Antes de convertirse en uno de los exponentes de la música urbana colombiana, Stiven Mesa Londoño, conocido artísticamente como Blessd o El Bendito, atravesó una muy difícil etapa de su vida, y es que su adolescencia llegó no solo con dificultades personales y problemas de conducta, sino también con malas compañías.
Así lo reveló el propio artista en una reciente entrevista en el canal de YouTube Sinvergüenza, conducido por Kerry Kambell, en el que habló de un episodio del que pocas veces había hablado.
Durante la conversación, el cantante recordó que, cuando todavía era menor de edad, tuvo problemas con las autoridades en Bogotá por un caso relacionado con microtráfico.
Dicha situación, según manifestó, ocurrió durante aproximadamente tres años en que vivió junto a su madre entre la capital del país y Zipaquirá, Cundinamarca. Allí, recordó, comenzó a frecuentar entornos que terminaron influyendo negativamente en su comportamiento.
Tanto, que incluso recordó comenzó a protagonizar constantes enfrentamientos callejeros, pero además, fue incitado muchas veces, a cometer hurtos.
“Yo peleaba mucho, yo me peleaba a puños y hasta el sol de hoy a mí me gusta, pero pues ya no porque uno ya tiene que ser calmado”, comentó el artista al recordar cómo era su comportamiento en aquella época.
Sin embargo, uno de los momentos más delicados de esa etapa llegó cuando fue interceptado por las autoridades con una gran cantidad de sustancias ilícitas, lo que le haría replantearse seriamente el camino que estaría escogiendo.
“Yo di mucha lidia, me cogieron una vez, yo pagué unas chimbadas por allá (Bogotá) siendo menor de edad, un microtráfico que tengo ahí con una bomba de bazuco que me cogieron como con 200 dosis. Son errores de la vida, bobadas de las que casi no hablo”, confesó Blessd durante la entrevista.
El cantante, también aseguró que, por esa decisión, fue trasladado al Centro de Atención Especializada El Redentor, en Bogotá, en donde permaneció durante 16 días mientras se definía su situación ante la justicia.
“Me dejaron 16 días a ver si me daban sentencia. En Bogotá se llama El Redentor (...) Estaba por allá metido con un poco de locos y ahí me di cuenta que no tenía necesidad de vivir eso”, expresó.
Así, y luego de recuperar su libertad, reconoció haberse equivocado por lo que decidió regresar a Medellín, su ciudad natal, para comenzar a trabajar y ayudar económicamente a su familia.
Junto a su padre, contó, comenzó a trabajar en una plaza de mercado, donde se encargaba principalmente de cumplir con extenuantes jornadas de carga y descarga de camiones de verduras. Y a la par, a buscar tener también sus propios ingresos, vendiendo dulces, mientras estudiaba.
“Ahí empiezo yo a vender dulces; yo me hacía como 65 lucas, pero trabajaba los fines de semana de 2 de la mañana a 10 de la noche y entre semana lo que me hiciera en la plaza bulteando”, contó.
En medio de esas obligaciones, el fútbol y la música comenzaron a ocupar un lugar importante en su vida, tanto que llegó a integrar la selección de Itagüí, donde conoció a Santiago Jaramillo, conocido hoy como Dímelo Jara, quien posteriormente se convertiría en uno de sus principales aliados en la industria musical.