La escritora y poeta colombiana Piedad Bonnett cuestionó, en entrevista exclusiva con El País, el retiro de obras y objetos del Museo Nacional y advirtió que la discusión no puede resolverse mediante decisiones autoritarias. Sus declaraciones se conocen después de que un juzgado ordenara devolver 63 piezas retiradas de varias salas de la institución..
Bonnett dijo que su primera reacción fue de escándalo, precisamente porque considera que el arte y la memoria no pueden quedar sometidos a una decisión unilateral.
“Primero me escandalicé, porque si no me hubiera escandalizado no sería yo. No a la censura siempre, pero sobre todo no al autoritarismo. Que un gobierno, un grupo o cualquier persona diga qué es arte y qué no, o cuál es la historia del país, sin siquiera transitar por los protocolos necesarios”, aseguró la escritora nacida en Amalfi, Antioquia.
El retiro incluyó elementos relacionados con movimientos feministas, comunidades LGBTIQ+, víctimas del conflicto armado, la Unión Patriótica, la Séptima Papeleta y el proceso de paz. El Gobierno sostuvo que se trataba de una revisión museográfica y técnica, mientras organizaciones académicas y culturales alertaron sobre un posible riesgo de censura.
La escritora también reconoció que las curadurías pueden ser discutidas y que los museos deben revisar su relación con los públicos y con las cargas ideológicas de toda representación.
“También creo que las curadurías pueden tener excesos y que todo puede ser revisado y discutido. Los museos ya no son los mismos de hace cincuenta o cien años; hay que preguntarse cuál es su relación con los públicos y reconocer que toda museografía tiene una carga ideológica”: aclaró.
La controversia llegó a los tribunales después de que congresistas y organizaciones presentaran acciones de tutela. En una decisión divulgada el 29 de octubre, el Juzgado 24 de Familia de Bogotá ordenó reinstalar las piezas en un plazo de 48 horas y advirtió que cualquier revisión debe contar con justificación técnica, curatorial y de conservación. La orden se produjo después de una decisión previa que había pedido preservar los elementos y evitar su destrucción, traslado o modificación.
Para Bonnett, cuestionar una representación histórica puede ser legítimo, pero no equivale a imponer una nueva versión desde el poder:
“Lo que no acepto es una definición autoritaria de qué debe considerarse arte ni de cuál debe ser la historia del país. Una visión del pasado puede ponerse en cuestión, pero para hacerlo hay que revisar todo el proceso que condujo a esa representación y llegar a acuerdos mediante el consenso y la negociación”.
El temor por la señal política
La discusión no se limita a la ubicación física de las piezas. También involucra el papel del Museo Nacional como espacio de memoria, investigación y debate público. La JEP pidió explicaciones sobre las piezas relacionadas con víctimas del conflicto y solicitó información sobre inventarios, traslados, registros y autorizaciones.
La escritora afirmó que el retiro puede enviar una señal política que trasciende la decisión puntual sobre una sala o una exposición.
“Lo que me da miedo es la señal que se está enviando. Esto no es gratuito. Es el tipo de movimiento con el que comienzan algunos regímenes de derecha: castigar una determinada visión del mundo y poner en entredicho conquistas que se han construido durante siglos”, admitió la reciente premio Federico García Lorca, por su trayectoria literaria.
Ante la pregunta de si la situación le preocupa, Bonnett respondió:
“Me preocupa profundísimamente… Me parece un signo deliberadamente puesto para provocar escándalo y convertirlo todo en espectáculo. Es uno de los rasgos de la forma de gobernar de la derecha actual en distintas partes del mundo”.
La posición de Bonnett no plantea que las curadurías sean intocables, sino que cualquier modificación debe pasar por un proceso transparente, especializado y abierto a la discusión pública. En ese punto coincide con el debate que abrió la decisión judicial de devolver las piezas retiradas: las exposiciones pueden cambiar, pero las instituciones deben explicar cómo, por qué y con qué criterios se transforma la manera en que el país cuenta su historia.
En medio de esta entrevista, Piedad respondió una serie de preguntas rápidas:
Escritor o escritora colombiana emergente, que recomiendes:
Margarita García Robayo (La Encomienda -2022, Hasta que Pase el Huracán -2012, Tiempo Muerto -2017).
Libro para iniciar a las nuevas generaciones en la literatura:
Los Cuentos, de Julio Cortázar (Cortázar tiene diferentes libros de cuentos como Historia de Cronopios y de Famas -1962, Octaedro -1975, Bestiario -1951, Deshoras -1982).
Una película colombiana:
Un Poeta (Dirigida por Simón Mesa Soto y estrenada en 2025)
Si no hubieras sido escritora, ¿a qué te hubieras dedicado?
Dibujante o fotógrafa.