El desorden financiero no empieza necesariamente cuando alguien deja de pagar. Con frecuencia comienza antes: cuando la tarjeta ya no baja, cuando una cuota pesa más de lo habitual o cuando un gasto inesperado obliga a mover otra cuenta para no quedarse corto.

En muchos hogares, la primera señal de alerta no es la mora, sino una sensación más cotidiana: la plata rinde menos, la quincena se acorta y cada mes deja menos margen para respirar.

Ese apretón llega en un momento en el que vale la pena mirar con más atención las finanzas del hogar. La tasa de política monetaria del Banco de la República se ubica en 10,25 % y su junta volverá a reunirse el 31 de marzo para decidir sobre este nivel. Al mismo tiempo, el interés bancario corriente para consumo y ordinario vigente en marzo es de 17,01 % efectivo anual, mientras que la inflación anual a febrero se sitúa en 5,29%.

Traducido a la vida diaria, el mensaje es claro: endeudarse sigue siendo costoso y postergar decisiones puede salir más caro de lo que parece.

En esa línea apunta un informe de Crowe Co. Más que centrarse en el monto total de las deudas, el análisis propone algo más práctico para el día a día: identificar cuál es la obligación que hoy más le está quitando aire al bolsillo. Porque muchas familias siguen cumpliendo, sí, pero cada vez con mayor esfuerzo y con menos espacio para cubrir mercado, transporte, servicios, ahorro o imprevistos.

Planifique para que el endeudarse no le salga más costoso. | Foto: Francisco Calderón

Las 5 deudas que debe revisar

Tarjeta de crédito cuando pagar el mínimo ya se volvió costumbre: Esta suele ser la primera deuda que merece atención. Pagar solo el mínimo puede dar un alivio rápido, pero casi siempre alarga el problema. Mes tras mes, buena parte de ese pago se va en intereses y muy poco baja realmente el saldo. Por eso hay personas que sienten que cumplen, pero la deuda sigue casi donde mismo.

La señal de alerta es clara: si la tarjeta ya se usa para mercado, transporte o gastos básicos, dejó de ser una ayuda puntual y empezó a comerse una parte fija de la quincena. Aquí la recomendación es revisar el extracto con calma, mirar cuánto bajó de verdad la deuda y frenar nuevas compras si el saldo no está cediendo.

Crédito de consumo o de libre inversión que se pidió para salir de un apuro: Este tipo de préstamo muchas veces se toma para ordenar otras cuentas, cubrir una urgencia o ganar algo de caja. El problema aparece cuando esa cuota, que parecía manejable, termina convertida en otra presión fija del mes. La pregunta práctica aquí no es solo si la cuota se paga, sino cuánto espacio deja después para vivir tranquilo.

Si después de cubrirla el hogar queda muy apretado para mercado, servicios o transporte, esa obligación ya merece revisión. Lo importante es preguntarse si ese crédito ayudó a resolver el problema o simplemente lo aplazó.

Refinanciación pendiente o mal planteada: Refinanciar puede servir, pero no siempre significa un alivio real. A veces baja la cuota mensual, sí, pero alarga demasiado la deuda o hace que al final se pague mucho más. Por eso no conviene mirar solo el valor de la nueva cuota. También hay que revisar plazo, tasa, seguros, comisiones y costo total.

Con la próxima decisión del Emisor tan cerca, algunas personas pueden creer que cualquier refinanciación ya conviene, pero no necesariamente. Una cosa es lo que pase con la tasa general y otra muy distinta la oferta que cada banco haga en concreto. La clave es no dejarse llevar solo por el aparente respiro del corto plazo. La próxima reunión del Emisor está programada para el 31 de marzo.

Muchas familias descubren que no tienen una deuda grande, sino varias pequeñas que juntas ya les comprometieron una parte importante del ingreso antes de empezar el mes. | Foto: Porvenir

Compras a cuotas que parecen pequeñas, pero juntas ya se comieron parte del sueldo: Aquí está una de las fugas más comunes del presupuesto. Un celular, un electrodoméstico, una suscripción, ropa, algo para la casa o una compra “por esta vez” rara vez parecen graves por separado. El problema aparece cuando todas esas cuotas se suman.

Ahí muchas familias descubren que no tienen una deuda grande, sino varias pequeñas que juntas ya les comprometieron una parte importante del ingreso antes de empezar el mes. La recomendación útil es hacer una sola cuenta con todas las compras financiadas que siguen activas. Verlas juntas ayuda a entender por qué el dinero se esfuma tan rápido.

Avances, cupos rotativos o sobregiros que se usan para tapar huecos: Esta suele ser una de las alertas más delicadas, porque a veces pasa desapercibida. Sacar un avance o usar un cupo rotativo para completar mercado, pagar servicios o llegar al final de mes puede parecer una salida rápida, pero cuando eso se repite ya no es un apuro aislado: es una señal de que la caja del hogar viene demasiado apretada.

El riesgo aquí no es solo el costo de esa plata, sino lo que revela: que ya se está financiando gasto corriente con recursos caros. En un entorno en el que el crédito de consumo sigue costoso y la inflación todavía presiona el gasto diario, esa costumbre puede volver más frágil cualquier presupuesto familiar.

En el fondo, la alerta de marzo no está solo en lo que decida el Banco de la República al cierre del mes. También está en lo que cada hogar haga hoy con sus cuentas más pesadas. El mensaje del informe de Crowe Co es claro: no hay que esperar a caer en mora para reaccionar. Revisar a tiempo estas cinco deudas puede hacer más por el bolsillo que seguir confiando en que el alivio llegará solo. Porque cuando la plata deja de rendir, ordenar las finanzas deja de ser una tarea técnica y se convierte en una forma concreta de recuperar tranquilidad.