Uno de los asuntos que más me han llevado a ser crítico del gobierno Petro es su respuesta beligerante frente a la libertad de prensa en el país. Pocos valores son tan esenciales para una democracia y requieren de un compromiso más irrestricto de un gobernante que la libertad para el ejercicio del periodismo y la comunicación.

Pero el Presidente de Colombia ha preferido ir por un camino de confrontación que no favorecerá su legado. No hay discurso de Petro que no ataque a los periodistas y los medios, y desde su retórica simplista los ha señalado de ser culpables de muchos problemas del país. El periodismo, mientras tanto, cumple su tarea esencial: ser contrapoder y no una caja de resonancia, ni un comité de aplausos. Hay a quienes esto no les gusta, y resulta especialmente contradictorio, pues se trata del sector político que como oposición celebró las investigaciones periodísticas que revelaban escándalos de administraciones anteriores.

Lo cierto es que esta narrativa contra el periodismo se traduce en verdaderos riesgos para el ejercicio de esta profesión. El hostigamiento desatado por el Presidente contra la prensa en las calles y en las redes sociales es preocupante y no es propio de los demócratas. Petro conoce perfectamente el alcance y el efecto de sus palabras y sus señalamientos, y en ningún momento eso lo ha llevado a moderarse. Todo lo contrario: cada día sus ataques son más radicales. Del engañoso “esto no te lo cuentan los medios” a señalamientos tan graves e injuriosos como “prensa Mossad”, el manejo de la prensa desde el petrismo ha sido todo menos liberal.

Lo cierto es que si no fuera por la prensa libre, el país no conocería muchos de los escándalos más graves del presidente Petro y su administración, como los de la Ungrd, la financiación de la campaña de 2022 y la inmensa inestabilidad de su equipo de trabajo. La prensa hace su trabajo y una de las peores señales del populismo es su declaración de la prensa libre como enemiga de un proyecto del “pueblo”.

Todos los gobernantes colombianos (y del mundo entero) han tenido que soportar críticas desde la prensa, y eso es lo que hace precisamente que la prensa sea libre e independiente. Pero no todos los gobernantes han decidido enfrentar con ataques tan bajos y falsos a la prensa como lo hace Petro. Los presidentes pueden y deben responder a las críticas y a las investigaciones que el periodismo hace con todo el derecho. Pero cuando la respuesta se construye sobre generalizaciones y llamados enfurecidos a atacar a la prensa, y construir un ideal del periodismo como enemigo de “el pueblo”, todo se aleja de los valores democráticos.

Esta decisión que el residente ha reivindicado durante todo su mandato lo aleja de cualquier ideal progresista y definirá su lugar en la historia como un mandatario que no supo entender el lugar de un gobernante como promotor y defensor de los valores democráticos.

Posdata 1: no sé si me excedo en el escepticismo, pero la escena de los congresistas que seis meses antes de terminar sus periodos (y en plena época electoral) deciden reducir sus salarios me parece un absoluto espectáculo de populismo. Después de disfrutar sus sueldos completos por tres años y medio, ahora, en plena temporada de campaña, aprovechan para tomarse la foto y buscar aplausos.

Posdata 2: A mí no me sorprende que funcionarios de Petro reconozcan que admiran el desastre de Chávez y Maduro. El país siempre ha sabido de la afinidad de Petro con Maduro, de su ambigüedad para condenar su permanencia en el poder, del oscuro plan para comprarle gas y de su incapacidad a la hora de rechazar el fraude electoral. Los votantes colombianos sabían de la aterradora cercanía de Petro con el chavismo y luego, tras seis meses de supuesta moderación en la campaña de 2022, prefirieron subestimar la gravedad del asunto.