Cumplió su primer centenario, una de las maratones más famosas. Sus quince kilómetros, menos de la mitad de los que tienen las carreras oficiales, se recorrieron al filo del 31 de diciembre en San Pablo, Brasil, y varios otros lugares en el mundo. Aquí, la paulista era transmitida por radio, en directo, como un gran acontecimiento el último día del año.

La San Silvestre congregaba una vasta audiencia desde que en 1966 Álvaro Mejía la ganó para Colombia por primera vez. Víctor Mora, de quien Lucas Caballero Calderón, KLIM, decía que era el único colombiano serio que conocía, obtuvo victorias en 1972, 73, 75 y 81. Domingo Tibaduiza, en el 77. Silvio Salazar fue segundo de Mora en el 81. Era un hito en los sucesos importantes del año, como un eclipse o la Vuelta a Colombia. Significaba dedicación, velocidad, resistencia y capacidad para destacarse en medio de las fiestas. Inolvidable.

La San Silvestre de 2025 también será inolvidable para la economía del país. Tras el 31 de diciembre, empezó un nuevo año lleno de dificultades e incertidumbres. Perdimos, en la última semana, la calificación de país con grado de inversión de Fitch Ratings. Habíamos perdido la de Standard and Poo’rs, en 2021, por el desbordamiento de deuda y gasto.

En junio pasado, por el desbarajuste fiscal y la disipación del gasto del Gobierno, quedamos colgando de una hebra en la de Moody’s, la que queda. Se deterioró gravemente el historial colombiano de buen deudor centenario con una operación de ilusionistas del Ministerio de Hacienda, Dirección de Crédito Público, por VEINTICUATRO BILLONES DE PESOS en bonos externos denominados en dólares devaluados, para un solo comprador, sin puja y en la época en que los mercados ya están en descanso.

No se conoce el afortunado que logró colocar sus divisas al 14 % anual, solo al comisionista: Pimco Offshore Funds, localizado nada menos que en las Islas Caimán y cuyo mordisco debe ser parecido al del animalito, pues se especializa en operaciones de alto riesgo, especulativas, categoría donde finalmente caímos con esta emisión. Los candidatos a comprador misterioso son inversionistas de Abu-Dhabi, el Gobierno de China o incluso algún consorcio, legal o ilegal, relacionado con las mesas de la Paz Total. Cualquiera que sea, se han cumplido varias condiciones catastróficas: perder la confianza de los prestamistas institucionales, aumentar sideralmente el costo del crédito y aceptar que la economía está en serios aprietos, sin plata para pagar la nómina y servir la deuda. El Gobierno insensato toma plata a esos costos, con procedimientos de país quebrado y poco serio.

También participó en la Maratón de San Silvestre, la declaratoria de la Emergencia Económica para aumentar los impuestos sin pasar por el Congreso, así no haya hechos sobrevinientes, inesperados, que la justifiquen. Hay, claro, actos conocidos de irresponsabilidad muy graves, pero no son fortuitos sino provocados. No justifican el autoritario camino de gobernar por deseo presidencial, sobre todo ante el propio falso reconocimiento, mediante alocución de Navidad, de que la economía ‘va volando’. Claro que sí, pero en pedazos: o va bien y no se necesita la emergencia, o va mal por irresponsabilidad y tampoco es el camino legal. En buena hora, el Senado resolvió defenderse de la usurpación de sus funciones constitucionales como rama autónoma del poder público, ejerciendo control político sobre la declaratoria; también la estudiará obligatoriamente la Corte Constitucional. Las emergencias económicas de este Gobierno han sido para resolver los problemas de sequía en La Guajira, con dos ministros presos por cuenta de los carrotanques; para combatir la fiebre amarilla, que sigue golpeando amplias zonas; y para resolver los problemas de seguridad del Catatumbo, más graves y con más desplazados que hace tres años. La de San Silvestre no será excepción: autoritaria e inane, con aires inconstitucionales y de venganza.