Por: Diego Fernando Guzmán Ruiz, Pbro
Estos textos que nos propone la liturgia para este décimo segundo domingo del tiempo ordinario, están llenos de una profunda verdad existencial en ellos se describe la realidad evidente del ser humano frágil y necesitado.
A nadie sorprende que una persona sienta miedo ante un peligro real. La vida es una aventura no exenta de riesgos y amenazas. El miedo nos pone en estado de alerta y nos permite reaccionar para orientar nuestra vida con mayor sentido y seguridad.
Aunque esta compleja realidad humana sea patente, no deja de ser asombrosa la misma actitud del ser humano que quiere resistir y negarse a tan delicado destino. Esta desafiante actitud forja una confrontación existencial que termina afectando la relación con Dios.
La imagen de la barca en la que navega Jesús con sus discípulos es el reflejo claro del temor humano ante la tempestuosa realidad.
“Cuando en esa barca sube Jesús, el clima inmediatamente cambia: todos se sienten unidos en la fe en él. La fe nos da la seguridad de la presencia de Jesús, siempre a nuestro lado, de su mano que nos aferra para sustraernos de los peligros”, (Francisco).
“¿No te importa que perezcamos?”, es el clamor desesperado de un ser humano que se siente abandonado y sufriente. Es también el grito del que apoderado por el miedo llega incluso a dudar de la acción salvífica divina. Por estos días nuestra región vallecaucana experimenta la tormentosa y oscura realidad de la violencia. Qué conveniente mirar con ojos de esperanza a este Jesús que invita al silencio y a la contemplación como medios que ayuden a enmudecer las violencias destructivas.
Dios no abandona ni se desentiende de aquellos a quienes crea, sino que sostiene su vida con amor fiel, vigilante y creador. No estamos a merced del azar, el caos o la fatalidad. En el interior de la realidad está Dios, conduciendo nuestro ser hacia el bien.
Que no tengamos miedo y caminemos juntos de la mano de Jesús que calma las tormentas de la existencia humana.
¡Jesús príncipe de la paz! Danos la paz. Amén.