Cuando Jhon Orobio Sinisterra salta al ring, en un escenario repleto de aficionados, nadie se imagina que detrás de esos puños hay una vida turbulenta, de supervivencia, de lágrimas y alegrías; hay un joven que tuvo que esquivar las balas para llegar a la cima.
El ‘Tigre’ tuvo una niñez y una adolescencia agobiantes por la falta de afecto de sus padres, David Orobio y Luz Jenny Sinisterra, quienes tuvieron unas vidas marcadas por problemas sociales.
Y fue en ese momento donde los abuelos de Jhon se volvieron ángeles guardianes. Victorino y Elvia Mina (Q.E.P.D.) lucharon para que ‘El Tigre’ no dejara de rugir y no desviara su camino a una vida turbia. Vivió en medio de las balas, las drogas, la muerte, pero también el deporte.
Y fue este último el camino que llevó a Jhon a salvar su vida, a alejarla de los problemas sociales y evitar momentos turbios para convertirse en atleta élite.
Se fueron espantados por la guerrilla
Recordó con nostalgia Orobio que su abuelo, Victorino, “no quería que muriéramos allá o que fuéramos reclutados” por la guerrilla en El Charco, Nariño, donde nació; por eso partieron a Cali, ciudad que les abriría los brazos y lo catapultaría como una estrella del deporte.
El miedo arropaba a los Orobio en El Charco. Los grupos insurgentes dominan la zona. La gente vive con temor. Por eso, uno de los recuerdos que dejó marcado al ‘Tigre’ ocurrió cuando tenía unos 6 años.
“Estábamos ahí en la casa, eran como las 8:00 de la noche. Allí casi no hay luz. De la nada empezó la plomacera, nos tiramos al piso de la casa, todos los disparos pasaban por las maderas (material de construcción de la casa)”.
De repente se calmó un poco la balacera, la familia recogió a los niños y corrieron despavoridos al monte “porque la casa no servía de refugio”, relata.
Al llegar al barrio El Retiro, el mundo de los Orobio cambió. Encontraron casas de otro material, calles pavimentadas, agua potable, energía y tecnología.
También había supermercados, tiendas de barrio y en una de ellas Jhon encontró una novedad: máquinas de moneda.
Le pidió algunas a su papá, David Orobio; quería experimentar qué era eso a lo que iban niños y jóvenes del barrio.
En medio de risas, John rememoró que cuando tenía como 7 años “jugaba por jugar, a lo loco y, cuando me iba a ir, un amigo y otro man cobraron y yo dije: ‘Están cobrando mi plata’, pero yo no sabía. Empecé a ir más seguido y el de la tienda me decía: ‘Eso es suyo’ y les decía a los otros: ‘Dejen la plata ahí’”.
Sin embargo, la violencia los seguía persiguiendo. Este barrio del Distrito de Aguablanca es uno de los más afectados por problema sociales como el microtráfico, las pandillas, los robos y las muertes, el pan de cada día.
Jhon Orobio dice: “A mí me gustaba la calle”. Por eso escudriñó las cuadras, andaba por ahí y conoció niños y adolescentes, pero meses después se chocaría contra el mundo.
“Me metí en problemas con amigos, pero, gracias a Dios, me alejé de ellos porque estaba enfocado en mi deporte, el fútbol con el ‘profe’ Terry, que fue muy importante en mi vida y luego el boxeo”, reflexiona, no sin antes pasar una fuerte ‘pesadilla’.
“Fui demandando y allí estuvo el profesor de boxeo Manuel Mosquera, quien era como un papá. Fui a una conciliación a una estación de Policía”.
Todo comenzó cuando Jhon, amante del boxeo, estaba con la que era su novia. Estaban parchados en el barrio con unos amigos y, de repente, se armó el despelote. Un amigo, Jean Paul, tenía una pistola.
“Se formó un problema con una de las novias de un amigo; ellos le querían pegar al papá, el señor estaba borracho. Él es papá de otro amigo que ponchaba (estaba) con nosotros. No me parecía correcto, les decía que no y un man me pegó, yo reaccioné y también lo encendí”, cuenta en su argot popular.
Pero la historia no paró allí. El tropel siguió y fue tan grande que “ahí otro me pegó; se metió el que tenía la pistola (Jean Paul). Yo les dije que no me cogieran en gavilla, pero quedé ‘caliente’ y lo busqué para hablarle”.
Sin embargo, por el fervor del momento no hubo poder humano que los calmara. Ante ello, “él (Jean Paul) se quería creer más hombre que yo” y ‘El Tigre’ sacó sus garras: “Me quería sacar la pistola, yo reaccioné y le pegué un puño que le corrí la mandíbula, le hicieron como tres cirugías y por eso me demandó la mamá de él”.
El problema se agravó al punto de que la abuela de Jhon, doña Elvia Mina, le suplicó que se fuera del barrio, pues la vida del ‘Tigre’ estaba en peligro.
Pero no le hizo caso. A la casa del boxeador empezaron a ir varias veces conocidos de Jean Paul a tirarle cosas y dañarla recuerda. Contra su voluntad, se tuvo que ir a Pízamos, donde vivía su mamá, Luz Jenny Sinisterra.
Tiempo después regresó a El Retiro, pero tuvo que solucionar el problema de la demanda y “aunque volvimos a ser amigos (con Jean Paul), ya no era como antes”, dice con nostalgia Orobio, quien demandó a Jean Paul diciendo que si algo le pasaba, “el responsable podría ser él”.
Después de este episodio y, gracias al profesor Manuel Mosquera, el púgil criado en Cali se fue alejando de ese mundo oscuro y se enfocó en el deporte porque esa era la vía “para salir adelante, era una oportunidad y me metí de lleno, porque eso me va a hacer grande”.
Pese a estas dificultades, esta familia nariñense tomó un nuevo impulso y fueron saliendo adelante y, sin ser afectados por los problemas sociales, condujeron a Jhon Orobio al éxito.
La falta de afecto de mamá y papá
La vida de Jhon Orobio no ha sido fácil. A los problemas de violencia en El Charco y lo vivido en El Retiro se le juntó algo más cruel: la falta de cariño de sus padres, David y Luz Jenny.
‘El Tigre’ creció bajo las ‘faldas’ de su abuela Elvia e impulsado por su abuelo, Victorino, dos seres a los que ha amado como a nadie en la vida.
Sin embargo, su madre fue pieza clave para desenredar el lío de la demanda: “Ella me ayudó porque tuvo que pagar una plata. Ella estaba desesperada, me decía que me fuera a la casa donde vivía antes, en Pízamos, ya que ella ya se había ido a residir a Chile”.
Pero Jhon no vivió con su mamá, y con su padre estuvo un tiempo al llegar a Cali, porque luego se fue.
“Yo, a mi mamá, siempre le digo que quisiera un poco de afecto, aunque económicamente ella siempre responde”, dice con tristeza.
Y sobre su padre precisa que su relación es un poco “más fácil”, pero siente la ausencia de cariño. “Mi papá ha respondido económicamente, pero mantenía tomando mucho licor”.
Jhon se siente “raro” por la falta de cariño y envidia a sus amigos: “Cuando estaba chiquito, miraba amigos cuando sus papás les daban regalos; era duro y decía: ¿dónde están los míos?”, anota con sentimiento.
Pero los golpes de la vida llevaron a don David a cambiar su estilo de vida y ahora “el primer mensaje que encuentro en mi celular es de él. Me dice: ‘mijo, ¿cómo está?; me da consejos, no quiere que cometa las cosas que él hizo”.
Ese cambio de su progenitor es el que Jhon quisiera sentir en su mamá: “Yo le digo que quisiera que me hablara bonito, porque hace falta ese amor de mamá”.
Pero confiesa con mucho dolor que “uno le dice algo y de una se ‘calienta’, se enoja y la solución a veces es dejarle de hablar a uno. Si uno no la busca, ella no lo busca a uno”.
El boxeo, su mejor medicina
Entrar en el mundo del deporte es lo mejor que le pudo pasar a Jhon Orobio. Tiene algo de fama.
Gracias a su talento y disciplina se volvió un referente en Colombia, un pugilista candidato a ser campeón mundial.
‘El Tigre’ fue labrando con puños su destino. Luchó contra la corriente, sufría de asma, le costaba mucho pelear y se quedaba sin aire en el tercer asalto, pero gracias a Dios, dice, eso desapareció.
Tras ser campeón municipal y departamental, tuvo un ascenso vertiginoso y se catapultó como el mejor peleador del país en los 60 kilogramos.
En el 2020 conquistó en Polonia una medalla de bronce en el Mundial Juvenil de Boxeo. Fue allí donde lo vieron de la promotora IOT Tiger.
Ganar el bronce fue algo amargo: “A mí todo me lo daban Indervalle y la Liga del Valle. La Federación debía pagarme por ganar esa medalla y ponerme un sueldo. Llené un formulario, pero nunca me pagaron; en cambio, a una amiga que fue quinta, sí le pagaban”.
Esa situación llevó a Jhon Orobio, a sus 18 años, a dar el salto al boxeo profesional. Los promotores de IOT Tiger de Canadá le siguieron la pista y, al ver sus triunfos, lo sedujeron con un contrato para convertirse en profesional y aceptó.
Tras cuatro años, Jhon Orobio tiene un récord de 17 victorias y ninguna derrota, además de 15 triunfos por la vía del nocaut.
‘El Tigre’ es temido porque sus nocauts de derecha o izquierda, los cuales conecta “en la mandíbula porque es un punto en el que, cuando lo pega dónde es, las piernitas van para el suelo”.
Sin embargo, Orobio tiene un AS bajo la manga, un golpe de derecha a la cara que manda al rival a besar la lona, pero casi no lo lanza porque “es peligroso. Si no lo haces bien, se te sale el hombro”.
Ese golpe lo llevó, hace una semana, en Montreal, Canadá, en donde reside y ha realizado la mayoría de sus combates, a retener el título Continental de las Américas del Consejo Mundial de Boxeo, división súperligero (140 libras).
Por eso está enfocado en “cumplir mi sueño de ser campeón mundial indiscutido, puede ser este o el otro año”.
Hoy, lejos de su tierra, ‘El tigre’ Orobio carga con el peso de sus recuerdos de la infancia y su crianza, esos que lo llevan a impulsarse para convertirse en una leyenda del boxeo colombiano.
El perfil
Nombre: Jhon Orobio Sinisterra.
Fecha de nacimiento: 21/06/2003.
Padres: David Orobio y Luz Jenny Sinisterra.
Abuelos: Victorino Orobio y Elvia Mina Salazar
Logros: Campeón municipal, departamental, regional e internacional de 60 kilos. Medallista mundial de bronce. Campeón Continental WBC.
La Frase
Cuando yo estaba chiquito, miraba a mis amigos cuando sus papás les daban regalos y otras cosas. Eso era muy duro, yo decía: ¿dónde están los míos? Pero, gracias a Dios, tuve gente que no me desamparó”.