La película ‘Mudos testigos’, es protagonizada por los legendarios actores Mara Meba, Roberto Estrada Vergara y Rafael Burgos, y narra la historia de amor entre Efraín y Alicia, quien está comprometida en matrimonio con Uribe, un hombre rico y poderoso. Pero estos actores de los años 20 del siglo pasado, no actuaron precisamente para esta producción, sus imágenes regresaron a la pantalla, gracias al trabajo de collage o compilación, que fue idea original de Luis Ospina y que materializó Jerónimo Atehortúa tras la muerte del cineasta caleño en 2019. Por lo que vale aclarar, ‘Mudos testigos’ no es un documental o un filme restaurado, es algo mucho más innovador.

Las películas de collage o de compilación como también las llaman, son ya una tradición o un género en el cine. En Colombia se han hecho algunas, pero no son muy conocidas. Este tipo de películas aparecen sobre todo dentro del cine experimental.

“No es muy común es realizar películas narrativas con fragmentos de otras películas. ‘Mudos testigos’ es bastante atípica, no solo en nuestro país, sino también en el panorama mundial, en el sentido de que toma varias tradiciones y las une: es una película narrativa, de género (melodrama), pero también es una película de archivo, experimental, con elementos de documental y relato en primera persona”, explica el director Jerónimo Atehortúa.

En su construcción se usaron imágenes de filmes como ‘Aura o las violetas’ (1924), ‘El amor, el deber y el crimen’ (1926), ‘Como los muertos’ (1925), ‘Madre’ (1924), ‘La tragedia del silencio’ (1924), ‘Garras de oro’ (1926), ‘Bajo el cielo antioqueño’ (1925), ‘Alma provinciana’ (1926), ‘María’ (1926), ‘Manizales city’ (1925), ‘El Valle del Cauca y su progreso’ (1926), ‘Carnavales estudiantiles’ (1928), ‘Colombia victoriosa’ (1932), ‘Paralelas de acero’ (1946), ‘El trágico final de Gardel, su última despedida’ (1935) y ‘Los primeros ensayos del cine parlante nacional’ (1937). Además de algunas películas extranjeras.

Al no ser un documental pedagógico sobre la historia del cine colombiano, sino una historia de ficción en la que actores y películas de la primera mitad del siglo XX en Colombia narran el paso del cine mudo al sonoro, ‘Mudos testigos’ tuvo la posibilidad de hacer su debut internacional en el Festival de Cine de Rotterdam, donde participó en la sección Harbour, un apartado destinado al cine contemporáneo.

Ahora, esta película póstuma de Luis Ospina y ópera prima de Jerónimo Atehortúa, que se estrenó la semana pasada en Bogotá, se prepara para llegar a la Cinemateca del Museo La Tertulia en Cali, donde se presentará el próximo sábado, 11 de marzo, a las 6:00 p.m. El estreno contará con la presencia del director Jerónimo Atehortúa, quien tendrá un conversatorio al final de la proyección.

Antes de su llegada a nuestra ciudad, El País conversó con el director medellinense que hace su debut de la mano del gran Luis Ospina, cuyo legado continúa más vivo de nunca.

Jerónimo Atehortúa es crítico, profesor, autor del libro ‘Los cines por venir’, y productor de películas como ‘Pirotecnia’ y ‘Como el cielo después de llover’. ‘Mudos testigos’ es su ópera prima.

¿Cómo inició esta codirección de ‘Mudos testigos’ entre Luis Ospina y usted?

El proyecto lo inició Luis Ospina. Él quería hacer una película sin filmar, decía no tener energía para un nuevo rodaje, así que delimitó los materiales y el arco que abarca el paso del cine mudo a las películas sonoras. Inicialmente, iba a ser una película con cierta vocación clásica, pero cuando él me buscó para que fuera el productor, el proyecto fue creciendo de la mano de los dos, hasta adquirir la identidad experimental que hoy tiene.

En el 2019 viajamos a Francia (al FIDLab) para presentar los primeros cinco minutos editados y nos ganamos un premio, pero cuando regresamos Luis se enfermó mucho. Para él lo importante siempre fueron las películas, no tanto la autoría, por eso especificó que, si llegara a faltar, yo debería terminarla. Luis murió en septiembre de 2019. Dejó todo el concepto y el ADN claro, pero la película era un esqueleto.

Cuando murió Luis Ospina, ¿no estaba el guion completo?

No, solo teníamos una historia de cinco minutos, y un montón de apuntes, que indicaban hacia dónde dirigirse. Yo sabía que Luis quería hacer un melodrama sobre un amor imposible, estaba claro que el protagonista debía ser Roberto Estrada Vergara porque estaba en varias películas, pero todo se fue adaptando.

Aquí la escritura del guion no se desarrolló como generalmente se hace en los proyectos cinematográficos, sino que las mismas imágenes fueron contando sus historias y Juan Sebastián Mora y yo (guionistas) íbamos encontrando relaciones. También fue fundamental el proceso de montaje llevado a cabo por Juan Sebastián Mora y mi hermano, Federico Atehortúa, y cuando queríamos, por ejemplo, contar más sobre la situación política, recurríamos a las imágenes de los noticieros de los Acevedo.

‘Mudos testigos’, se escribió siguiendo lo que el material dictaba, era necesario ver y escuchar las imágenes para ir forjando la relación.

¿Por qué el nombre ‘Mudos testigos’?

Luis Ospina llegó a mí con ese nombre y me comentó que este hacía referencia a esas películas que, de alguna manera, son testigos del paso del tiempo, porque no se trata tanto de lo que cuentan, de su historia, sino de los archivos mismos y de cómo estos son testigos mudos de lo que ha acontecido.

Por eso, muchas veces nos preguntamos si las imágenes debían ser restauradas. Finalmente, tomamos la decisión de no hacerlo porque los hongos y las ralladuras en sí mismos cuentan una historia, son testimonio del paso del tiempo.

¿Cómo se entrelaza ‘Mudos testigos’ en la cinematografía de Luis Ospina y la suya?

Luis Ospina fue un documentalista que se preguntaba sobre cómo la sola presencia de la cámara determina la percepción que nosotros tenemos de los eventos. No hay que olvidar que muchos eventos, como los políticos, están hechos para la cámara. Le interesaba mucho el ‘fake’ (falsificación) como género, y eso ocurre con una de las mejores películas de la historia del cine, que es un cuestionamiento de lo real en el cine, me refiero a ‘Agarrando pueblo’, de Ospina y Mayolo, donde juegan a hacer una ficción antropológica.

Allí hay una serie de intervenciones del cineasta que empiezan a incomodar al espectador para que se pregunte si lo están manipulando, tal vez, recurso que utiliza en ‘Un tigre de papel’.

Como cineasta también me interesa mucho ese cuestionamiento y, curiosamente, se relaciona con ‘Pirotecnia’, una película que dirigió mi hermano Federico Atehortúa y yo produje, que juega con las potencias de lo falso en la imagen, porque el problema de la imagen no es si es auténtica o no; sino quién la controla.

Horarios de 'Mudos tesitgos' en La Cinemateca:

Viernes 10 de marzo - 6:00 p.m.
Sábado 11 de marzo - 6:00 p.m.
Domingo 12 de marzo - 4:00 p.m.
Jueves 16 de marzo - 6:00 p.m.
Domingo 19 de marzo - 4:00 p.m.
Sábado 25 de marzo - 4:00 p.m.
Domingo 26 de marzo - 4:00 p.m.

Debate sobre el uso de imágenes de archivo, ¿obra original?

“En las artes plásticas desde hace años se debate sobre cuál es la especificidad del acto creador, qué actos pueden constituir arte y qué es una obra original, esa discusión la puso en primer plano Marcel Duchamp cuando hizo sus “ready mades”, auténticos actos de alquimia con los que transformaba objetos mundanos en arte”.

“Con las imágenes ese debate tiene sus propias complejidades porque, si yo utilizo una imagen que filmó alguien y le doy un nuevo uso, cambiándola de lugar, o generando una narrativa nueva a partir de ella, la imagen original parece haberse transformado por medio de una operación creativa. Las imágenes del cine por definición no son imágenes sueltas, son también lo que las demás imágenes que la rodean le permiten ser”, expresa el director Jerónimo Atehortúa.