Por Jhony Muñoz Sánchez, Pbro., vicario general
Hoy, IV domingo de Pascua, es llamado por la Iglesia domingo del ‘Buen Pastor’, es el mismo Jesús quien nos guía hacia él diciéndonos: “Yo soy el Buen Pastor” y en ella celebramos una nueva jornada de oración por las vocaciones sacerdotales. Ahora reflexionemos unos puntos de este evangelio.
“Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz”. La realidad de un pastor, en tiempos de Cristo, no era solo un trabajo o una función, sino un estilo de vida: no se trataba de tener una tarea fija, sino de vivir los días enteros con las ovejas, de vivir en adhesión a ellas, es así como Jesús ha venido a vivir en medio del pueblo como el buen Pastor, el Dios con nosotros y en su manera relacional y cercano, por eso afirma que existe un conocimiento mutuo, cercanía donde nos participa de su amor y que suscita en el pueblo la necesidad de escucharlo, hoy escuchamos las palabras de Jesús cuando leemos el evangelio, cuando oramos, cuando seguimos la enseñanza de la iglesia predicada y celebramos los sacramentos.
“Yo soy la puerta: quien entra por mí se salvará y podrá entrar y salir y encontrará pastos”. Estamos en Pascua y hemos tenido la experiencia de la pasión, muerte y resurrección; nos ha dado vida eterna, venciendo el pecado y la muerte a través de la entrega de su vida. El ofrecimiento de la vida de Jesús supera todo límite, pues promete la vida eterna, nos dice que las fuerzas del mal no nos vencerán si estamos unidos a él. Acudiendo a las palabras del papa León XVI en su mensaje para esta jornada 2026: “Él es el Pastor que cautiva; quien lo mira descubre que la vida es realmente hermosa y lo sigue”.
“Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. Ser Buen Pastor para Jesús no es un autonombramiento, no es vanagloria personal; llamarse el Buen Pastor es fruto de la obediencia al Padre Eterno que por amor ha querido salvar a la humanidad, es realización del plan de salvación de Dios trazado para el pueblo. Descubrir en Jesús el Buen Pastor es volver a ver su costado abierto y las manos con la marca de los clavos para terminar diciendo: “Señor mío y Dios mío”, o como dice el papa León XVI en su mensaje, se necesita para tener esa vida abundante y bella “contemplación e interioridad. Solo quien se detiene, escucha, reza y acoge su mirada puede decir con confianza: “Me fío, con Él la vida puede ser verdaderamente hermosa, quiero recorrer el camino de esa belleza”.
Es una invitación a orar por la Iglesia y por sus pastores: obispos, presbíteros y diáconos, para que sigamos las huellas trazadas por el papa León XIV, que ha dicho: “La vocación no es una meta estática, sino un proceso dinámico de maduración, favorecido por la intimidad con el Señor.