Hay personas que llegan a esta vida con el compromiso de enseñar, de contribuir a que el mundo sea distinto. Personas que se atreven a construir nuevos paradigmas. La humanidad no es igual gracias a su determinación, a su coraje. Cambiar creencias es de lo más complejo porque es nadar contra la corriente.

La muerte de Aura Lucía y la gravedad de Francisco Piedrahita han contribuido, nos están obligando, a revisar conceptos sobre la muerte. Es una tarea muy compleja, pero sanadora. Además, la historia de Noelia, la joven española, y la de Catalina Giraldo, la psicóloga colombiana, que solicitaron permiso para realizarse un suicidio asistido, abren las puertas para colocar la muerte como tema de conversación. ¡Y de análisis!

Así como sucedió hace años con el tema de la sexualidad, se despejan velos de oscurantismo y pareciera que ya no hay razón para ‘esconder’ temáticas, ni menos aún, para prohibir su divulgación. La muerte está sobre el tapete.

Porque la ‘modernidad’ nos está obligando a considerar la muerte de otra manera. Primero, no está tan lejana, creyendo que imaginarla distante la hace desaparecer Y segundo, no son solo los ‘otros’ los que se mueren. Todos estamos en la fila. Hay que ‘sentarla’ en la mesa cotidiana para permitirnos dialogar con ella. O sería más preciso, para empezar a hablar de ella como la invitada obligada a nuestra vida porque no puede seguirnos tomándonos por sorpresa como si no supiéramos que va a llegar.

Durante mucho tiempo, para la cultura occidental, fue la religión la que tuvo la palabra final sobre la muerte. Designios de Dios, la vida nos la han dado (¿quién?). ¿Es un regalo o una desgracia? Y, por lo tanto, no tenemos poder para disponer de ella. Le pertenece a otro y hay que pedir permiso o plegarse a sus designios. No podemos ser tan ‘igualados’ de tomar decisiones sobre ella.

Pero, el mundo rueda, y si hubo un juicio, en alguna parte del planeta, que ganó un hijo contra sus padres (¿por qué me trajeron al mundo sin mi permiso?) lo que los obligó a que lo sostengan de por vida, las puertas sobre el más allá, el sentido de la vida, salud y sufrimiento, están abriéndose y es el momento de atravesarlas para encontrar respuestas que pueden hacer tambalear toda la estructura en la que creemos estar parados.

No hay una única respuesta y permitir que otras miradas aporten es contribuir a hacer una humanidad más humana. La conexión entre unos y otros, permitiendo la diferencia, es un proceso enriquecedor y respetuoso. ¿Hay que sufrir incondicionalmente para ‘complacer’ a quién? Claro, los sufrimientos de Noelia o Catalina desde la mirada sistémica, no son ‘solo’ de ellas, sino que muy posiblemente obedecen al sistema familiar. Lo que hace más complejos los procesos porque se cree que las enfermedades mentales son ‘solo’ individuales.

Revisar la familia significa revisar la sociedad… nada fácil. Igual con la salud física. ¿El cuerpo es un empaque? ¿Dónde está la conciencia? ¿El alma desaparece? ¿La vida debe prolongarse indefinidamente para complacer a quién?

Para Aura Lucía un agradecimiento infinito por su coherencia. La construyó con ‘sudor y lágrimas’. Más de una persona tuvo, tiene y tendrá una mejor vida, gracias a sus posturas personales que flexibilizaron las críticas y los juicios. Ser diferente es un don, no un delito.

Igual que la decisión de Francisco y su familia de aceptar procesos irreversibles con la tranquilidad de poder decir, a nombre de Pacho, ‘misión cumplida’.