En el auditorio del Invitado Internacional de CaliLee, República Dominicana, hay autoras y autores de República Dominicana, que presentan sus libros, como Priscilla Velázquez Rivera y Miguel Ángel Manrique (Ediciones Destino).
Jenny Rojas, coordinadora comercial del Fondo de Cultura Económica que tiene a cargo la logística del país invitado, convoca al público caleño y visitantes a conocer autores como Johan Mijail, Edwidge Danticat, Avelino Stanley y Priscilla Velázquez Rivera. Pero además, en el estand también se destacan títulos de escritores del caribe latinoamericano.
Como una muestra de la enorme riqueza cultural, están en el mismo auditorio, las artesanas invitadas que traen verdaderas joyas patrimoniales, como las tradicionales Muñecas sin Rostro, también conocidas popularmente como Muñecas Limé, que se han consolidado como el símbolo artesanal, cultural e identitario más importante de la República Dominicana.
Dilian Diloné, de la Asociación de Artesanos Ciudad Corazón, proveniente de Santiago de los Caballeros, contó que traen una muestra de diversas manifestaciones artesanales elaboradas tanto por mujeres como por hombres: bordados en piedra hecho en mostacilla del mapa del país, pilones, cucharas de guayacán, magnetos de la muñeca sin rostro, cestas y bolsos fabricados con palmas tropicales.
Precisamente sobre esta última, cuenta que “es una artesanía que fueron creando un grupo de mujeres en una comunidad de monjas y se internacionalizó gracias a una artesana nuestra santiaguera y les puso Limé. No tienen rostro, porque nosotros los dominicanos somos el coctel del mundo, tenemos una diversidad de culturas, somos una mezcla de todos los países. Esta es una manera de representar la dominicanidad. Ya es reconocida como patrimonio cultural, mundial de nuestro país”.
A diferencia de los juguetes convencionales, estas delicadas esculturas de cerámica y barro cocido prescinden por completo de rasgos faciales, un rasgo distintivo que encierra un profundo significado histórico y social arraigado en la memoria colectiva del Caribe.
El origen de esta manifestación artística se remonta a principios de la década de 1980 en la comunidad de El Higüerito, una zona de gran tradición alfarera ubicada en el municipio de Moca, provincia de Espaillat. Pero su esencia como artesanía nacional se atribuye formalmente a la escultora y alfarera dominicana Liliana Mera Limé.
Cuenta la historia que al intentar moldear pequeñas figuras de arcilla que retrataran la esencia de la mujer de su país, la artista se enfrentó a un dilema técnico debido a la falta de herramientas de alta precisión en el torno, pero también a un desafío cultural profundo: comprendió que ninguna combinación de facciones humanas lograría plasmar con fidelidad la diversidad de la población dominicana. Ante esto, optó por una solución tanto estética como filosófica, dejando las cabezas completamente lisas.
Lejos de ser un vacío creativo, la ausencia de rostro se convirtió en una poderosa metáfora del mestizaje y la identidad colectiva. Al no poseer rasgos específicos, las piezas reflejan el crisol de razas del pueblo dominicano, el cual fusiona herencias de los indígenas taínos, los colonizadores europeos y los ancestros africanos; la muñeca no representa a una sola etnia, sino a todas de manera simultánea.
Asimismo, la artesanía funciona como un homenaje universal a las madres campesinas, abuelas y trabajadoras humildes que sostienen los hogares y la vida comunitaria en los campos y ciudades del país.
Cada pieza se moldea rigurosamente a mano utilizando el característico barro rojo extraído de los suelos de Moca, preservando vivas las técnicas de alfarería precolombina de la isla. La expresividad de las figuras se traslada por completo a su indumentaria típica, compuesta por coloridos vestidos largos, delantales, capotas y sombreros de paja.
Además, suelen portar elementos cotidianos de la vida rural caribeña como ramos de flores, tinajas de agua o canastas repletas de frutas.
Lo que inició como un proyecto de desarrollo social impulsado por mujeres locales en colaboración con la Cooperación Española, hoy en día se encamina formalmente a ser declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación en la República Dominicana.
Escritores invitados
Johan Mijail (1990–2026)
Johan Mijail fue una destacada escritora, periodista, editora y artista del performance originaria de Santo Domingo. De experiencia transfemenina y afrodiaspórica, su obra se caracterizó por un fuerte enfoque transfeminista, antirracista y decolonial, utilizando tanto la literatura como la expresión corporal para desafiar los discursos hegemónicos y reflexionar sobre la migración (tras residir varios años en Chile). Fundó Catinga Ediciones, la primera editorial dominicana dedicada a autores afrodescendientes y LGBTQI+.
Es imperdible su aplaudida novela Chapeo (2021), el fanzine Santo Domingo is Burning, así como los libros Metaficción (2011), Pordioseros del Caribe (2014), Inflamadas de retórica (2016) y Manifiesto Antirracista (2018). Su última obra publicada antes de fallecer prematuramente en 2026 fue Ánima sola.
Edwidge Danticat (Mencionada como “Admin Danticat”)
Nacida en Puerto Príncipe, Haití, en 1969, Edwidge Danticat está íntimamente ligada al contexto de la isla de La Española y suele ser intensamente estudiada junto a la literatura dominicana por retratar de forma magistral las complejas realidades fronterizas, la migración, la memoria familiar y la violencia histórica caribeña. Emigró a los Estados Unidos a los doce años y escribe principalmente en inglés, logrando un inmenso prestigio internacional que incluye una beca MacArthur (“Genius Grant”) y el Premio Neustadt.
Hay que leer de este escritor: Cosecha de huesos (The Farming of Bones, 1998), novela fundamental que narra la Masacre del Perejil de 1937 en la República Dominicana. También es autora de Palabras, ojos, memoria (1994), la colección de cuentos ¿Krik? ¡Krak! (1995) y sus conmovedoras memorias Brother, I’m Dying (2007).
Avelino Stanley (Mencionado como “Abelino Stanlye”)
Nacido en La Romana en 1959, Avelino Stanley es un pilar de la narrativa social dominicana contemporánea. Ha sido presidente de la Unión de Escritores Dominicanos y subsecretario de Cultura del país. Es reconocido de forma unánime por rescatar en la ficción el drama histórico de los cocolos (inmigrantes de las Antillas Menores británicas que trabajaban en la industria azucarera dominicana). En 2026, marcó un hito con la publicación de su enciclopédico estudio Historia de la literatura infantil y juvenil dominicana.
Tiene entre sus obras la novela histórica Tiempo muerto (1998), ganadora del Premio Nacional de Novela en 1997. Otras obras relevantes son Por qué no he de llorar, Equis (Premio Internacional Sin Fronteras en Madrid) y La máscara del tiempo (1996).
Priscilla Velázquez Rivera (Mencionada como “Priscila Velásquez”)
Nacida en Santo Domingo, Priscilla Velázquez Rivera dio un giro radical a su vida al transicionar desde una exitosa carrera corporativa en economía y finanzas hacia la literatura de tiempo completo. Es doctora en Creación e Investigación Literarias (con especialidad en novela) y se ha consolidado rápidamente como una de las voces contemporáneas con mayor rigor estético, depuración de lenguaje y fuerza psicológica del país.
Su debut literario La valiente piconera (2019) fue galardonado en España con el Accésit del Concurso de Narrativa Femenina Princesa Galiana. Su consagración llegó con La cuna del escorpión (2022), galardonada con el Premio Nacional de Novela Manuel de Jesús Galván en República Dominicana, seguida por su aclamada obra Luz rabiosa (2024).