Columnistas
Tratamiento antidepresivo en Alzheimer
Las evidencias científicas han demostrado las ventajas de algunos fármacos antidepresivos que mejoran significativamente el estado de ánimo, la calidad de vida y las actividades cotidianas de los pacientes con EA.
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4 de oct de 2026, 01:09 a. m.
Actualizado el 4 de oct de 2026, 01:09 a. m.
La depresión afecta entre el 30 y el 50 % de los pacientes con enfermedad de Alzheimer (EA) en algún momento del proceso de la enfermedad.
La depresión en la EA es un factor de riesgo, un antecedente y un acelerador de la enfermedad. En la EA, la depresión se anticipa en varios años a la aparición de los síntomas demenciales. Por tanto, si se trata la depresión de manera oportuna, se le está quitando fuerza a uno de los factores que anteceden a las primeras manifestaciones de la EA. Cuando coexisten los síntomas de EA con una depresión, el tratamiento de esta última se vuelve vital, pues, si bien no cura la patología amiloide de la EA, alivia los síntomas conductuales, funcionales y cognitivos.
La primera acción terapéutica para los pacientes con enfermedad de Alzheimer (con o sin depresión) incluye:
* La activación conductual, la imposición de rutinas, el ejercicio de 30 minutos al día, la exposición solar y la musicoterapia.
* La terapia de reminiscencia, es decir, utilizar los recuerdos positivos del pasado, y la terapia de validación, que consiste en reafirmar los aspectos más valiosos de la persona, generalmente ignorados por el paciente y sus allegados.
* Higiene del sueño y manejo del dolor.
* El entrenamiento al cuidador en comunicación y manejo de expectativas.
* Las intervenciones para corregir la soledad y el edadismo (estereotipos negativos sobre la edad)
La segunda acción es la farmacológica, que es cuando a la EA se ha sumado la depresión moderada o severa. Sus síntomas incluyen, entre otros, llanto, insomnio, pérdida de peso, disminución marcada del disfrute y el placer. Las evidencias científicas han demostrado las ventajas de algunos fármacos antidepresivos que mejoran significativamente el estado de ánimo, la calidad de vida y las actividades cotidianas de los pacientes con EA. Si bien la cognición global no mejoró, los pacientes tratados requirieron menos antipsicóticos y tenían una vida más tranquila. Los fármacos antidepresivos deben reservarse para esas depresiones, ya que las formas más leves pueden mejorar solo con psicoterapia o con intervenciones psicosociales estructuradas. El tratamiento, administrado profesionalmente de antidepresivos del tipo de los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), se asocia a una menor mortalidad, una disminución de la frecuencia de hospitalizaciones por cuadros clínicos de delirium y una necesidad menor de institucionalizar a estos pacientes. Además, tienen la ventaja sobre otros antidepresivos de sus escasos efectos secundarios.
Efectos positivos documentados del tratamiento con estos antidepresivos incluyen la reducción de la apatía, la irritabilidad, el llanto, la ideación de muerte y la agitación. Se mejoran la capacidad de atención, la actividad psicomotora y la función ejecutiva.
También mejoran la funcionalidad del paciente deprimido, que no come, no duerme, no camina y no colabora en terapia. Y se reduce el riesgo de una institucionalización, al tiempo que disminuye la carga sobre el cuidador, ya que la depresión del paciente con EA es el factor que predice tempranamente el agotamiento (burnout) del cuidador.
Nota: esta columna reaparecerá el 29 de octubre de 2026.

Carlos E. Climent es médico de la Universidad del Valle y psiquiatra de la Universidad de Harvard. Durante30 años trabajó en el Departamento de Psiquiatría de la Universidad del Valle, y durante 20 se desempeñó como miembro del Panel de Expertos en Salud Mental de la Organización Mundial de la Salud.
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