Hoy el gigante de Suramérica se juega su futuro entre preservar las políticas sociales o impulsar la “devastada” economía.

Brasil define hoy entre la continuidad y el cambio, en una elección que tendrá consecuencias políticas para América Latina. El gigante suramericano, séptima economía mundial, escogerá entre los dos candidatos más votados en la primera vuelta electoral del 5 de octubre: la presidenta Dilma Roussef, del Partido de los Trabajadores (PT), y su oponente Aecio Neves, exgobernador de Minas Gerais, del Partido Socialdemócrata Brasileño (PSDB).En la última semana, la balanza parece haberse inclinado a favor de la Presidenta, en unas elecciones caracterizadas por la polarización y la volatilidad de los votantes. Según las últimas encuestas de Datafolha e Ibope, Rousseff conseguiría la victoria con cerca del 54% de los votos, mientras que Neves obtendría el 47%.Este es un cambio de signo después de que las encuestas hablaban de un empate técnico entre los dos contendientes, e incluso de una ligera ventaja de Neves.Ya en la primera vuelta, hubo un drástico zigzag en las encuestas: la ecologista Marina Silva surgió en pocas semanas como la casi segura contendiente de Dilma en la segunda vuelta, desplazando a Neves a un lejano tercer lugar, pero antes de llegar a la meta, Marina se desinfló y Neves pudo festejar.Un país desgarradoLa disputa entre Dilma y Aecio desgarra a Brasil, entre el noroeste pobre y el sur pujante y desarrollado, entre el rojo del PT y el azul de los “tucanos”, como se conoce a los partidarios del PSDB. Desde la elección de Luis Inacio Lula da Silva y el PT en 2003, 30 millones de brasileños salieron de la pobreza. Este proceso, que abarcó fundamentalmente al empobrecido nordeste, fue posible, no solo por el crecimiento de la economía, sino por los enormes subsidios otorgados a los sectores más empobrecidos, cuyo emblema ha sido el Programa Bolsa Familia. Dilma representa la continuidad de estas políticas.Aecio, perteneciente a una tradicional familia de políticos, tiene fama de ‘playboy’, conocedor de los placeres de Río de Janeiro, casado con una modelo. Aunque en los últimos años ha intentado cambiar esa imagen por la de un hombre de familia, el expresidente Lula, quien ha asumido el peso de la campaña a favor de Dilma, no deja de pegarle con el latiguillo de “hijo de papá”.La competencia entre Dilma y Aecio es la guerra entre el norte empobrecido y el sur prospero y de clase media. En el Nordeste, que concentra 61 % de los votantes con los ingresos familiares más bajos, se triplicó la cantidad de estudiantes universitarios en los últimos doce años. En las primarias del 5 de octubre, Dilma consiguió votaciones de hasta el 70 % en la primera vuelta en ocho estados de esa región.“Esta fuerza del nordeste, donde viven las personas más beneficiadas por estos gobiernos, provoca la ira de otras regiones, especialmente del estado de San Pablo”, dice el analista Marcos Cardoso. Por eso, en el Norte, Dilma obtuvo 50,5% de los votos y Aecio 28,2 y en el Nordeste, ganó con 59,5% contra 15,4% de Aecio”, agrega. Por el contrario, en San Paulo, con sus 32 millones de votantes, Neves obtuvo el 44% del electorado. “Pero cuando marcha unido, el Nordeste es más fuerte, con 38 millones de votantes”, concluye el analista.El expresidente Fernando Cardoso, padrino político de Neves, le hizo un flaco favor a su candidato, al declarar que la mayor votación del PT en el nordeste es porque son los sectores “menos informados, que coinciden con ser los más pobres. No es que por ser pobres apoyan al PT; es que son los menos informados”.Neves es el favorito de los sectores empresarios y financieros, que festejan con aumentos de las acciones en la Bolsa de San Pablo cuando Aecio sube en las encuestas, y se deprimen cuando Dilma lo supera.“La victoria de Dilma es necesaria para que no se destruya lo que construimos en los últimos 12 años, antes el pobre sólo entraba al banco para cobrar la jubilación; ahora tiene tarjeta de crédito. Ellos (ricos) tienen dinero pero nosotros tenemos la razón”, dijo Lula.Aecio propone una economía menos proteccionista, intervencionista y regulada, para salir del estancamiento de los últimos años. De ganar, es posible que revise las relaciones con sus vecinos, en especial con Argentina y el bloque del Mercosur, para buscar acuerdos con la Unión Europea y Estados Unidos, así como un acercamiento con los países de la Alianza del Pacífico –Chile, Perú, México y Colombia.Lo que se juega es la continuidad de los gobiernos de centro izquierda, que gobernaron desde comienzos de este siglo. Una presidencia de Neves marcaría un claro alejamiento del modelo bolivariano del Alba. El candidato ya se pronunció duramente contra Bolivia, al decir que en su gobierno, “sólo habrá relación con esos países cuando tengan la responsabilidad de inhibir el cultivo” de cocaína. Marco Aurelio García, asesor en Asuntos Internacionales de la Presidencia de Brasil, señaló que un posible triunfo de Neves “reduciría a polvo a América Latina” y buscaría “resucitar un cadáver debidamente enterrado” como el Área de Libre Comercio de las Américas (Alca).Con elecciones en Uruguay este domingo y en Argentina en 2015, se marcará el futuro político del continente.