La Fundación Valle del Lili acaba de ser reconocida como el mejor hospital de Colombia por quinto año consecutivo, según el ranking internacional World’s Best Hospitals 2026 de la revista Newsweek. Además, se consolidó en el puesto 126 a nivel mundial, ubicándose en el top 10 de las instituciones de salud con mejor desempeño global, y en el puesto 45 del ranking de Brand Finance dedicado a centros médicos académicos.
Uno de mis propósitos al escribir estas columnas es resaltar las buenas noticias del Valle del Cauca. Y lo cierto es que abundan, aunque muchas veces hacemos más eco de lo negativo que de lo positivo. Cuesta imaginar que, si este reconocimiento internacional hubiera sido otorgado a una institución de otro departamento, estaría en titulares permanentes, en conversaciones cotidianas y en el orgullo colectivo de sus habitantes. Aquí, aunque los principales medios lo destacaron, aún nos falta apropiarnos más de estos logros como símbolo de identidad regional.
Por eso, más allá de la noticia, vale la pena mirar la historia detrás de este éxito: el origen de la Fundación Valle del Lili. Para hablar de esta historia, hay que hablar de vallecaucanos. El gran impulsor fue el doctor Martín Wartenberg Villegas, médico de la Universidad del Valle que en 1969 viajó a Nueva Orleans para especializarse en medicina interna y cardiología, con la convicción absoluta de que, al terminar, regresaría a Cali para poner todos sus conocimientos al servicio de su ciudad.
A su regreso, trabajando en el Hospital Universitario del Valle, identificó la necesidad urgente de contar con una institución de alta complejidad, pues los casos críticos debían trasladarse a otras ciudades o al exterior. Tuvo la fortuna de encontrarse con los doctores Jorge Araujo, Jorge Velázquez y Pastor Olaya, personas clave en la fundación de la institución.
Igualmente, fundamental fue el doctor Vicente Borrero Restrepo, director general desde 1986 hasta 2024, médico caleño de la Universidad del Valle con especialización en salud pública de la Universidad de Harvard, quien transformó la Fundación en un centro líder en Latinoamérica. No podemos dejar de mencionar a la familia Garcés Giraldo, grandes benefactores que cedieron inicialmente su casa en el barrio Centenario para los primeros servicios médicos y donaron posteriormente los terrenos donde se construyó la clínica, tomando como modelo inicial a la Fundación Santa Fe de Bogotá.
Fundada el 25 de junio de 1982 en Cali, la Fundación Valle del Lili es una institución privada sin ánimo de lucro que, desde 2017, cuenta con reconocimiento como hospital universitario. Sus pilares son la asistencia médica, la investigación, la docencia y la solidaridad.
Las cifras al cierre de 2025 reflejan su magnitud: más de 37.000 egresos hospitalarios, más de un millón de atenciones, cerca de 650.000 consultas externas, más de 27.000 cirugías y una satisfacción del paciente del 99 %. A esto se suma una comunidad de más de 9000 colaboradores y la atención a miles de pacientes internacionales.
Hoy la Fundación está en manos de la doctora Marcela Granados, quien continuará llevándola a nuevos niveles de excelencia. Desde esta columna, y como vallecaucano, celebro la labor de todos quienes hicieron posible esta institución: médicos, personal administrativo, operativo, empresarios y benefactores que nos recuerdan una vez más que, unidos, somos capaces de construir grandes cosas.