En los últimos diez años, luego de la firma de los acuerdos de La Habana, la situación de violencia es muy superior a la de esas calendas y los indicadores de alteración al orden público, la delincuencia, las hectáreas de coca sembradas, la tensión, la inseguridad, los ataques a la población civil y las violaciones a los DD. HH. y el DIH, hablan por sí solos.

Nuestro amado Valle del Cauca y el Cauca, por su ubicación geopolítica estratégica, son uno de los blancos más atacados. Esa ‘estrategia’ de diezmar a la Fuerza Pública soberana y constitucional y fortalecer y privilegiar a los bandidos bajo el sofisma del diálogo indeclinable, hoy nos tiene como estamos. Esto no es nuevo, ni es responsabilidad exclusiva de una u otra administración, pero no podemos desconocer que, desde los Acuerdos del Colón hacia acá, la cosa se ha tornado insostenible. Y la puntada final de la estrategia, sin duda, ha sido la paz total.

Ahora bien, si a estos les sumamos la otra parte de la estrategia, -a mi juicio la más rastrera-, que consiste en inventarse atentados contra la vida de Cepeda y endilgarle la responsabilidad de la desgracia nacional a Uribe y a Duque, de manera cínica e irresponsable, pues el resultado es lo que vivimos hoy: una sociedad sin valores, un caos institucional y, sin duda, un Estado de Cosas Inconstitucional, que ya he venido advirtiendo públicamente. Esta herramienta de carácter constitucional podría ser nuestra tabla de salvación en este maremágnum. Es una figura de origen jurisprudencial que la Corte Constitucional ha concebido mediante sus representantes, para declarar la violación masiva, sistemática y estructural de los derechos fundamentales, a la vez que detecta las fallas que, por acción u omisión de una administración (sin distingo ideológico), pongan en riesgo la estabilidad del orden jurídico constitucional, atentando contra el Estado de derecho mismo, adoptando las medidas correctivas y coordinadas para superar dicha situación. ¿Les suena cercano? Es evidente que esta es la situación actual de Colombia: la del Estado de cosas inconstitucional. No querer verlo y evadirlo es necio.

Los facinerosos tienen la fuerza, los recursos, el control territorial, la inteligencia infiltrada, la tecnología y los drones, ¿y nosotros? ¿Será que, a punta de bolillo y amor por la bandera, poniendo el pecho adolescente de unos muchachos que son carne de cañón, inermes ante el poder criminal organizado y fortalecido por el establecimiento, vamos a lograr algo distinto a lo que vivimos hoy?

31 atentados a corte del lunes 27 de abril de 2026, en torno a unos diálogos demenciales y de falta de autoridad. Desmantelaron los sistemas de inteligencia y acción militar y, mientras tanto, Petro celebraba en gran festín su cumpleaños, en homenaje también al M-19, grupo narcoterrorista del cual fue fundador a sus quince años, como lo manifestó orgullosamente en su cuenta de X; en el entretanto, el suroccidente del país ardió en llamas y se bañó en sangre inocente.

Apoyar y promover el caos, la criminalidad y la anarquía es la antítesis por antonomasia de un Estado de derecho y de un ordenamiento jurídico constitucional y, por qué no, un pecado capital. Y el orden jurídico y democrático, -y no otra cosa-, amigo lector, es lo que debe prevalecer en nuestro país. Esto no admite ambigüedades ni interpretaciones, son mandatos inequívocos de rango superior, no hay nada que tergiversar y acá nos están estrangulando el orden jurídico todo.

En la transmisión de la intervención de Petro del lunes pasado en la noche, que debo ver para poder opinar, el ejemplo claro de la evasión y traslado de responsabilidad, sobre sus dos puntos a tratar, como sofisma para no enfrentar la crisis actual que es innegable, fue de bulto. Como es habitual, el presidente se ensañó contra Uribe y Duque mientras exaltaba sus maravillosas cifras. Cifras ininteligibles, que únicamente encuentran asidero en sus delirantes diatribas y alucinaciones, pues como es sabido, él está en lo correcto y en lo cierto y los demás vivimos en un mundo de ficción. Lo más peligroso es que, por su condición, él mismo se lo cree. El camino es corto y concreto y lo voy a reducir a una ecuación: ego desbordado + poder + falta de humildad + soberbia + dogmas = autoritarismo / absolutismo.

Masacre tras escándalo seguido por ausencia de autoridad, incendios, amenazas, mentiras, evasivas, falta de garantías, indiferencia, desolación, miedo, zozobra, violaciones de DD. HH. y promoción de los antivalores, no es lo que merecemos ni buscamos como fin social supremo y axiológico.

Más de 30 atentados y más de una veintena de muertos y heridos y contando es la cifra más reciente. Esto es terrorismo puro y duro.

Hagamos las cuentas y echemos números. ¿Triunfó Santos o la paz total o ambas? Duele la patria. Mi oración, plegaria y solidaridad con las víctimas y sus atribuladas familias.

Abrazo cálido. Seguimos trabajando. Falta poco.

@muiscabogado