Cristo, el Señor, ha resucitado. Es la noticia más importante de toda la historia humana, puesto que, Dios nos creó para Él, para amarlo y reverenciarlo; Dios puso como corona de la creación al ser humano, creado a su imagen y semejanza, para que, sirviéndose de este maravilloso mundo, lo busque y lo encuentre y, encontrándolo, lo alabe con una vida de santidad y justicia. El pecado desfiguró, maliciosamente, toda la obra admirable de Dios y Él, el Creador, encontró el remedio a nuestra muerte allí donde triunfó la maldad… por eso, al venir a nuestra “raza humana”, el Hijo Eterno, Cristo, nacido de María la Virgen, se compadeció para elevarnos a la dignidad de hijos suyos, haciendo que estemos “lanzados” a la vida de santidad. ¡Qué gozo saber que tenemos un Dios que nos ama, nos salva, nos “agracia” con sus dones y frutos, nos bendice y nos llama a ser familia y a vivir fraternalmente unidos!
El Evangelio de este día de Pascua hace énfasis en la palabra sepulcro, pero, “sepulcro vacío”, para indicar que allí donde se corrompe un cuerpo, no está el Señor, pues, después de resucitar, transforma la vida totalmente y nos libera de la terrible corrupción del pecado, de la maldad, del odio, del resentimiento, de la ingratitud, de la trampa, del vicio… de todo lo que nos es de Dios.
La alegría de este día se prolongue siempre y permanezca en nuestros pensamientos y comportamientos. Colombia nos necesita, a los bautizados, para ser diferentes y sensatos, honestos y prudentes, artífices de paz y protagonistas de La Paz serena para todos.