En política, ciertas geografías terminan decidiendo elecciones enteras. Uno de los casos más famosos en Estados Unidos es Luzerne County, en Pensilvania. Los analistas siempre se fijan en este condado de apenas 325.000 habitantes, aproximadamente el 0,1 % de la población estadounidense, porque desde 1932 ha votado, sin excepciones, por el mismo candidato que ganó Pensilvania, un estado bisagra que a su vez suele decidir la Presidencia. Un condado de clase trabajadora, con presencia industrial histórica, convertido en oráculo para anticipar quién dirigirá los destinos del país más poderoso del mundo.

En la República Dominicana, son las mesas del sur profundo, la región más pobre del país, las que suelen correlacionarse con el ganador nacional. Y existe un fenómeno paralelo: en localidades históricamente fieles a un partido, lo decisivo no es quién gana, sino con qué margen lo hace.

En estas elecciones colombianas, todo apunta a que el Valle del Cauca jugará ese papel. Cada uno de los tres principales punteros tiene un vínculo relevante con la región. Iván Cepeda, del Pacto Histórico, tiene en Cali, sede del Monumento a la Resistencia, un bastión de su base política, en una ciudad que, tras la pérdida de fuerza de los partidos tradicionales, se ha volcado a una votación predominantemente de izquierda.

Abelardo de la Espriella escogió a Cali para inscribir su candidatura, y como en política toda decisión es estratégica, podemos leerla como una apuesta para restarle votos al Pacto Histórico en su propio terreno. Y uno de los axiomas matemáticos de toda elección es que un voto restado al contrincante vale por dos.

Paloma Valencia, caucana y con larga tradición política familiar en Popayán, suma arraigo y reconocimiento en toda la región. En un país donde tradicionalmente son las costas las que inclinan la balanza, esta vez, con un costeño en la papeleta y estructuras activas en esos territorios, el Valle podría emerger como un mercado electoral inusualmente determinante.

Por estas razones, y consecuentes con nuestra línea de proveer contenido diferenciado de alto valor para nuestra región, en El País decidimos hacer algo que no hacíamos desde hace muchos años: una encuesta presidencial enfocada exclusivamente en los electores del Valle. Aprovechamos también para medir otros temas endémicos de la región, como la percepción sobre los políticos locales, el empresariado, y Compromiso Valle. Nos aliamos con Atlas Intel, segunda encuestadora más acertada en las recientes elecciones del Congreso, que tuvo la disposición de hacer esta medición departamental con nosotros.

Los resultados están sobre la mesa, y los compartimos primero con nuestros suscriptores y lectores. Hay tres lecturas que sugiero no dejar pasar: la distancia real entre los candidatos en el Valle, los escenarios de segunda vuelta, y una mirada a la aceptación de los políticos locales como una especie de punta de lo que viene de cara a las elecciones departamentales del año próximo.

El análisis fino se lo dejo a usted. Conviértase en su propio analista: revise los números, contrástelos con lo que ve en sus comunidades, en su trabajo, en las conversaciones de café, y saque sus conclusiones. Esa es la materia prima del voto consciente, y la mejor defensa frente a quienes pretendan decirle desde afuera lo que el Valle quiere.

El Valle decide, y nosotros estaremos aquí para contarlo.