Columnista
La risa, remedio infalible
La risa actúa como escudo frente a la violencia, reduce distancias, abre puertas, facilita la comunicación y propicia alianzas.
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30 de mar de 2026, 02:10 a. m.
Actualizado el 30 de mar de 2026, 02:10 a. m.
Tuve un tío abuelo por parte de mi madre, José de la Cruz Puche. Le decíamos “papá Puche”. Era un intelectual autodidacta y profesor; el colegio de bachillerato de Cereté lleva su nombre y ha sido reconocido por el gobierno del departamento de Córdoba como uno de los intelectuales más importantes que nacieron en la región del Sinú.
Cuando era niño, mi madre nos llevaba los domingos a visitarlo. Ya estaba entrado en años, pero muy lúcido. Nos daba clases de historia y literatura. Tenía una colección inmensa de Selecciones Reader’s Digest y un sentido del humor inigualable. Nos leía los mejores artículos de la revista, empezando por ‘La risa, remedio infalible’. Siempre lo recuerdo con cariño.
No hay nada más humano y familiar que la risa y su forma atenuada, la sonrisa; nada más cotidiano y universal. La risa es un comportamiento instintivo, programado en los genes. Es una respuesta que no puede ser evocada arbitrariamente: no siempre podemos reír a voluntad, y a veces tampoco podemos dejar de hacerlo. La sonrisa aparece espontáneamente en los niños durante los primeros meses de vida; se presenta en todas las culturas y también en personas ciegas y sordas.
El sonido de la risa es reconocible en todos los idiomas. Incluso los mellizos idénticos, separados, ríen de manera muy parecida. El espectro de la risa va desde la sonrisa hasta la carcajada sonora, con una energía ruidosa y explosiva. Los sociólogos afirman que la risa sirve para apaciguar la agresión y crear lazos emocionales sólidos. Durante la adolescencia, se convierte en una poderosa herramienta de seducción y conquista.
¿A quién no lo ha enamorado una sonrisa? Se considera un lenguaje, un puente entre las personas. La risa actúa como escudo frente a la violencia, reduce distancias, abre puertas, facilita la comunicación y propicia alianzas. Con razón se dice que la sonrisa es la menor distancia entre dos almas.
La risa no es solo la exteriorización de un estado emocional grato; también es una manifestación de euforia, regocijo y, sobre todo, una expresión amistosa. Los niños ríen durante los juegos, cuando hacen travesuras e incluso para atenuar un castigo. Sirve como cemento para el amor, aunque también puede aparecer en el desamor cuando se convierte en burla.
A diferencia de los humanos, los animales no ríen. Existen también diferencias entre los sexos: las mujeres suelen reír más, mientras que los hombres, en ciertos contextos, hacen reír más. De ahí que históricamente haya más comediantes y payasos hombres que mujeres.
La risa está íntimamente ligada al humor. Además de ser un elemento de diversión, funciona como terapia para aliviar el dolor y reducir la tensión. Después de reír, nos sentimos renovados. En mi especialidad como urólogo, con frecuencia consultan mujeres que presentan escape de orina al reír. Les explico que la risa puede bloquear un reflejo neurológico que regula el tono muscular, lo que genera debilidad momentánea y falla en la coordinación neuromuscular. En la mayoría de los casos no indica una patología, pero si es frecuente, es importante consultar al especialista.
Existen condiciones que pueden simular la risa, como la parálisis facial o la inhalación de sustancias como el óxido nitroso, conocido como ‘gas hilarante’, que provoca risa espontánea.
Lo cierto es que la risa es un instrumento de felicidad, un recurso didáctico y una forma de celebración. Es un lenguaje social, cultural y comunicativo entre los seres humanos. Hay expresiones populares que lo confirman: “Reír no cuesta nada”, “Un día sin reír es un día perdido”. El hombre que no ríe suele ser visto como amargado y distante.
Muchos de los artistas más recordados del cine han sido comediantes: Charles Chaplin, Cantinflas, el Gordo y el Flaco, Jerry Lewis, Tin Tan, Viruta y Capulina; en Colombia, Montecristo y Los Tolimenses, entre muchos otros que marcaron generaciones y nos conectan con la infancia.
Si riéramos más a menudo, probablemente disminuiría la violencia. Como dice el dicho: “El que ríe de último, ríe mejor”.
Y para concluir, hay que tener presente que la risa es un remedio infalible. Porque, al final, la risa es como el WiFi: no se ve, pero cuando falta, todo se vuelve aburrido.
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