Hay una fecha inscrita ya en un lugar especial de la historia reciente de Colombia, que nada ni nadie podrá desconocer. Ese día se corresponde con un 9 de marzo de 1990, cuando Carlos Pizarro Leongómez, por entonces máximo comandante del M19, dio la última orden a sus tropas: “¡Combatientes, dejad las armas¡”.
El hecho y la foto que se le corresponden son memorables. Carlos Pizarro, desde un campamento en lo alto de las montañas del norte del Cauca, ataviado con un sombrero blanco y vestido de civil (no de camuflado militar), deja su arma envuelta en la bandera de Colombia y da un paso hacia la paz, hecho antes impensado en la larga, trágica y dolorosa trayectoria del conflicto armado colombiano.
Fue el primer movimiento armado en Colombia y de todo el continente que se atrevió a dar ese paso decisivo que luego siguieron, muy afortunadamente, otras guerrillas en Centro y Suramérica, y aquí mismo en Colombia.
La idea de que hacer la paz requiere de tanto valor, o incluso más que para hacer la guerra, sigue siendo absolutamente cierta. Y son ese tipo de actos valientes y definitivos los que justamente deben ser recordados y enaltecidos.
Ninguna de las imágenes que hoy una absurda decisión gubernamental quiere proscribir son apología de la guerra, sino todo lo contrario, son aquellas que enaltecen la decisión de hacer la paz y hacer tránsito hacia la vida política legal, en democracia y sin armas.
Carlos Pizarro y el movimiento político que surgió luego de pactar la paz pagaron el costo altísimo de que su líder fuese asesinado, con todo y lo cual esa antigua guerrilla se mantuvo firme en su vocación de paz, abriendo paso a un hecho social y político de tanta trascendencia con la promulgación de la Constitución de 1991.
En el Museo Nacional se ha dado cabida a una exposición, entre muchas otras, a una que da cuenta de una dolorosa realidad, la de Carlos Pizarro como candidato presidencial junto a Luis Carlos Galán y otros dirigentes de izquierda, en especial de la Unión Patriótica (UP) que fueron asesinados en sus intentos democráticos por llegar al poder a través de las urnas.
Retirar esas imágenes y otras que retratan nuestra realidad son una provocación innecesaria e inaceptable. En el caso de Carlos Pizarro, no hacen apología de la guerra, sino de la más valiente de las decisiones, ¡la de hacer la paz!