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La casa en desorden

De la Espriella recibe una suma de los problemas que aquejaron a gran parte de los presidentes de las últimas tres décadas y tendrá cuatro años para solucionarlos.

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Fernando Posada
Fernando Posada | Foto: El País

10 de ago de 2026, 02:42 a. m.

Actualizado el 10 de ago de 2026, 02:42 a. m.

Esta es la primera columna en la que me refiero a Petro como expresidente de la República, pocos días después de la posesión de Abelardo de la Espriella como nuevo mandatario. Empieza una nueva era –que ojalá esté definida por la prosperidad y no por las promesas incumplidas– y lo que más necesita el país es que ante la certeza del mal gobierno que hizo el expresidente Petro, el nuevo presidente escoja un camino en que los resultados superen los discursos.

Porque si la meta de todos los gobiernos entrantes es poner la casa en orden, De la Espriella la encuentra especialmente desordenada y en una situación crítica. Petro terminó su gobierno haciendo exactamente lo que prometió que nunca haría: negando una elección democrática y llamando a la desconfianza masiva en todas las instituciones colombianas. El expresidente insiste en que hubo un fraude electoral y que Iván Cepeda es el presidente electo, pero su argumento de un supuesto fraude es tan flojo que ninguna voz de peso, nacional o internacional, ha suscrito esa irresponsabilidad. Y aunque día habla de algoritmos, otro día habla de incursión extranjera y al otro habla de los conteos internacionales, su lógica caótica y desconectada solo deja en evidencia su profundo odio por los valores de nuestra constitución.

Nuestro sistema político ha sufrido un golpe luego de que Petro –quien se presentaba como un “demócrata radical”– dedicara las semanas finales de su mandato llamando a desconocer un resultado democrático y a negar la legitimidad de un presidente electo. Al final resultó ser todo menos un demócrata y no fue capaz de entender que el daño que hacía no lo sufría el presidente De la Espriella, sino toda la sociedad colombiana y la confianza en sus propias instituciones. Con su forma de irse del poder, el señor Petro ha mostrado su lado más radical y enfurecido, y se aleja cada vez más de ese demócrata que tanto dijo ser. El peor legado que le deja al país a estas alturas es el país profundamente dividido que entrega y la desconfianza que sembró durante cuatro años en una democracia con la que se eligió pero que ahora en la derrota no le sirve.

Con una crisis de seguridad parecida a la que enfrentó Uribe, una caída en la economía que no se veía desde tiempos de Pastrana, un enfrentamiento social similar al que recibió Duque y una amenaza de apagón que recuerda al mandato de Gaviria, De la Espriella recibe una suma de los problemas que aquejaron a gran parte de los presidentes de las últimas tres décadas y tendrá cuatro años para solucionarlos. Los tres frentes esenciales serán la economía, la salud y la seguridad.

Y todo empieza por la economía, si el objetivo es brindar prosperidad a los colombianos estos cuatro años. Y en ese frente, especialmente, se rajó el gobierno Petro. En primer lugar, el crecimiento económico anual en promedio de estos cuatro años fue de apenas el 1,6 %: prácticamente es el caso de una economía que se quedó casi quieta. Por otro lado, la informalidad laboral llegó al 54,7 % del total de la población que trabaja, según datos del DANE. Más de la mitad de los trabajadores colombianos están empleados desde la informalidad y así sea impopular decirlo, el aumento desmedido y sin sustento del salario mínimo en pleno año electoral hace que la creación de nuevos empleos formales sea más difícil. En tercer lugar, la inversión cayó al nivel más bajo de los últimos 20 años y apenas representa el 16% del PIB.

Devolver la esperanza y la viabilidad de Colombia debe empezar por el regreso de las condiciones para una economía favorable, en la que sea posible crear millones de nuevos empleos formales y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. El nuevo gobierno recibe una casa que se desploma y la lucha más importante que debe dar no será en el plano narrativo sino el de los hechos y los resultados.

FERNANDO POSADA

Politólogo de la Universidad de los Andes con maestría en Política Latinoamericana de University College London. Es analista político para varias publicaciones nacionales e internacionales, y consultor en temas de política pública, paz y sostenibilidad.

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