Es cierto y es una maravilla: el perdón hace magia en tu ser y en tu vida.

Cuando comprendes de corazón, logras perdonarte y perdonar, o puede ser que ni siquiera necesites hacerlo.

Comprender es ponerte en el lugar del ofensor para ser consciente de sus vacíos, su inconsciencia y su desamor.

Más que ponerte sus zapatos, es entrar a su historia de vida para entender por qué falla.

Lo que hizo Jeshua cuando dijo: “No saben lo que hacen”.

En la infancia de quien realiza actos horribles hay una vida horrible y, casi siempre, un hogar disfuncional.

Los guías espirituales dicen que nadie nos hace daño aunque así se vea. Ese ser aparece en nuestro caminar porque así debe ser para aprender lo que el espíritu necesita en su evolución.

Se ve como ‘malo’, pero es alguien que nos entrena en aceptación, perdón, paciencia o resiliencia.

Solo se avanza en este plano enfrentando el contrario o el opuesto.

Ahora bien, esta comprensión no quita que actos muy crueles sean difíciles de asumir.

Perdonar no es ni fácil ni imposible.

El odio solo lastima al que con él se envenena.

La culpa es una ladrona de paz interior y de felicidad.

Hay muchos hermosos testimonios de perdón que ayudan a desterrar rencores, odios, resentimientos o venganzas.