Es evidente el desespero de Petro y Cepeda tras el resultado electoral del domingo. No dan crédito a lo sucedido luego del fraude estructural que pusieron en marcha; billones en puestos y contratos, un salario mínimo desproporcionado, constreñimiento armado, ministros en campaña y una gira relámpago del Presidente por el Caribe, no fueron suficientes para ganar en primera vuelta y mucho menos para derrotar al candidato Abelardo De la Espriella.

Desespero manifiesto en la reacción infantil ante el uso de la camiseta de la Selección Colombia por parte de la campaña de De la Espriella, el cambio súbito de Cepeda sobre los debates, la patraseada sincrónica de Petro y su candidato sobre la constituyente, los trinos ilegales del presidente y el rumor creciente de renuncia de Benedetti para aceitar de nuevo la Costa. Pasos en falso del régimen para tratar de repuntar en segunda vuelta.

En falso, espero, pues nadie puede prohibirle a un ciudadano portar la camiseta de la Selección, independiente de si es un candidato, vendedor de chontaduro o arepa de huevo, porque es la tercera vez que Cepeda cambia de opinión tajantemente sobre los debates y nadie con medio milímetro de frente debería creer que en realidad renuncian a una constituyente cuando Petro incumplió antes esa promesa y su candidato lo tiene escrito en el programa de gobierno.

Estas patadas de ahogado, sin embargo, no deben seguir acaparando el debate político por más que apuntan a raspar la olla de indecisos y tenderle un puente de estiércol a Claudia López, Fajardo y Oviedo. Son distractores perfumados de lo realmente grave: el no reconocimiento de los resultados electorales de parte del Presidente y de Cepeda. Una cosa es estar acostumbrado a este tipo de reacciones y otra restarle importancia al riesgo de fondo.

¿A qué juegan? Piensa mal y acertarás. Si fruto de la compra masiva de votos que se ve venir en la Costa Caribe y algún anuncio populista adicional de Petro en las últimas de cambio logran alterar la voluntad popular, dirán que sus advertencias de fraude fueron subsanadas y que ahora sí reconocen el resultado electoral. Pero si pierden, como todo parece indicarlo, cobra vigencia el temor de que busquen atornillarse al poder con la excusa del fraude.

Recuérdese: se trata de una horda pestilente que le tiene sin cuidado el respeto a la ley, que cuenta con el apoyo irrestricto de las organizaciones criminales (las mismas que le dieron el triunfo a Cepeda en las regiones donde estas mandan, empezando por la Costa Pacífica), que están dispuestas a todo -incluso a matar candidatos- para dar continuidad al régimen y empiezan a movilizar a sus encapuchados en las universidades oficiales.

La pregunta obligada, aún sin respuesta, es: ¿qué harán las Fuerzas Militares y la Policía si Petro y Cepeda no reconocen un triunfo de De la Espriella? Bastaría una foto de la cúpula militar y de la policía con el presidente y su candidato en Palacio para aferrarse al cargo. Imposible, dirán algunos. No. Llegaron al poder violando la ley y lo volverían a hacer, y han cooptado a muchos en las fuerzas armadas. Inquieta el silencio de los altos mandos.

¿Dónde está el Ministro de Defensa, qué ha dicho del desconocimiento de los resultados? ¡Acaban de destituir a un general por denunciar la carnetización de electores por parte de las Farc! El país necesita escuchar a los Comandantes de las Fuerzas Militares, saber si están del lado de la Constitución. Sí harán valer -con la fuerza legítima de requerirse- el triunfo de la oposición. Es decir, si tienen puesta la camiseta de Colombia o la del M-19.