El tejido empresarial del Valle del Cauca sigue mostrando señales de crecimiento y confianza. Así lo reflejan los más recientes resultados de renovación mercantil entregados por la Cámara de Comercio de Cali, CCC, que registró cerca de 75.000 empresas renovadas a tiempo, con un incremento cercano al 10 % frente al año anterior.
Para María del Mar Palau, presidenta de la entidad, este comportamiento evidencia no solo un aumento en la formalización, sino también una mayor apuesta de los empresarios por mantenerse y crecer en la región.
En diálogo con El País, la directiva destacó que gran parte de ese dinamismo proviene de los pequeños empresarios, a quienes prefiere llamar “protagonistas del progreso”, por su papel en la generación de empleo y movilidad social.
Palau también habló sobre los desafíos que aún enfrenta el ecosistema empresarial, entre ellos la complejidad tributaria, la formalización laboral y las altas tasas de interés. Sin embargo, aseguró que el Valle mantiene ventajas competitivas clave para atraer inversión y fortalecer su economía, especialmente por su talento humano, el potencial del Puerto de Buenaventura y las oportunidades que ofrece la transformación digital y la bioeconomía.
Recientemente la Cámara de Comercio entregó resultados positivos en materia de renovación empresarial. ¿Qué balance hacen de este proceso?
Los resultados fueron muy satisfactorios. No solamente cumplimos, sino que sobrecumplimos el presupuesto de renovación.
El dato más relevante es que hoy tenemos 75.000 empresas que renovaron a tiempo, con un crecimiento cercano al 10 % frente al año 2025. Esto tiene dos significados. El primero es que existe un ejercicio de confianza alrededor de la Cámara de Comercio y de cómo los recursos que se invierten aquí regresan al tejido empresarial en forma de crecimiento y oportunidades de progreso.
Por eso este año nuestra campaña fue “Activar tu progreso”. Los empresarios entienden que estos instrumentos son un modelo de reinversión social muy poderoso.
¿Ese crecimiento refleja un panorama positivo para el emprendimiento en la región?
Sí. Y ese es el segundo elemento importante del dato. No solamente estamos viendo crecimiento en empresas que hoy tienen más activos y mayores ingresos, sino que además más empresarios decidieron formalizarse y renovar su matrícula.
Estamos viendo un tejido empresarial que no solo crece, sino que se densifica. Es decir, está aumentando el número de empresas formales en el territorio.
La informalidad sigue siendo alta. ¿Cómo está ayudando la Cámara a esos emprendedores que aún no se formalizan?
Nosotros queremos que la Cámara de Comercio sea vista no solo como un puerto de inicio, sino como un puerto de llegada.
Hoy atendemos 120.000 empresas registradas, pero identificamos cerca de 100.000 “creadores de autonomía”: personas o familias que tienen un negocio o un “rebusque”, generan ingresos, pero todavía no son formales.
Para ellos tenemos programas como Prospera, que durante una década ha acompañado a población vulnerable y de bajos ingresos. Ya son más de 70.000 modelos de negocio formados en distintas etapas.
Queremos que estos emprendedores se acerquen, incluso si aún no están registrados, conozcan nuestras herramientas y entiendan cómo la formalidad fortalece sus negocios. Cuando eso se refleja en el bolsillo, inicia naturalmente el proceso de formalización.
¿Qué señales están dando hoy los pequeños empresarios en medio de un contexto económico complejo?
El 98 % de quienes renovaron son las mal llamadas microempresas. Y digo mal llamadas porque no me gusta hablar de “micro”. Desde que llegué a este cargo he insistido en que debemos hablar de protagonistas del progreso.
El día que alguien decide generar empleo de manera legal y digna, merece ser reconocido simplemente como empresario.
La mayoría de quienes renovaron por primera vez son empresarios que venden menos de 2000 millones de pesos al año y tienen menos de 400 millones en activos. Y son justamente estas compañías las mayores generadoras de empleo del territorio.
Hoy cerca de 97.000 empresas de este segmento generan el 70 % del empleo. Ahí está la verdadera fuente de movilidad social.
¿Cuál es el gran reto de esas empresas?
Permanecer. Por eso nosotros no nos quedamos solo en ayudarlos a registrarse. El siguiente paso es acompañarlos para que escalen y superen el famoso “valle de la muerte”, que son esos primeros cinco años en los que muchas empresas no logran persistir.
Trabajamos con herramientas de fortalecimiento empresarial y también con habilidades de liderazgo para los fundadores. Emprender implica una lucha constante con uno mismo y muchas veces el empresario necesita ese acompañamiento que le recuerde el valor de su propósito.
¿Qué obstáculos siguen enfrentando quienes quieren crear empresa en la región?
Hay dos grandes retos. El primero es la complejidad tributaria. Más allá de las tarifas, el problema es que el sistema es difícil de entender y genera temor entre quienes están comenzando.
Nosotros creemos que Colombia debe avanzar hacia una tributación más simple para las empresas nacientes. Hay que quitarle fricción al emprendedor y facilitar los procesos.
El segundo gran reto es la formalización laboral. Muchos empresarios pequeños tienen dificultades para asumir esos costos en las primeras etapas.
Por eso creemos que el país necesita retomar esquemas de progresión tributaria y laboral como los que impulsó la Ley 1429 de 2010, ajustando lo que sea necesario.
¿Qué papel está jugando hoy la transformación digital en las empresas de la región?
La transformación digital ya no es opcional. En la Cámara de Comercio de Cali tomamos la decisión de convertirnos en una empresa de tecnología.
Queremos que nuestra función pública delegada opere como una legal tech y estamos haciendo una transformación tecnológica interna para que las herramientas que ofrecemos sean escalables y accesibles para empresarios con menos oportunidades de invertir en tecnología.
La idea es que ellos puedan apropiarse de herramientas digitales e inteligencia artificial que faciliten sus negocios y potencien su crecimiento.
¿Cómo ve el panorama actual del empresariado en el Valle del Cauca?
Soy profundamente optimista. Creo que los empresarios siempre encuentran oportunidades en medio de las dificultades.
Hoy Colombia está atravesando una adaptación geopolítica importante y el Valle del Cauca tiene una posición estratégica gracias al Puerto de Buenaventura y al talento humano que posee.
Somos el principal exportador de tecnología del país y tenemos una oportunidad enorme de fortalecer relaciones con Estados Unidos, México, Centroamérica y el Caribe.
Las tasas de interés siguen altas. ¿Qué impacto puede tener esto sobre los empresarios?
Es una respuesta natural frente a las presiones inflacionarias. Las economías tienen ciclos y Colombia está atravesando uno de adaptación.
Pero más allá de eso, creo que el gran reto del Valle no es solo atraer inversión extranjera, algo que históricamente hemos hecho bien, sino aumentar la reinversión de las utilidades de las empresas locales en el territorio.
Las economías emergentes más exitosas crecieron porque su propio tejido empresarial reinvirtió localmente. Ese es un desafío clave para nosotros.
El Valle históricamente ha sido atractivo para la inversión extranjera. ¿Ese interés se mantiene?
Sí, pero depende de que fortalezcamos dos habilitadores fundamentales: seguridad y activos naturales estratégicos.
Si no hay seguridad física y jurídica, será muy difícil atraer más inversión. Y el otro gran habilitador es nuestra biodiversidad y bioeconomía, que hoy ya están impulsando industrias de bienestar, belleza y salud.
Además, tenemos cinco grandes atractores, empezando por el talento humano. El Valle del Cauca tiene uno de los capitales sociales y de talento más importantes de Colombia, y eso sigue siendo una gran ventaja competitiva.