Colombia se desgasta pensando en un debate televisivo para que los candidatos a la Presidencia expongan sus ideas y terminen de convencer sobre la validez de sus programas de gobierno. Cada uno debe mostrarse como ‘presentador’ de un show donde expondrán ideas, esperando mágicamente que ese espectáculo decida la votación. ¡Qué ingenuidad! Partiendo del hecho de que lo que van a decir son propuestas, promesas, suposiciones… es como si se prestaran para un espectáculo donde desde la palabra se puede plantear lo que se les antoje. El show de las promesas o de las mentiras o del descreste. Hay que mover emociones y es necesario entonces ser histriónicos, audaces, palabreros, actores.
El show da para todo… hasta el punto de que al sesudo doctor José Manuel Restrepo, Mauricio Cabrera (que no es Aida Quilcué y cuya trayectoria en el mundo de la economía es innegable) cuestiona los planteamientos del brillante vicepresidente, por ilusos e imposibles. Lea su columna del domingo, con cifras y datos precisos, y se dará cuenta de cómo la palabrería puede con todo. Porque suponer es el arte del descrestador...
Entonces el debate es un show que necesita mover emociones porque son las emociones las que deciden. Y otra vez es el miedo, no las ideas ni los planteamientos, el que obliga a elegir. Cada quien debe escoger con qué miedo quiere lidiar los próximos 4 años.
Cali lleva en 5 meses 400 denuncias de violaciones de niñas abusadas en un ambiente cada vez más machista y patriarcal, donde lo que menos se necesita son hombres “con pantalones” que muestren su hombría desde el mundo del atropello y el sometimiento. Y la inseguridad también es un miedo que lleva a dudar de la decisión, como si ensayar caminos de reconciliación no siempre da el resultado esperado y las consecuencias son aparatosas.
Hace unos años, una persona inteligente era todo un descreste. La razón lideraba todas las encuestas del éxito y del poder. Pero hoy la razón y la inteligencia pierden terreno. La psicología enseña a realizar ‘test de inteligencia’ para medir el cociente intelectual y certificarlo. Nunca los ejecuté, no podía aceptar que a un individuo se lo midiera en forma tan numérica.
Pero, afortunadamente, apareció Daniel Goleman y dinamitó el concepto. Causó una revolución de tal calibre que hoy todavía no termina de asimilarse. Dijo y probó que existen múltiples inteligencias y, de acuerdo a cada individualidad, hay seres muy destacados en determinadas áreas y otros en otras; por tanto, igualar a todos los humanos con los mismos estándares es un contrasentido. ¡Un atropello! Goleman liberó la inteligencia de un solo modelo. Confirmando que no existe medición humana más peligrosa que la normalidad. El concepto de igualdad ha lastimado tanto… y nos ha llevado a los niveles de violencia y atropello que hoy padecemos. Lo diferente, lo que se sale de lo normal, es calificado inmediatamente como raro, anormal, incorrecto.
¿Cuál condición humana puso en peligro a la razón? Sin lugar a dudas, las emociones le quitaron el poder. Por ello, esta elección no la deciden ni las cifras ni los conceptos; son las emociones las que inclinarán la balanza. Rabia, terror, odio, venganza, miedo, pánico, tristeza, dolor, desprecio, burla, confianza, emociones que estarán presentes a la hora de votar. Es interesante que usted evalúe cuál de ellas es su ‘directora’ de votación porque son ellas las que decidirán el voto. Creerle a un concepto que se dice pero que no se ha efectuado es una falacia. Será entonces la emotividad la que decidirá. ¿Conoce cuál es la suya?