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La confianza que salva vidas

Gracias a esa articulación ha sido posible movilizar con rapidez recursos, atender necesidades urgentes y coordinar esfuerzos allí donde más se necesitaban.

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María Isabel Ulloa, directora ejecutiva de ProPacífico.
María Isabel Ulloa, directora ejecutiva de ProPacífico. | Foto: Cortesía ProPacífico

12 de ago de 2026, 01:07 p. m.

Actualizado el 12 de ago de 2026, 01:07 p. m.

Hay momentos en los que la vida pone todo en perspectiva. Un terremoto dura apenas unos segundos, pero los suficientes para cambiarlo todo. De repente dejan de importar las reuniones, los correos pendientes y las discusiones de todos los días. Solo importa saber si nuestros seres queridos están bien. Y, cuando las líneas telefónicas colapsan o nadie responde al otro lado, hay una angustiosa incertidumbre. Durante varios minutos —que para muchos parecen horas— miles de personas vivimos la desesperación de no saber si nuestras familias están a salvo. Esa preocupación luego se traslada a saber si nuestros coequiperos están a salvo, porque antes de pensar en cualquier responsabilidad, lo único importante es saber que cada persona y su familia estén bien. Esto fue lo que vivimos muchos el lunes de esta semana.

Desde que una líder de Siloé me mandó un video de la ciudad con humo, más exactamente polvo, entendí que este no sería un terremoto más. Rápidamente llegaron las noticias de las afectaciones en Cali, Pereira, Quibdó, Manizales y varios otros municipios. Muchos no podían regresar a sus casas, otros lo han perdido todo, otros tienen familiares heridos y desaparecidos y, sobre todo, la noticia de las personas que ya no nos acompañan. También llegaron las historias de vecinos que abrieron las puertas de sus hogares, de voluntarios que salieron a remover escombros sin que nadie se los pidiera, de empresas que pusieron vehículos y recursos a disposición de la emergencia, de organizaciones sociales que comenzaron a coordinar ayudas desde las primeras horas y de ciudadanos que, simplemente, preguntaron qué hacía falta para ayudar.

En medio del miedo apareció algo profundamente esperanzador: otra vez la capacidad de trabajar juntos. Desde los primeros minutos después del terremoto comenzó a tejerse una respuesta colectiva en la que empresarios, líderes comunitarios, autoridades, organismos de socorro, fundaciones y ciudadanos del común nuevamente dejaron de lado sus diferencias para concentrarse en una sola prioridad: ayudar. Gracias a esa articulación ha sido posible movilizar con rapidez recursos, atender necesidades urgentes y coordinar esfuerzos allí donde más se necesitaban.

En esa respuesta, los líderes sociales de Compromiso Valle, los empresarios, las fundaciones empresariales y ProPacífico han tenido el privilegio de aportar, poniendo al servicio de la emergencia una red de confianza construida durante años entre el sector público, el sector privado, las organizaciones sociales y las comunidades. Esa confianza —que toma años construir y apenas segundos perder— ha demostrado ser tan importante como cualquier máquina, vehículo o infraestructura.

Quizás esa sea la lección más valiosa que deja esta tragedia: la verdadera resiliencia de una sociedad no depende únicamente de la capacidad de reaccionar cuando ocurre una emergencia, sino de los lazos de colaboración que ha sido capaz de construir mucho antes de que la tierra empezara a temblar.

La magnitud de esta tragedia supera la capacidad de cualquier institución actuando sola. Lo que viene exige una respuesta colectiva: Gobierno Nacional y los gobiernos locales, organismos de socorro, empresas, universidades, organizaciones sociales y ciudadanos trabajando con un mismo propósito. Cada aporte cuenta, desde una decisión de política pública hasta una mano tendida a un vecino. Hoy más que nunca necesitamos confiar los unos en los otros, coordinar esfuerzos y entender que la reconstrucción comienza mucho antes de levantar un muro.

A las familias que hoy lloran la pérdida de un ser querido o de su hogar les expresamos toda nuestra solidaridad y respeto. Que el dolor que hoy nos une también fortalezca la confianza y la esperanza para reconstruir, juntos, un país más fuerte y humano.

Abogada de la Universidad de Los Andes con maestría en Administración Pública de la Universidad de Nueva York. Fue Viceministra de Minas de Colombia. Se desempeñó como coordinadora del grupo de Regalías en el Ministerio de Hacienda y Crédito Público, Directora Ejecutiva de Propacífico

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