Valle del Pacífico es el nombre que debería tener nuestro Valle, regado por el generoso río Cauca, pero cuyo vertiginoso desarrollo se debe a su ubicación en la cuenca del Pacífico. Su íntima relación vino a recordarla la naturaleza, con el terremoto de San José del Palmar en el Chocó, a pocos kilómetros de Cartago, centinela norteña del departamento.
Cartago fue por muchos años la bisagra entre el Valle y Chocó, cuando la minería era la principal fuente de riqueza del llamado Cauca grande. Después vino el espectacular desarrollo alrededor de la industria de la caña de azúcar, cuyo primer molino lo trajo por Buenaventura el precursor Santiago Eder, para Manuelita.
Al abrirse el Canal de Panamá en el año de 1914, los empresarios vallunos consiguieron, en una epopeya heroica, salir al mar al año siguiente; así lograron que los productos se importaran y exportaran por el puerto, en lugar de hacerlo por el río Magdalena atravesando la Cordillera Central. Allí nació la simbiosis exitosa del eje Cali-Buenaventura como detonante de progreso, al cual posteriormente se integró el país.
Este es el mejor ejemplo de cómo se escaló la competitividad de Colombia al convertir una ventaja comparativa, la de estar al lado del mar, en una ventaja competitiva al conectarlo a través de distintas modalidades (aérea, férrea y carretera) y dotarlo de puertos y zonas logísticas.
Esta realidad histórica no ha contado con la firme determinación de convertir la región pacífica en columna del desarrollo colombiano y aprovechar la envidiable posición geopolítica de acceso a los dos océanos.
Por el contrario, nuestro Pacífico es sinónimo de atraso, pobreza y corrupción, donde gravita el narcotráfico. El terremoto debe convertirse en el símbolo efectivo de la resiliencia colombiana para, de una vez por todas, aprovechar las inmensas oportunidades que brinda la cuenca del Pacífico y convertirla en una región de pleno empleo y bienestar.
Se requiere una agenda de alto compromiso y largo aliento que supere los ciclos políticos, donde será fundamental el liderazgo de las regiones y de Planeación Nacional, con el sector privado: la red Pro (Proantioquia, Propacífico), los Comités Gremiales, las Cámaras de Comercio y los empresarios.
Esta agenda o Plan Pacífico debe contener: 1) La reconstrucción de capacidades para que todos los procesos logísticos, turísticos y de servicios brinden empleo a personas formadas en la zona. 2) La profundización y mantenimiento de los canales de acceso a los puertos. 3) Consolidar las autopistas Tumaco-Pasto, Buga-Buenaventura y Cali-Mulaló-Buenaventura. 4) Convertir los aeropuertos de Quibdó, Tumaco y Buenaventura para que sean de clase mundial. 5) Mejorar los puertos de cabotaje y turísticos de la región, incluyendo Guapi. 6) Desarrollar hoteles ecoturísticos en la zona. Todo esto revestido de la presencia del Estado con seguridad, saneamiento básico y normas que hagan simple la inversión y el comercio.
En conclusión, se sabe lo que se requiere para desarrollar y hacer sostenible la región pacífica. Se necesita decisión y entenderla como una oportunidad, como lo han hecho 260 multinacionales que tienen presencia en el Valle… del Pacífico.