Pocas virtudes o valores sirven tanto ante el mal, como la acción de cultivar la resiliencia.
Es la habilidad que te permite asumir bien los golpes, los traumas, los males y las crisis.
Es un término que, de la física, pasó a la sicología. Tu casa seguro es resiliente ante un sismo.
Y tú lo eres cuando acoges lo arduo con fe, en paz, y con la firme decisión de no sucumbir.
Para eso buscas ayuda, sintonizas con Dios, meditas y te apoyas en todo lo que te dé alientos.
Libera la tristeza, la rabia o los miedos para tener un buen estado emocional.
Elige adaptarte a la nueva realidad y aceptar con fe y con amor lo que no puedes cambiar.
Paso a paso vas estar bien si no te aíslas y, agradeces lo bueno, en lugar de quejarte y renegar.