Las grandes obras de arte tienen el poder de hacer irreal la vida: alteran la percepción, motivando el deseo —extremo en algunos casos— de que el mundo real y el mundo de la imaginación puedan llegar a ser el mismo. Esta curiosa paradoja tiene como complemento un fenómeno sobrenatural: el que los grandes artistas —con frecuencia— pueden estar más vivos después de muertos, como ocurrió con Andrés Caicedo, el escritor caleño que murió a los 25 años, el 4 de marzo de 1977, sin mayor reconocimiento en aquella época, pero que hoy es considerado un clásico moderno de la literatura colombiana.

Nadie mejor que Sandro Romero Rey para dar fe de la existencia post mortem de Andrés Caicedo, puesto que fueron él y Luis Ospina —gracias al permiso de Carlos Alberto Caicedo, padre del escritor— quienes con total admiración y generosidad por el amigo fallecido abrieron el baúl con su obra inédita y comenzaron un largo proceso editorial para darle el lugar que se merece entre los grandes escritores del siglo XX.

Sandro Romero Rey es escritor, crítico cultural, dramaturgo, actor, guionista, profesor universitario, entre sus libros se destacan Memorias de una cinefilia, Género y destino: la tragedia griega en Colombia, Oraciones a una película virgen, ¿Qué pasó con Seki Sano?, y El Miedo a la Oscuridad. | Foto: Lalo López

En 2019, tras la muerte de Luis Ospina, Sandro quedó con el compromiso de cerrar este círculo editorial, de libros publicados y amistades literarias sostenidas por más de 40 años, más allá de la vida y la muerte, en un diálogo permanente con el fantasma de Caicedo y ahora también con el fantasma de Ospina.

Como parte de la celebración por el cumpleaños 75 de Andrés Caicedo, que se cumplirá el 29 de septiembre, Sandro Romero Rey, en una especie de ritual de transición y desprendimiento, rendirá un homenaje teatral al escritor con el que, como un fantasma familiar, viene conviviendo desde hace tanto tiempo. Se trata de la obra teatral Destinitos Fatales, que se estrenará en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, de Bogotá, este 26 y 27 de septiembre.

La presentación es, al mismo tiempo, un adelanto precoz —característica muy caicediana— de la conmemoración por los 50 años de muerte del escritor y de la publicación de ¡Que Viva la Música!, que se realizará en 2027, mismo año en el que se publicarán —editados por Sandro— los últimos tomos de sus obras completas.

Romero espera poder presentar la obra en Cali, en 2027. | Foto: Teatro Mayor JMSD

En medio de los ensayos para su montaje, el escritor, crítico cultural y dramaturgo caleño, habla de su relación con el fantasma de Andrés Caicedo y de cómo el Grupo de Cali creó una ciudad imaginada que hoy todos aman.

—¿Por qué afirmó que esta obra es “el cierre de un gran ciclo”?

Es que la historia con Andrés es de larga data, comenzó desde el Cine Club de Cali a principios de los 70, pero se formalizó después de su muerte haciendo la compilación de su obra póstuma, que empecé a hacerla hacia el año 80 y desde año 82 con Luis Ospina.

De alguna manera, parte de mi vida estuvo determinada por trabajo de investigación y compilación de esta obra y, aunque en algunos momentos he tratado de dejarlo, finalmente aparece otra cosa y otra cosa, es una obra que siempre está pidiendo mi acompañamiento.

Así que pensando en la conmemoración de los 50 años de su muerte, el 4 de marzo del 2027, me pareció una fecha muy significativa para cerrar este ciclo con algo importante tanto para mí como para la memoria de Andrés Caicedo, juntando nuestra pasión por el teatro. Decidí hacer una obra teatral con el mismo título que le pusimos Ospina y yo a la primera compilación póstuma que hicimos de su obra en 1984: Destinitos Fatales.

—¿Cómo fue el trabajo creativo para adaptar la obra narrativa de Caicedo al teatro?

Andrés comenzó escribiendo y dirigiendo teatro cuando estaba en el colegio, y uno de los volúmenes que sacamos en las obras completas es el de sus obras teatrales, que hizo entre los años 1966 y 1972, y la última obra que él escribió y dirigió, que se llama El Mar, yo la monté en 1996. Hicimos más de 200 funciones. No había vuelto a su teatro hasta ahora que me interesó hacer algo sobre sus relatos góticos, o lo que llaman gótico tropical.

Sandro Romero Rey reunió en Destinitos Fatales un grupo de importantes actores y actrices, consagrados y de nuevas generaciones, para rendir tributo a la obra de Andrés Caicedo. | Foto: Facebook Sandro Romero Rey

Algo que en los últimos años se ha estudiado mucho como un subgénero de nuestras tierras, es el llamado el gótico tropical y que tiene parte de su génesis en la obra literaria de Caicedo. Y para esta obra decidí compilar sus textos góticos, no todos, pero sí una buena cantidad, apoyándome sobre todo en el relato Antígona, del año 1971, que después él retomó para su novela Noche sin Fortuna, y que es protagonizada por una mujer antropófaga.

Ese es el eje de la adaptación, pero los personajes de otros cuentos también se van metiendo. Es como un sueño dentro de un sueño, o una película dentro de una película, con distintos relatos.

Es como una especie de texto caníbal en el que se van devorando los relatos unos con otros y el resultado es esta obra de gran formato que me tiene muy contento. Esperamos poder llevarla a nuestra ciudad. En el marco de los 50 años, mi sueño es hacer una función en Cali.

—¿Cómo definiría la curiosa relación que ha sostenido con Andrés Caicedo y su obra?

El título de la obra: Destinitos Fatales, tiene que ver un poco con eso, es un jugueteo de mi relación con Andrés, porque yo tengo una suerte de destinito fatal con él. Aunque no ha sido tan fatal, ha sido algo que he disfrutado mucho durante todos estos años, pero fatal en la medida en que estoy como obligado, en el buen sentido del término, a estar ahí presente con todo lo que ha sucedido en la difusión de su obra. Y me gusta mucho hacerlo, y a Luis Ospina también le encantaba.

Pero, por supuesto, nosotros nos hemos dedicado a muchas otras cosas durante estos años. En mi caso, he publicado 14 libros, con mis artículos, crónicas y novelas, creado obras teatrales exitosas y participado en diferentes producciones, además de mi labor como maestro universitario.

Luis, por su parte, hizo más de 34 películas y es uno de los grandes directores latinoamericanos. Jamás se trató de nosotros, sino de Andrés, de mantenerlo vivo con su obra. Yo creo que Andrés fue un genio a su manera y en su momento, y la prueba de que no nos equivocamos es que han pasado los años y lo siguen leyendo todavía más. No nos dedicamos a vivir del muerto, como dicen a veces algunos detractores de oficio. Si no todo lo contrario, ayudamos a que una obra obtuviera que admiramos ganara el reconocimiento que se merece, a que su autor perviva y tenga un más allá a través del arte.

—¿Qué piensa de la imagen pop de Andrés Caicedo, considerado el escritor emblemático de Cali, aprovechado así por la oficialidad, pero convertido como en un personaje inofensivo y correcto? ¿No pierde algo de su rebeldía?

Cuando alcanzan el reconocimiento, los autores y sus obras cobran vida propia, de modo que cada cual escoge la parte que más le interesa, y Andrés puede ser un autor oficial entre comillas, ser el autor por antonomasia de Cali, y al mismo tiempo, ser un autor contestatario, marginal, el escritor que le gusta a los jóvenes provocadores.

Creo que eso también habla muy bien del autor, que pueda dialogar en distintos paisajes y en distintas circunstancias, y que salga victorioso de todos estos entornos. No me parece que estas apropiaciones le hagan daño a ningún autor, así ocurre con la lista de los grandes autores de la literatura, juegan en esos dos límites y siempre depende del tipo de lector, de la manera como asume cada uno la obra de acuerdo a su propia sensibilidad.

—¿Cómo considera que el Grupo de Cali, del que hicieron parte Andrés Caicedo, Luis Ospina, Carlos Mayolo, Eduardo ‘La Rata’ Carvajal y usted mismo, influyó en la cultura colombiana?

Cuando Luis Ospina estrenó Todo Comenzó por el Fin, el documental sobre el Grupo de Cali y que muestra parte de su enfermedad, comentábamos que de pronto esa película corría el riesgo de ser muy local y no tendría suficiente trascendencia. Pero la respuesta fue tan grande, Luis fue invitado a presentarla en tantas partes del mundo, estuvo en Argentina, China, Japón, Francia, Estados Unidos, donde fue muy bien recibida, por lo que, después reflexionar, comprendimos que era universal. Porque en casi todas las ciudades ha habido un equivalente al Grupo de Cali, jóvenes artistas y cinéfilos, amantes de la literatura que se reúnen y que arman un combo creativo.

Así ocurrió con la nueva ola francesa, con el nuevo cine alemán, el free cinema inglés y el cinema novo en Brasil. Surgieron estas pequeñas congregaciones juveniles de creadores que contando historias afines a su generación, desde diferentes artes, contaron su ciudad y su tiempo de forma universal. Y el Grupo de Cali creó un universo que no se parece al de ninguna otra parte, sino al de nuestra ciudad, así que hay una Cali que pertenece al territorio de la imaginación, es la Cali de ¡Que Viva la Música!, Pura Sangre y Carne de tu Carne, que hoy es un referente universal como la Dublín de James Joyce en el Ulises, la Santa María de Onetti en La Vida Breve, o el Macondo de García Márquez en Cien Años de Soledad.

Destino literario

En 1984, cuando la editorial Oveja Negra publicó el libro Destinitos Fatales, la compilación póstuma con las narraciones de Andrés Caicedo, seleccionadas por Sandro Romero Rey y Luis Ospina —y que hoy es una joya para bibliófilos—, el primero en recibir algunos de los ejemplares fue Carlos Alberto Caicedo, padre del difunto escritor.

Carlos Alberto Caicedo, padre del escritor, fue quien, tras morir su hijo, emprendió la recopilación y custodia de toda su obra póstuma. | Foto: Archivo personal Rosario Caicedo

Como obsequio a su hija Rosario, que vivía en Estados Unidos, don Carlos Alberto guardó una de estas primeras ediciones y se la entregó en diciembre de aquel año. En las primeras páginas escribió una dedicatoria donde dejó manifiesto de forma casi profética el destino literario que le esperaba a la obra de su incomprendido hijo:

“Estoy seguro de que al leer este libro de Andrés volverás a vivir como nosotros todas sus angustias y gozar todos sus éxitos. Saborear sus triunfos así sean póstumos. (...) Para mí es una confusión de sentimientos estos éxitos de Andrés: siento nostalgia por su ausencia, satisfacción por su presencia espiritual y un rictus indescifrable de tristeza, pesar y tal vez arrepentimiento por no haberlo podido comprender en vida. ¿Alguien podrá descifrar su rara personalidad? Francamente pasarán los años y su figura y su nombre irán ascendiendo. Tú podrás ver en cada pieza su estilo trágico, sencillo, lacerante. Cada una de sus indescifrables historias, tan misteriosas como lo fue su vida propia. Paz en su tumba y gloria a su nombre”.

A punto de cumplirse 50 años de la trágica y prematura muerte del escritor caleño, las palabras de su padre —fallecido en 2010— adquirieron completa verosimilitud, en buena medida por esos “pocos buenos amigos”, en particular Sandro Romero Rey y Luis Ospina, que no abandonaron la noble causa de lograr el reconocimiento universal para la obra de Andrés Caicedo.

En sentido estricto, la primera obra póstuma no fue Destinitos Fatales (1984), dado que poco después de su muerte y la salida de ¡Que Viva la Música!, la Editorial La Carreta, de Medellín, publicó una edición de Angelitos Empantanados, que el autor ya había dejado lista, aunque no tuvo mucha circulación.

Amigos y familia: Luis Ospina, Rosario Caicedo y Sandro Romero Rey. | Foto: Archivo personal Rosario Caicedo

Por eso, el volumen de la narrrativa caicediana seleccionada por Sandro y Luis fue el primer gran impulso para ampliar el alcance de su obra más allá de los límites de Cali.

Hicieron falta otros quince años para que ellos lograran publicar Ojo al Cine (1999), el libro con la crítica cinematográfica de Caicedo que, de inmediato se convirtió en objeto de culto.

Después continuaron reediciones con títulos independientes de lo que ya se había conocido en esos dos libros editados por los amigos.

Solo hasta 2018, después de un proceso kafkiano para lograr que se liberara la correspondencia sin censura del escritor caleño, la Editorial Planeta inició la publicación de las obras completas de Caicedo, siguiendo el orden establecido desde los años 80 por los recopiladores y editores Romero y Ospina, que dividieron todo el trabajo póstumo de acuerdo a géneros, prologando con estudios rigurosos cada volumen.

La obra de Andrés Caicedo tiene, hasta la fecha, traducciones a seis idiomas principales de Europa: inglés, francés, alemán, italiano, portugués y finlandés. | Foto: Archivo personal Rosario Caicedo

A la fecha, de este proyecto editorial se han publicado nueve títulos, algunos por primera vez, como la correspondencia en 2019, año en que murió Luis Ospina, también los guiones y el teatro de Caicedo.

En 2027, durante la conmemoración de los 50 años de su muerte, se publicará el último título de las obras completas.

Como afirma Rosario Caicedo, en el caso de Sandro, “él se convirtió en un amigo póstumo de Andrés, en el sentido de que uno se hace amigo de los escritores que ama sin importar cuando hayan vivido, y Sandro lo admiró profundamente desde que estaba vivo. Recuerdo que, siendo niño, él vio el montaje que hizo Andrés de Las Sillas, de Ionesco, y después lo conoció en el Cine Club de Cali. Conversaron en algún momento, pero en aquella época no fueron amigos tan cercanos, como lo fueron Ramiro Arbeláez y Luis Ospina, teniendo en cuenta que Sandro era siete años menor que Andrés”.

Rosario, una defensora del legado de su hermano, detalla que “mi papá me contó por teléfono que había ido un muchacho muy joven con Luis ‘que se ha dedicado a investigar sobre Andrés y quieren publicar lo que él no pudo publicar’. Así empezó ese proceso. Sandro y Luis se dedicaron a organizar todo lo que mi papá había guardado. Fueron mi papá, Luis y Sandro los que lograron que Andrés continuara publicando después de muerto, porque si no, ¿quién sabe lo que hubiera pasado? Y ahora, evidentemente, Sandro es el amigo que para mí sostiene aún esta cadena de afectos y admiración por un escritor y es la persona que sabe más sobre la obra de Andrés en Colombia”.

Una obra caníbal

La obra teatral Destinitos Fatales, creada por Sandro Romero Rey, está atravesada por algunos cuentos emblemáticos de Andrés Caicedo, que entran en la estética de lo gótico tropical, pero la base narrativa es su novela inconclusa —menos conocida que ¡Que Viva la Música!— llamada Noche sin Fortuna y considerada, “el testamento literario de su autor”.

Emmanuel Restrepo, Myra Patiño y Alejandra Chamorro son los protagonistas de la obra teatral en homenaje a Andrés Caicedo. | Foto: Santiago Caicedo

La novela cuya complejidad formal es mucho más arriesgada que en otras narraciones, es protagonizada por Antígona, una especie de vampiresa o deidad seductora que devora a los hombres en una Cali pesadillesca. Dentro de este marco aparecen otros personajes de obras diferentes, como Angelita, o el conde, o el protagonista del cuento Infección.

Sobre la puesta en escena, su creador y director detalló que es una obra experimental, con actuaciones en diferentes formatos.

“Yo quería hacer una obra para un teatro grande, con toda la infraestructura y toda la juguetería, entre comillas, de un gran escenario. El apoyo del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo me permitió hacer un montaje en que mezclo el teatro con el cine, de modo que filmamos imágenes originales con actrices que hará su papel desde la pantalla”, cuenta Sandro.

De hecho, uno de los momentos más destacados de la obra, es la recreación del cuento Los Mensajeros, que fue realizada en formato audiovisual, con las actuaciones de Margarita Rosa de Francisco, Alejandra Borrero, Vicky Hernández, María Helena Doering, Dubián Gallego y Johan Velandia.

Mientras que en vivo, la obra cuenta con las actuaciones de Myra Patiño, Alejandra Chamorro, Daniel Gómez y Emmanuel Restrepo, “algunos de los y las mejores intérpretes de las nuevas generaciones del teatro colombiano”.

Sandro Romero Rey también actúa en la obra Destinitos Fatales, junto a Myra Patiño que interpreta a Antígona. | Foto: Santiago Caicedo

Myra Patiño ya trabajó con Sandro en el unipersonal Pola Ardiente, representado con mucho éxito entre el 2024 y 2025, y fue su alumna de tragedia griega en la Universidad Distrital de Bogotá, donde se graduó con una tesis sobre el gótico tropical. Ella es quien encarna a la antropófaga Antígona.

“Es muy significativo para mí como actriz, ya que he venido trabajando este género en el teatro. Creo que el público que ama a Andrés Caicedo va a sentirse dentro de su universo, y también es una oportunidad para las personas que no lo conocen, una invitación para que descubran a este autor colombiano, en esta puesta en escena que va a ser completamente experimental y también muy literaria, con referentes cinematográficos que sé que muchos van a identificar”, comenta Myra.

Por su parte, Alejandra Chamorro, actriz y escritora, cuya obra Goodbye, en colaboración con Emmanuel Restrepo, y donde abordan la depresión, fue todo un éxito en 2025, encarnará a un personaje icónico de la narrativa caicediana Angelita.

“De entrada es muy importante participar en esta obra, porque soy caleña, y desde hace 17 años que inicié mi carrera teatral, la literatura de Andrés Caicedo me ha influenciado. La primera obra profesional que yo hice fue con textos de Caicedo”, asegura Alejandra.

Y por otro lado, sostiene que “la ópera prima que yo escribí, que es Goodbye, es una obra sobre el suicidio, y esto también es importante porque es un tema muy central en la obra de Caicedo”.