La coexistencia de la relación entre una persona que se deja manipular y un manipulador es mucho más común de lo que nos podemos imaginar. Una de mis experiencias más difíciles en el ejercicio de la psiquiatría ha sido enfrentar la negación, la incapacidad y especialmente el temor de tantas personas para tomar las decisiones que las lleven a independizarse de allegados manipuladores que les han ensombrecido su vida. Se trata de personajes enormemente difíciles de identificar, expertos en el engaño y muy probablemente con trastornos sociopáticos (antisociales) o narcisistas de la personalidad.

Los sociópatas son oportunistas y manipuladores muy hábiles que pasan por encima de los derechos de los demás, incluyendo los familiares más cercanos. Son emocionalmente indiferentes y expertos en identificar las debilidades de los demás con el fin de explotarlos a través del chantaje. Cuando se les confronta, son capaces de negarlo todo con gran frescura y desfachatez. Los narcisistas son incapaces de amar de verdad, pero son pretenciosos, egoístas, expertos en el arte de la seducción y tienen necesidades constantes de reconocimiento. Ni los antisociales ni los narcisistas aceptan su enfermedad, y menos su responsabilidad por el daño que sus actos generan, y en consecuencia no buscan tratamiento profesional.

Seguramente todos hemos tenido que lidiar con estos manipuladores en algún período de nuestras vidas pues los antisociales y los narcisistas están en todas partes. Algunos ejemplos están en la propia familia, por ejemplo, la madre que no ama, sino que finge amar a sus hijos; el padre irresponsable que posa de ‘gran señor’; los hermanos ventajistas; o la pareja hipócrita, abusiva o desleal. Más allá de las puertas de la casa están los violadores de los derechos de los demás en sus infinitas variedades, en todos los círculos sociales y profesionales y, por supuesto, en la política.

Los ingenuos de turno suelen ser personas frágiles y desinformadas que están pasando por momentos de dificultad, razón por la cual son fácilmente manipulables. Una vez que inician las relaciones con estos personajes, presas de su propia inseguridad, se debilitan aún más, niegan o racionalizan su situación y sufren en silencio por mucho tiempo, a veces por toda la vida.

Con el ánimo de alertar a las víctimas de estos trastornados personajes, hace más de una década escribí un libro titulado ‘La Locura Lúcida’, donde describo las características de los antisociales y los narcisistas quienes, a pesar de su enfermedad, pasan por ‘normales’ (de allí el título). Desde entonces he recibido muchas manifestaciones de agradecimiento por parte de personas a quienes su lectura les cambió la vida, pues les ayudó a darse cuenta de algo que antes no era claro: que tenían que poner distancia con estas personas porque su integridad estaba amenazada.

Quien se sienta identificado con los temas descritos, podría ilustrarse al respecto del tema releyendo el texto mencionado, haciendo su propia búsqueda de la abundante literatura, comentándolo con alguien de confianza o consultándolo con un profesional del comportamiento.

El solo ejercicio de hacer un relato franco y valiente de su propio testimonio, le permitirá hacer conciencia de su situación y visualizar con esperanza la posibilidad de un cambio.