abre las puertas de tu vida a la ayuda de los seres de luz.

Es sencillo y no necesitas palabras raras, simplemente tienes con ellos un trato de amor y de confianza.

Abundan los testimonios sobre la acción de estos hermosos seres en la vida de los humanos. Dios nos ama de muchas maneras.

Te comparto una lucecita sobre los arcángeles, que son millones, pero se suele hablar solo de tres: Gabriel, Miguel y Rafael.

Los que tienen el don de verlos dicen que son muchos más. Se menciona a siete. Los otros cuatro son Jofiel, Shamuel, Uriel y Zaquiel.

Los judíos aman a Metatrón y otras personas a Ariel, Raziel o Sandalfón.

No necesitan alas, pero pueden mostrarse con ellas para ser reconocidos.

Son una hermosa energía y cada uno se distingue por un color.

El de Rafael es un precioso verde esmeralda. Su nombre significa “Dios sana” y se aplica a millares de arcángeles que cumplen la misma misión sanadora.

Lo mismo pasa con los demás. O sea, no hay un solo Rafael. Con ese nombre se llama a todos los que cumplen la misión de sanar alma, mente y cuerpo.

El color de Miguel es azul, el de Gabriel un blanco radiante.

Cree en ellos, ámalos e invócalos.

Busca en el ícono de aprendizajes el libro ‘Pon al cielo a trabajar’ para saber cómo llamarlos.