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Ni naturaleza humana ni madre naturaleza

¿Dónde están los movimientos que tanto hablan de derechos humanos, repudiando estas conductas que han sido reiteradas en los grupos armados?

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Eduardo José Victoria Ruiz.
Eduardo José Victoria Ruiz. | Foto: El País.

26 de sept de 2026, 09:25 p. m.

Actualizado el 26 de sept de 2026, 09:25 p. m.

Escalofriantes y conmovedoras por decir lo menos, las declaraciones de tantas niñas secuestradas y violadas por la guerrilla, para que fueran parte de su aparato bélico y del harén a disposición de los dirigentes de esos grupos, quienes buscaban satisfacer sus deseos sexuales con adolescentes e incluso niñas que apenas llegaban a la pubertad.

El fin de semana anterior el programa ‘Los informantes’ presentó el valeroso testimonio de una mujer que cuando solo tenía 11 años fue raptada, se le puso a la fuerza una ‘T’ de cobre en su útero, días después entregada a un bandolero de 50 años para que la violara y posteriormente la hicieron parte de una pasarela en ropa interior ajena para que cada jefe guerrillero escogiera su chiquilla. La entrevistada recuerda a ‘Pablo Catatumbo’ como su invasor. Lo más triste es que quien coordinaba esta pasarela, los abortos y era la proveedora de jovencitas para las hienas que manejan la guerrilla, era ‘Griselda Lobo’, pareja entonces de ‘Tirofijo’, hasta hace poco conocida como la senadora Sandra Ramírez.

Hoy, años después, esa niña de la entrevista, violada y traumatizada de por vida, ha tenido el coraje de enfrentar a sus captores e ir al Congreso donde tuvo que soportar la risa burlona de ‘Catatumbo’. Se hace inevitable preguntarse: ¿dónde están los movimientos que tanto hablan de derechos humanos, repudiando estas conductas que han sido reiteradas en los grupos armados? ¿Cómo es posible que haya fuerzas políticas que tengan a buitres así como representantes en el Congreso o como símbolos de su lucha?

Los izquierdistas dirán que los paramilitares hicieron lo mismo; mi respuesta es que es igual de repudiable y la condena jurídica y social se debe dar en todos esos casos. A castigar el pecado, no a exonerar a unos u otros por la ideología del pecador.

Silencio vergonzoso similar sucede con las quemas y con los crímenes contra el medio ambiente, entre ellos la minería ilegal. Los mamertos que ante la pasividad de las demás fuerzas políticas, se las dan de grandes defensores del medio ambiente, que se oponen al fracking, ¿dónde están ante la escalada sospechosa de miles de hectáreas devoradas por el fuego en varios departamentos del país? No parece dolerles la suerte de los nacimientos de agua, ni de los centenares de especies calcinadas, ni las aves sin nido o los cultivos de los campesinos arrasados y reforestación que requerirá de décadas.

Pareciera que el propósito de incendiar el país ante la llegada de un nuevo gobierno superará la esencia: el respeto a todas las formas de vida. Es que protestar se volvió un pasatiempo barato de politiquería. Por eso es tan fácil desde las universidades salir a romper vidrios del comercio cercano y dañar carros, pero no son capaces de bloquear la llegada de cultivadores de coca que desplazan a campesinos y mucho menos atravesarse en la vía al paso de la maquinaria amarilla que se prepara para entrar al cauce de un río para dañar el ecosistema a cambio de hacer inmensos socavones en busca de oro. Son valientes de pacotilla.

Insisto, en Colombia lo más grave es que los pecados los analizamos según la ideología del pecador. Critican la corrupción de derecha, repugnante sin duda, pero la practican idéntica o peor cuando llegan al poder. Les parece terrible el Odebrecht del gobierno Santos, pero se olvidan que esta inició en el gobierno Uribe con viceministro condenado, y peor aún , que en el gobierno Petro entre la desidia, la torpeza y la corrupción el panorama fue más lamentable.

Se olvida con frecuencia que los delitos no tienen ideologías, están debidamente tipificados en el código penal y quien los comete o los patrocina, sea de derecha o de izquierda, merece el calificativo de delincuente y debe ser tratado y castigado como tal.

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