Hace unas semanas se dio a conocer que España comenzará un ambicioso proceso de regularización para personas migrantes que se encuentran de manera ilegal (sin permiso de residencia y de trabajo) en su territorio. La noticia, como era de esperarse, generó un cúmulo de reacciones: desde la esperanza para las más de 500.000 personas que podrían beneficiarse, hasta la indignación de otros migrantes ya establecidos y de los propios españoles, quienes ven este hecho como una multiplicación de la competencia para conseguir empleo.
Este es un asunto que está ligado a Colombia. Según las estadísticas, en los últimos cinco años se ha duplicado la cantidad de migrantes colombianos residentes en España: en 2020 eran cerca de 500.000 y, al finalizar el 2025, la cifra ya superaba el millón de personas. Esto viene generando un fuerte impacto en la economía española, puesto que ya son más de 300.000 los connacionales que, por ejemplo, cotizan en la seguridad social por estar trabajando con sus documentos en regla.
Sobre el papel, las condiciones para poder empezar el proceso de regularización son bastante sencillas: la persona que desea tener un permiso de trabajo por un año debe demostrar que reside en España desde antes del 31 de diciembre del 2025 y no debe tener antecedentes penales.
A mi parecer, la situación genera una preocupación innecesaria en quienes están en desacuerdo, porque en este país europeo lo que se necesita es gente con ganas de trabajar. Llevo residiendo cerca de un año aquí y me he dado cuenta que en muchos lugares hay carteles y anuncios de empleo que se demoran semanas y hasta meses en estar ocupados, y esto se debe a dos razones: la primera es que algunos son trabajos que los españoles no quieren ocupar (en la hostelería, por ejemplo) y la segunda es que hay migrantes que desean tener esos puestos, pero no pueden hacerlo porque, como se dice coloquialmente, no tienen papeles.
Sí, es cierto que en algunos países del mundo se escuchan noticias de colombianos que nos hacen quedar mal, pero esto no se compara con la gran masa de personas que toman un avión cada día con miedo, pero con el deseo inmenso de buscar un trabajo digno y una mejor calidad de vida.
Porque no nos digamos mentiras, difícilmente encontraremos en el mundo una nacionalidad tan trabajadora, amiguera y carismática como la colombiana. Y eso acá en España se ve desde el cariño con el que un connacional cuida a una abuelita solitaria hasta el camarero de un café que siempre dice “buenos días” con una sonrisa que le alegra el día a cualquiera. Y ni hablar de la pujanza de la gente profesional que viene a trabajar o estudiar en su campo de acción.
Así que, lejos de miedos insulsos o envidias tontas, esta ley representaría un abanico de posibilidades para todas esas personas que migraron con valentía y que tienen todo el derecho del mundo a cumplir sus sueños.