Dewell Narváez, fundador y director de la mítica Orquesta Narváez cuyo disco ‘Reincarnation’ (1975) es una joya salsera, también nació en el South Bronx de Nueva York, apenas seis años después que Willie Colón.

Miembro de una familia puertorriqueña con rica herencia musical, al principio Dewell aprendió a tocar la guitarra y, motivado por el rock de los años 60, formó su propia banda.

Pero, en 1969, después de escuchar las canciones ‘No me llores más’ y ‘Juana Peña’, del disco ‘Cosa nostra’ de Willie Colón y Héctor Lavoe, en las que sobresale estruendoso y ágil el trombón, su rumbo musical cambió para siempre.

'El malo', primer disco de Willie Colón con Héctor Lavoe, lanzado en 1967. | Foto: discogs.com

“Tenía quince años cuando lo escuché por primera vez y me impresionó el sonido fuerte del trombón, porque Willie Colón producía una distorsión parecida a la que tienen las guitarras eléctricas, él hacía riffs y solos muy al estilo rockero, yo reconocí que era música de raíces latinas, pero en un formato completamente innovador”, cuenta el maestro Narváez.

“Él inspiró a muchos jóvenes neoyorquinos de origen latino, de repente todos queríamos ser trombonistas, por mi parte, dejé a un lado la guitarra y lo primero que hice fue inscribirme en el curso de música de mi escuela, allí pregunté si enseñaban trombón y así fue. Cuando comencé a tocarlo me quedó perfecto, como un zapato a la medida”, recuerda.

La banda de rock se fue transformando, Dewell dejó de tocar la guitarra, tomó el trombón y llamó a otro trombonista, para tener un dueto, igual que el formato manejado por Willie Colón, añadió un piano y percusión, para completar lo que luego se llamó la Orquesta Narváez.

Para Dewell Narváez: “El mejor artista es aquel que puede crear un movimiento, y Willie Colón es responsable de un sonido innovador, la Fania le debe mucho a su talento como compositor y productor, claro que otros también contribuyeron, pero sin él, la salsa sería hoy otra cosa”.

Formación original de la Orquesta Narváez en 1975, cuando lanzaron el disco 'Reincarnation'. | Foto: orquestanarvaez.com

En los años 70, Dewell tuvo la oportunidad de conocer a Willie Colón, ambos eran jóvenes, mas ‘El Malo’ del Bronx ya era leyenda. La Fania Records acababa de lanzar el primer disco de la Orquesta Narváez, grabado originalmente con la extinta Tico Records, disquera que la compañía de Jerry Masucci compró, incorporando su catálogo de artistas, para evitar la competencia.

Las adquisiciones de la Fania Records —recordemos que también anexó a otras casas como la Alegre y Cotique— son muy discutidas. Algunos especulan que grandes artistas que venían de estas disqueras pequeñas fueron relegados, para darle toda la visibilidad y proyectar a los propios.

“Fue muy amable conmigo, a pesar del lío con las casas disqueras, me dio consejos y me animó a seguir trabajando con el trombón”, recuerda el maestro Dewell.

Si ningún resentimiento por las decisiones comerciales que tal vez perjudicaron a su agrupación, el maestro Narváez afirma que “estoy de acuerdo cuando dicen que sin Willie Colón no existiría La Narváez, pero no somos los únicos, hay muchos otros artistas que deberían reconocerlo”.

La encrucijada definitiva

En Nueva York todas las historias se cruzan, las de Willie Colón y Dewell Narváez tienen otro punto en común muy poco conocido.

En 1976, el mánager Richie Bonilla llamó a Dewell Narváez para que se reuniera con un nuevo cantante, porque la Fania quería reformar la orquesta para continuar el contrato.

“Yo ya estaba muy inconforme con la disquera, igual fui a la cita. Todo fue muy cordial, nos tomamos un café y conocí al cantante, pero finalmente me negué a aceptarlo, les dije que nosotros ya teníamos un cantante, que es Armando Vásquez”.

Willie Colón y Rubén Blades, su primer disco juntos fue 'Metiendo mano', de 1977. | Foto: discogs.com

La voz que el maestro Narváez escuchó aquella tarde era la de un panameño que, por el momento, trabajaba en la oficina de correos de la compañía musical: se llamaba Rubén Blades.

Para la época, Willie Colón ya se había separado de Héctor Lavoe —aunque siguió produciendo sus discos— y estaba trabajando con su orquesta en solitario. En su disco ‘El bueno, el malo y el feo’, había incluido ‘El cazanguero’, una canción compuesta y cantada por Rubén Blades, que sería su primera colaboración.

Sobre esta canción, cuenta Mario Jursich Durán, periodista cultural y escritor, que “está basada en la tesis de grado que escribió Blades para graduarse de abogado en Panamá, trata sobre una colonia penal panameña en el Océano Pacífico. Ahí ponían a los reos a cultivar su propio alimento y las cazangas eran una especie de loros que se metían a comerse los cultivos, el cazanguero era el que debía espantarlas”.

No obstante, Colón estaba empeñado en seguir solo, experimentando y buscando salir del sonido patentado con Lavoe. Hasta que Pacheco y Masucci, quienes conocían el potencial de Blades —que ya había sido contratado como cantante y grabado un clásico como ‘Juan Pachanga’— persuadieron al neoyorquino de juntarse con el panameño.

La trascendencia histórica del encuentro de estos dos genios para la música latina, solo es comparable con el impacto de la dupla Lennon y McCartney para la música anglo y la historia del rock.

Entre 1977 y 1978, Colón y Blades produjeron dos discos cruciales ‘Metiendo mano’ y ‘Siembra’ que —dejando de lado el gigantesco éxito comercial— universalizaron y convirtieron la salsa en una forma de entender nuestra cultura.

'Baquiné para angelitos negros', obra instrumental de Willie Colón, considerada una de sus más sublimes composiciones. | Foto: discogs.com

Para John Jairo Usme, psicólogo y melómano, fundador el encuentro Amigos de la Salsa, de San Martín (Meta), “los discos de Willie Colón y Rubén Blades son definitivamente la consagración de ambos. En ‘Metiendo mano’ ya viene ‘Plantación adentro’, que tiene una introducción recitada por Colón y donde él demuestra el altísimo nivel de refinamiento artístico que había alcanzado como director y productor musical, además, allí se escuchan sus primeros arreglos con elementos de la música brasilera”.

“Por la misma época, Colón compuso una obra maestra instrumental como es el ‘Baquiné para angelitos negros’, donde le dieron permiso para hacer lo que quisiera, allí trabajó con una orquesta gigante e incorporó violines, jugó con el jazz y ritmos folclóricos de Puerto Rico, dejando piezas maestras como ‘Camino al barrio’ y ‘Apartamento 21’, que ya hacen parte del repertorio latino y universal”, complementa.

El melómano aclara que “para muchos el escuchar más la voz de Blades en estos discos, como en otra cantidad de colaboraciones, por ejemplo con Celia Cruz e Ismael Miranda, los hace olvidar que Willie Colón no solo intervino en su música en solitario, gran parte de su obra fueron composiciones, arreglos y producciones donde dejó su marca de calidad, fue el que le dio forma definitiva al sonido salsero”.