Colombia eligió a Abelardo De la Espriella como presidente y a José Manuel Restrepo como vicepresidente. Desde el sector empresarial vallecaucano corresponde felicitarlos con genuina esperanza, confianza plena y disposición de trabajo conjunto. El Valle del Cauca quiere ser aliado estratégico del nuevo Gobierno Nacional en la construcción de una etapa marcada por seguridad, inversión, crecimiento y presencia efectiva del Estado.
La región hizo su tarea: construyó y presentó el documento Valle del Cauca: Prioridades Regionales 2026–2030, una hoja de ruta técnica, plural y de largo plazo. La campaña del hoy presidente electo respondió con el programa El Milagro del Valle del Cauca, recogiendo buena parte de esas prioridades y registrando una coincidencia cercana al 80 %, con niveles superiores al 90 % en equidad territorial en la inversión, infraestructura y seguridad.
Ahora el reto es que esa convergencia deje de ser programática y se convierta en realidad de gobierno: primero, en el plan de los primeros 100 días, con decisiones tempranas y señales claras de ejecución; y luego, en el Plan Nacional de Desarrollo, para asegurar recursos, responsabilidades institucionales y continuidad durante el cuatrienio.
El Valle del Cauca es un territorio abonado para que inicie esa “Patria Milagro” propuesta al país. Aquí existe una población diversa, trabajadora y pujante. Tenemos proyectos maduros, consensos regionales, capacidad institucional, claridad técnica y una oportunidad histórica para superar rezagos de inversión nacional. Esta región ha crecido y se ha sostenido, en buena medida, gracias a sus propias capacidades públicas y privadas, expresadas en su industria, agroindustria, logística, comercio exterior, energía, talento humano y cientos de miles de empresas que todos los días generan empleo y desarrollo. ¿Qué sería del Valle con mayor seguridad, inversión y articulación entre la Nación y la región? La respuesta corta es sencilla: podría impulsar con fortaleza el bienestar de la gente y potenciar la economía de todo el suroccidente colombiano.
Esa oportunidad comienza por la seguridad. En 2025, la tasa de homicidio del Valle del Cauca (50,4 por cada 100.000 habitantes), así como las de Cali (46,6) y Buenaventura (39,2), superaron de manera significativa el promedio nacional (25,9). A ello se suma la expansión de estructuras ilegales en el territorio, con un crecimiento superior al 33 % en la presencia de grupos criminales en corredores estratégicos del Pacífico, el norte del Valle y las conexiones con el Chocó. Preocupan, además, las informaciones recientes sobre el avance del Clan del Golfo y de otras estructuras criminales en zonas sensibles del suroccidente.
Frente a este panorama, la respuesta debe ser decidida, coordinada y con visión de Estado. Se requiere presencia institucional, inteligencia, justicia, Fuerza Pública, inversión social focalizada y protección de los corredores estratégicos. Deseamos el mayor acierto a las comisiones de empalme del Gobierno entrante en esta tarea de enorme responsabilidad. Les corresponderá leer con rigor crítico el estado real del territorio, identificar prioridades y recomendar al nuevo gobierno decisiones tempranas y estratégicas. Desde el Valle del Cauca estamos listos para concretar la alianza estratégica planteada por el nuevo mandatario para la región, con espíritu constructivo, información técnica y compromiso institucional. Que el empalme sea el primer paso para convertir la confianza en resultados.