Los analistas de la historia saben que los acontecimientos no se desarrollan linealmente, y en muchas ocasiones los cambios sociales vienen revueltos con actividades violentas. Un breve repaso a lo que está sucediendo en Europa es ilustrativo.
La ebullición arrancó en España. La grave escasez de vivienda en los centros urbanos coincide con el progresivo despoblamiento de la zona rural. Los antiguos habitantes del campo marchan a las ciudades donde se ofrecen empleo y estudio en abundancia, pero no vivienda.
Otro ingrediente poderoso en la actual crisis es el arrendamiento por rentas cortas, aupado por millares de turistas que encuentran en España sol, clima benigno, excelente gastronomía y fiesta por doquier. La otra cara de la moneda consiste en que la demanda desbordada ha hecho elevar los precios de la vivienda urbana que el español joven y el empresario promedio no pueden pagar.
De manera paralela, la elevación de los precios de la finca raíz ha despertado el ávido interés de los llamados “fondos buitre”, conglomerados de inversionistas españoles y extranjeros que encuentran en la finca raíz un excelente retorno a sus inversiones.
Mucha oferta y demanda, pero poco corazón. La bomba explotó cuando Maricarmen Abascal, de 87 años, fue desalojada de la vivienda en el centro de Madrid, que tuvo alquilada durante 70 años. El desalojo no fue soportado por la anciana, quien falleció hace pocos días.
El caso de Maricarmen puso de presente la enorme falta de vivienda urbana en España y otros países de Europa. Centenares de jóvenes decidieron acampar en el centro de las ciudades, demandando soluciones concretas.
Francia, por su parte, tuvo también dolorosas demostraciones de protesta, porque en ese país no solamente faltan la vivienda, el empleo y la educación de calidad, sino que sobra la inmigración. Todo esto mezclado con unas finanzas públicas muy comprometidas y sumergidas en números rojos.
Siempre se ha dicho que “París ama la calle”, para indicar la propensión a las revueltas multitudinarias. Para demostrar que los saqueadores viven en la época digital, la mayoría de los artículos de lujo robados en los almacenes fueron rápidamente puestos a la venta en páginas especializadas. Por allí se orientó la hábil policía francesa para comenzar las detenciones en masa.
Las protestas también se han extendido a Italia y Albania. La mano dura de Giorgia Meloni no es del agrado de la generación que protesta. En Albania, quienes protestan han llegado más allá: quieren derrocar un gobierno que no ha sido capaz de hacerse admitir en la Unión Europea.
Se sabe, pues, que la lucha constante entre el deseo de cambio y las instituciones puede convertirse en auténtica batalla campal, tal como el mundo occidental está presenciando en esta época de intensa ebullición.
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Posdata: De nuevo y con todo respeto, le sugerimos al presidente Abelardo de la Espriella recobrar la serenidad. Muy complicada es la posición que desempeña para agregarle de su cosecha espectacularidades fuera de tono.
Alguien debe decirle a de la Espriella que las demoliciones de inmuebles no se inauguran con bombos y platillos, tal como acaba de suceder en Pereira y en Cali. Hubo familias enteras que perecieron y patrimonios que se esfumaron en un instante. Y menos invocando a cada paso a Cristo Rey.