A través de la historia de la cual hay registro, ha habido desastres naturales, temblores, inundaciones, sequías y muchos más eventos traumáticos. El planeta está vivo y en constante transformación. Hay cosas que no podemos evitar porque la naturaleza tiene sus tiempos y sus ritmos. Pero también hay otras en las que sí tenemos responsabilidad y que hacen que estos desastres tengan unas consecuencias catastróficas.

Ejemplos de eso es construir en terrenos que antes fueron humedales e inundables y hayan sido secados para construir más y más. Construir en las riberas de los ríos y cerca de las fronteras de los océanos tiene afectaciones. El río Cañaveralejo que, cuando llega a lo que hoy es el casco urbano, antes era sus espacios de expansión, son terrenos formados por densas capas orgánicas y sedimentos traídos por el río por años de años y que hacen de esos terrenos más frágiles para grandes construcciones.

Pero como de verdad todos tenemos responsabilidad, ahora no es tiempo de ‘llorar por leche derramada’, el momento y el ahora de nuestra historia nos está dando la oportunidad de reflexionar sobre todo eso y ante todo, solidaridad total por los más afectados.

Todo esto que pasó el lunes 10 de agosto es muy fuerte y doloroso y vuelvo y repito, nos da la oportunidad de unirnos, independiente de nuestras ideologías y remar todos hacia un mismo lado y poder resolver nuestros problemas como una especie civilizada y consciente.

En la planificación de nuestros crecimientos urbanos, tengamos en cuenta y anticipemos cómo se comportarían nuestras edificaciones en caso de desastres.

No sigamos contrayendo a los lados de los ríos, no donde antes eran humedales, permitamos espacios verdes donde haya un balance en los ecosistemas.

Cuidemos nuestros entornos como nuestros cerros para que no haya incendios devastadores y suframos no solo nosotros sino las otras especies. Construyamos en sitios adecuados y con las especificaciones correctas. Seamos mas justos con las personas de menos recursos par ayudar a que puedan vivir mejor y en condiciones seguras.

Los resentimientos y las rabias no ayudan para que hayan actos de solidaridad tan importantes en momentos difíciles.

No es que la naturaleza o un Dios justiciero sean los causantes de muchos de nuestros problemas, somos nosotros en gran parte los responsables. El miedo es el peor enemigo del hombre, nos hace actuar feo e insensibles.

Digo que es ‘ahora o ahora’ cuando todavía podemos corregir el rumbo para construir una sociedad más justa y equilibrada. “La vida es un ratico”, como dijo Juanes.

Todos podemos generar más bienestar en nuestro entorno, compartiendo más de nuestros logros, recordemos que los ataúdes no tienen bolsillos ni espacio para el oro. ¡¡¡Yo le apuesto a eso!!!