Los hipócritas son tolerados y pueden pasar desapercibidos, especialmente cuando prima la superficialidad sobre los valores fundamentales. La dificultad para su identificación estriba en su enorme capacidad de disimulo y la gran tolerancia social. Sus características corresponden a severos trastornos de personalidad manifestados en sus conductas:

*Son estrategas astutos de la manipulación. Sus transgresiones se hacen de manera solapada, lo que las hace difíciles de identificar. En lo personal, son fríos y calculadores: “Nunca hilan sin dedal”.

*Son incapaces de un amor verdadero, pero pueden fingirlo y engañar con facilidad. Su fin último es su propio beneficio. Viven obsesionados con el poder, la fachada y el dinero y hacen lo que sea necesario con tal de lograr sus objetivos.

*Son narcisistas y egoístas en extremo; en consecuencia, son insensibles a las necesidades de los demás. La madre o el padre malo(a) proyecta su propia maldad en su hijo(a) y luego lo(a) asalta con el pretexto de “una buena acción correctiva”.

*Sacrifican a quien se les atraviese en el camino, con tal de preservar su propia imagen de perfección. No tienen ningún interés en ser buenos, sino en aparentar ser buenos. Su ‘bondad’ y amabilidad son parte del show. Que resulta siendo un teatro grotesco y mentiroso.

*Jamás aceptan estar equivocados; por lo tanto, consideran que nunca tienen la culpa de nada. Son incapaces de ver sus propias faltas, pero tienen una enorme habilidad para encontrarlas en los demás. De hecho, siempre hay alguien a quien echarle la culpa de todos los asuntos que no los satisfacen. Mienten con tranquilidad pasmosa acerca de todo y jamás se arrepienten de nada.

*Como son orgullosos y soberbios, jamás le reconocen méritos a nadie. En contraste, son extraordinariamente hábiles para descalificar a los demás.

*Están continuamente dedicados a destruir la bondad en nombre de la justicia. Scott Peck los describe de manera magistral en su libro ‘La gente de la mentira’: “El hipócrita odia la luz; la luz de la bondad los pone en evidencia; la luz del escrutinio y de la confrontación los expone; la luz de la verdad penetra su hipocresía, su mentira y los deja al desnudo”.

Frente a estos seres despreciables hay que:

Desarrollar una mayor habilidad para diagnosticarlos tempranamente y evitar en la medida de lo posible cualquier relación con ellos.

Observar cuidadosamente los detalles e inconsistencias de sus comportamientos falsos. Y ponerlos en evidencia.

Recordar que no vale la pena perder tiempo en convencerlos de su falsedad, manipulación o maldad, pues ellos nunca reconocen nada.

En contraste con todo lo anterior, las personas decentes son siempre transparentes y genuinas, tienen ideales y principios que respetan y hacen respetar. Su entrega y sacrificio son legítimos. Son capaces de amar y trabajar honestamente. Pueden equivocarse, obrar impulsivamente o cometer injusticias, resultar abusivas y excesivas en algunas circunstancias, pero jamás violan principios fundamentales. Si se equivocan, se arrepienten de sus actos y se someten al dictamen de su conciencia.