Las comunidades indígenas son parte integral de nuestra diversidad étnica y cultural, de nuestra historia y construcción nacional, de nuestro presente y futuro como país. La Constitución y las leyes protegen derechos relativos a territorios de pueblos indígenas, sus lenguas, participación política, y sistemas de justicia y administración. En 268 municipios y 28 departamentos se han reconocido 860 resguardos que representan el 30 % del territorio nacional. Sin embargo, como muchos colombianos, estas comunidades también han padecido desplazamiento forzado, violencia contra mujeres y niñas, reclutamiento de niños, sustracción de tierras, pobreza y discriminación. Su inclusión como partícipes y beneficiarias del desarrollo es determinante en el marco de los espacios pacíficos propios de la democracia. Se trata del 4,4 % de los colombianos que en el censo de 2018 dijo pertenecer a alguno de los 115 pueblos indígenas nativos.

A la vez, es esencial explorar nuevas formas de ratificar el valor de las culturas indígenas que integran nuestra identidad como Nación diversa. Más aún en el mundo globalizado actual donde sociedades y culturas aborígenes son menos visibles y corren el riesgo de perderse en medio de influencias externas.

En este contexto, cobra especial significado la espléndida exposición ‘Hijas del Agua’ del fotógrafo Ruven Afanador y la artista plástica Ana González, exhibida ya en Bogotá, que el Museo La Tertulia traerá como regalo de Navidad a Cali. Durante varios años estos artistas recorrieron Colombia desde la Guajira hasta el Amazonas visitando comunidades indígenas. Itinerario que les permitió capturar y plasmar fantásticas imágenes que reflejan las costumbres, oficios, destrezas, rutinas, sentimientos, emociones y aflicciones de los moradores de estas sociedades transformadas a lo largo de generaciones.

De manera central, este trabajo artístico enfatiza el valor vital del agua y de la mujer indígena, como fuentes originales de la Humanidad según distintas cosmogonías ancestrales. Su mensaje nos recuerda que en estas sociedades la mujer es fundamental desde el quehacer cotidiano en el que impulsan las formas artísticas, garantizan la continuidad de expresiones milenarias de músicas, danzas, cerámicas y tejidos, y en el que transmiten a sus hijos el lenguaje y demás saberes y costumbres de cada cultura.

‘Hijas del Agua’ enaltece a las mujeres que han poblado durante miles de años estas tierras y han hecho posible la supervivencia de las culturas autóctonas. Mujeres que han sido parte de la vida armónica con el medio ambiente, en comunidades que con sus métodos tradicionales son los mejores custodios forestales en un país donde el 46 % del bosque natural está en los resguardos. Igualmente, sus rostros transmiten esa fuerza expresiva y mirada orgullosa de la mujer indígena que ha asumido liderazgo en la defensa de derechos y en la construcción de paz.

Es una muestra fotográfica innovadora, con un lenguaje visual que impacta a todas las generaciones y debe reafirmarnos que la sabiduría indígena está y seguirá viva. Así mismo, debe ser un aporte al diálogo armónico entre culturas que fortalece la democracia, dentro de los marcos institucionales, sin pretender imponer visiones sobre el mundo. ‘Hijas del Agua’ es un homenaje, desde el arte, a nuestra condición de país pluricultural, y un reconocimiento a la mujer indígena como protagonista de esa identidad y como trabajadora incansable en la cimentación del país.