Omer Kringel hace parte de los músicos jóvenes, extranjeros, que anualmente pugnan por llegar a Cali a participar como espectadores en el Festival Petronio Álvarez. Desde Israel ha venido a Cali enamorado de la música del Pacífico. Visitó Timbiquí y llevó una marimba hasta el Oriente Medio.

Este es su testimonio:

“Quiero decir que hasta mis 17 años no sabía mucho del folclor del mundo y en Israel las músicas que me capturaban entonces la emoción y el entendimiento eran el jazz, el bossa nova, la samba, el calipso, el flamenco.

A esa edad conocí a quien es hoy la compañera de mi vida, de nacionalidad argentina, y en su casa pude estar cerca del riquísimo folclor de este país. Me llegaron todos los ecos del tango, y de su música popular.

A mis veinte años, me obsesionó la salsa; me hice miembro de un grupo local, en el momento en que debí reemplazar a un músico, y en esa vía llegué a la música cubana, en la que empecé a ahondar.

Gracias a mi profesor Alon Yavnai, conocí rumba cubana, contradanzas, tango, folclor peruano y algo más. Fue cuando un grupo de amigos me llamó para conformar un grupo de música colombiana, de la cual solo conocía salsa y cumbia. En la búsqueda de repertorio un amigo regresó de Colombia con música, y me dejó en las manos un ritmo que desconocía. De repente sentí que mi cuerpo empezó a moverse de una manera nueva, con unos acordes que me penetraban el corazón; era el percutir de la marimba, que me llegaba único, como un canto de Dios.

Recuerdo ahora que esta emoción me golpeó fuerte; no podía dejar de bailar solo, y empecé a preguntar “¿qué es, de dónde vino esta música?; quería escuchar más y más, y la respuesta llegó pronto: “¡Currulao, folclor del Pacífico colombiano!” Fue cuando supe, desde el primer momento, que tengo una conexión cósmica con esta música, como una especie de imán.

Conformamos una banda, ‘Los Omers’, muy exitosa, con un cantante y trombonista colombiano, además de seis israelitas.

Además de salsa y cumbia, algo de vallenato y bullerengue, incluimos cuatro piezas del Pacífico Sur, entre ellas La Caderona, con los arreglos del Grupo Bahía.

Esta experiencia musical me hizo descubrir que en Israel existe una gran comunidad colombiana, un montón de caleños que acuden a nuestros conciertos, junto a la comunidad latina en general, residente aquí y muchos israelíes que gustan de esta música.

Seguí explorando, escuchando y tocando, pasando al piano la armonía de la marimba, de este hermoso folclor, pero no tenía duda que debía sentirlo en algún momento, de primera mano.

Fue así como en 2013 fui con mi esposa a Colombia. Desembarcamos en el Festival de San Pacho en Quibdó, en medio de una felicidad colectiva, de una locura contagiosa, de una cultura nueva para nosotros, con la simpatía de una gente muy especial. Nos quedamos en casa de una amiga, y luego fuimos a Medellín, Cali y el litoral del Pacífico.

En Colombia, en general, pero sobre todo en Cali, hay un punto de conexión muy fuerte de la gente con la música; es una comunidad multiétnica, muy especial.

En un festival en Cali, encontramos por casualidad a un músico que se convirtió más tarde en un buen amigo: Juan Epifanio. Me contó que tocaba con el Grupo Bahía, y le referí que tenía una banda en Israel donde interpretábamos La Caderona con un arreglo de su grupo. Esa fue la única canción que él grabó con Bahía, como cantante. Qué casualidad.

Intercambiamos números telefónicos y llamó a un amigo en Guapi, a donde queríamos viajar. Después de unos días fuimos a Buenaventura y de ahí tomamos una lancha a Guapi. Una ruta impresionante y otra dimensión que nos mostró la singularidad del Pacífico. Tuvimos la suerte de encontrar ahí al Maestro Gualajo, quien había llegado para grabar un documental en su casa cerca del río.

Era claro que de esta, la tierra donde hacen el piano de la selva, la marimba, debía llevar una conmigo, además de bombo y guasá, instrumentos construidos por el maestro Ever Riascos, padre de una histórica familia de músicos.

Fue una experiencia formativa y sencilla traer estos instrumentos en lancha, en carro, avión, y llegar finalmente a Israel sin contratiempos. En una oficina de correos en Cali, mirábamos la mejor manera de enviarlos. Junto a nosotros, en la fila, estaba un señor con apariencia de poeta, y no recuerdo ahora cómo empezamos a crear un diálogo. Le contábamos que estábamos ahí para enviar una marimba y varios instrumentos a Israel. Supimos que era un investigador de música, autor de varios libros. Nos refirió cómo había llevado hasta Nueva York una marimba, en compañía de su esposa, la etnomusicóloga canadiense Lise Waxer. Era Medardo Arias; desde ese momento estamos en contacto.

Desde que salí de Colombia, sabía que Juan Epifanio iba a hacer parte de mi próximo proyecto musical. Al proyecto lo bautizamos ‘Okan’, palabra que traduce ‘Corazón’ en lengua Yoruba. Ya grabamos parte en Colombia. De esta producción hacen parte 60 artistas de Cuba, Israel, Colombia, Perú, Estados Unidos, España y Angola. Lo que fue inicialmente un sueño, cambió cuando Juan Epifanio entró al estudio para tocar y cantar un tema con mucha influencia del folclor Pacífico que siembra un corazón en mi cultura israelita”.