La calle Panini de Cali inicia en el semáforo ubicado a unos cuantos metros de Alkosto, en la Avenida Pasoancho, y los apartamentos de Multicentro. La fundó, él no se acuerda cuándo, Jorge Humberto Valencia, 76 años, más conocido como ‘Tachuela’.

- ¿Por qué te dicen Tachuela? – le pregunto.

- ¡Por lo grande! – dice y se ríe. Mide 1,50.

Fue el primero que llegó a este punto del sur de la ciudad a vender los álbumes Panini del Mundial de Fútbol. Antes se ubicaba en la Calle Quinta, pero tuvo un problema con “un langaruto marihuanero” y Tachuela, que tiene la sangre espesa, prefirió irse para evitarse problemas. Llegó a inmediaciones del Centro Comercial Holguines, hasta que comenzaron a construir el MÍO y le tocó levantar su puesto, “porque no me gusta que nadie me moleste”.

Entonces vio el semáforo de Alkosto, el parque que hay allí, el alto flujo vehicular, y pensó que ese era un buen lugar para vender los ‘caramelos’.

—Llegué con mi señora, Edilia Marlene Moreno, de Buenaventura. Con ella llevo casado 50 años —comenta mientras señala su anillo.

Tachuela empezó a vender ‘caramelos’ cuando tenía 15 años, es decir, que lleva seis décadas en el apasionante mundo de los álbumes. Comenzó con un puesto ubicado frente al periódico El País. Mientras lo narra, advierte que todavía tiene a la venta láminas de aquella época y saca de una caja de madera un fajo de láminas del álbum de chocolatinas Jet.

—Todavía hay gente que pregunta por estos caramelos. Yo sí que los vendía. También los álbumes de Disney y otros. El primer álbum de un Mundial de Fútbol que vendí fue el de Inglaterra 1966. Los caramelos se pegaban con ega o con engrudo de yuca.

Cada vez que había Mundial, Tachuela, hincha del Deportivo Cali, llenaba cuatro o cinco álbumes y los guardaba para venderlos años después. Entre los más perseguidos por los coleccionistas está el del Mundial de México 70, el primero de Panini, donde aparece Pelé. Desde entonces, llenar el álbum del Mundial se volvió un ritual.

Tachuela vendió todos sus álbumes antiguos por una buena suma de dinero que traduce con un guiño de ojo. En su puesto de la calle Panini aún tiene los álbumes llenos desde Italia 90, con Higuita en la portada, hasta Brasil 2014. El que quiera uno debe llegar con plata suficiente como para comprar una moto.

Tachuela abre más tarde que la otra decena de vendedores que lo acompañan en la calle Panini. A eso de las 11:00 am empieza a vender y se va en la tarde, mientras sus colegas madrugan y terminan en la noche. Lo que pasa, explica, es que su esposa tiene problemas de salud y él debe darle el desayuno, bañarla y pagarle a alguien para que le dé el almuerzo.

Mientras lo narra, Tachuela agacha la cabeza sobre su puesto. Después se seca los ojos con un pañuelo debajo de sus gafas de aumento.

—Ella también es fundadora de esta calle —dice.

Tras el éxito de Tachuela, fueron llegando más vendedores, como la familia de Óscar David Ramírez Bocanegra, de 22 años, quien con este Mundial de Estados Unidos, México y Canadá ya completa tres certámenes orbitales, ganándose la vida vendiendo álbumes. Hace cuentas.

—Cada caja de láminas cuesta $520.000 y uno, en promedio, se gana $50.000 si la vende completa. El negocio entonces son los sobres sueltos, a $5000 cada uno, y traen siete láminas. Y las difíciles: Cristiano, por ejemplo, casi no sale. Hay que comprar tres cajas para que salga un Cristiano Ronaldo. Yo vendo la lámina suelta en $50.000. También las de James, Lucho y Messi. Y los extras que sacó Panini este año: 20 jugadores especiales, estrellas, cada uno con un color distinto —normal, bronce, plata y oro—. Esas son las más caras —dice Óscar David, quien enseguida asegura que el de los álbumes es un hobby en furor en estos días previos al Mundial.

En la calle Panini siempre hay gente que llega a pie o en su carro a comprar cajas, sobres, álbumes o a cambiar láminas repetidas.

—Este es el epicentro de Panini en Cali. Todo gracias a Tachuela, el primero en abrir el camino —dice Óscar, como quien le agradece a su maestro.

Cada cuatro años vuelve el Mundial y la calle Panini reaparece en el sur de Cali. Y ahí sigue Tachuela, el hombre que convirtió un semáforo en una tradición.