Me siento eternamente agradecido porque tengo la oportunidad de caminar por entre los bosques frondosos del Parque Natural Farallones y poder refrescarme en las corrientes de agua naturales; es un privilegio que valoro y quisiera que todos mis compañeros de viaje en esta nave cósmica llamada Tierra, también puedan tener esa oportunidad que a mí me ha brindado la vida. Cuando me refiero a compañeros de viaje me refiero a no solo los de mi especie, sino a todos los otros habitantes.
En estos espacios puedo abrazar árboles y nutrirme de su energía y hasta conversar con ellos. En las noches toco mi flauta Lakota e interpreto el movimiento de las hojas con el viento, como si estuvieran aprobando el sonido de la melodía.
Todos tenemos la oportunidad de comunicarnos y valorar la relación con la flora, ya sea en el jardín de nuestras casas o simplemente en esas plantas que tenemos en las ventanas de nuestras casas.
Escribo esta columna desde un espacio distinto al habitual donde en mi preocupación por el trato que le damos a nuestro planeta, me concentro en ver esas situaciones dramáticas, pero también es importante contribuir a generar optimismo que a la larga es lo que nuestra especie más necesita, dar saltos o ‘salticos’ cuánticos en nuestra evolución de conciencia, que es la responsable de que nuestros actos sean más armónicos con el respeto a nuestro entorno.
Uno de los sentimientos más importantes en la vida es aprender a ser agradecidos, no solo mirar ‘la paja en el ojo ajeno’, es buscar lo bueno que existe y no solo mirar las cosas desde la crítica.
De los millones de personas que habitamos este planeta, así como hay maldad también hay muchos (me considero uno de ellos), que estamos buscando la paz con nuestros congéneres, pero también con nuestro entorno y los que lo habitan llámense humanos, animales o plantas.
La evolución a veces tiene que pasar por momentos de oscuridad para que se pueda ver la luz y eso es lo que está pasando actualmente.
Para mí no es fácil escribir sin denunciar, pero hago este ejercicio para entrenar mi alma y mi mente, para no solo ver lo malo sino la cantidad de cosas buenas, como dijo John Lennon “La vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes”.
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Posdata. A mis grandes amigos venezolanos les deseo lo mejor. Acá a Colombia llegaron muchos trayendo su buena vibra y yo soy testigo de eso. En una construcción que hacíamos tuvimos la oportunidad de contratar varios de ellos, donde nació una gran amistad que después de varios años perdura. A mi amigo Richard y a toda su familia que regresaron a Venezuela, y están pasando trabajos, mi solidaridad completa y mi eterna gratitud, aquí estoy presente para ustedes.