A primera vista, una persona callada, calmada, nada apresurada y un poco distante, no promete lograr mucho a futuro. Por otro lado, nadie desea estar triste, o espera fracasar en sus proyectos. Sin embargo, como lo comprueba la escritora norteamericana Susan Cain en dos libros ahora disponibles en español, a este tipo de personas, los introvertidos, “debemos una parte nada desdeñable de las ideas, el arte y las invenciones más excelentes de que disfrutamos (de la teoría de la evolución o los girasoles de Van Gogh hasta los ordenadores personales)”.

Y, sobre ese sentimiento impresentable, en ‘Bittersweet, la fuerza de la melancolía en un mundo que rehúye la tristeza’, la escritora afirma que es una emoción “prosocial, porque suscita la compasión, palabra que significa etimológicamente ‘sufrimiento compartido’, y logra ser un agente de conexión y de amor”.

En ambos libros, Susan Cain despliega profundas investigaciones para describir cómo los introvertidos pueden aprovechar su potencial creativo, al tiempo que expone sus críticas sobre el culto a la extroversión. Igualmente, propone un modo de vivir agridulce (bittersweet) que nos permita transformar el dolor en belleza y empatía, como lo hicieron artistas, científicos, activistas por los derechos humanos y algunos líderes políticos.

La escritora y conferencista internacional, cuyos libros están traducidos a más de 40 idiomas, habla de su interés por derribar los prejuicios sobre formas de ser consideradas poco exitosas y sentimientos tachados de negativos.

—¿Cada libro es independiente, existi una relación entre ambos?

Al principio, cuando empecé a trabajar en ‘Bittersweet’ no esperaba encontrar relaciones con mis trabajos anteriores, se trataba de un libro completamente diferente, como efectivamente lo es. Pero, al poco tiempo, me percaté de que como en ‘Quiet’, ‘Bittersweet’ también trata sobre una manera de ser en el mundo, que comprendida de la forma adecuada es como un superpoder, pero que la cultura normal no reconoce como tal. Creo que realmente estos dos libros sobre el poder de los introvertidos y la fuerza de la melancolía, se alinean con mi filosofía de vida, porque hay muchos tipos de poderes, y algunos tenemos de un tipo y otros de otro, y parte de la tarea que tenemos en nuestras vidas es descubrir qué tipo de poder nos viene más natural. Sin duda hay personas con una forma de ser agridulce o introvertida que pueden convertir en un superpoder.

—Me parece que hay un fundamento muy estoico cuando plantea de esta forma personalidades y emociones que tradicionalmente son consideradas negativas, ¿tuvo en cuenta esta corriente filosófica para sus libros?

Es interesante que pregunte eso, y creo que sí hay alguna relación. Porque el estoicismo se centra en el hecho de que la vida no es permanente y que podríamos morir mañana, o que las personas que más amamos podrían morir mañana, y cuanto más eres consciente de esto, más libre eres para captar la belleza de la vida. En ese sentido, el estoicismo se entrelaza con el ser agridulce. De hecho, ahora recuerdo que en una ocasión asistí a una conferencia sobre el estoicismo y el amor, aunque en ese momento no sé por qué precisamente fui, sentía que había una verdad allí. No terminé escribiendo sobre esa experiencia directamente, pero sí pienso que el estoicismo me ayudó a encontrar el sentido en el modo de vida agridulce.

—¿Su interés para abordar a los introvertidos en ‘Quiet’, partió de reconocerse a sí misma, o a alguien cercano, con esta personalidad?

Sí, realmente tengo esa clase de personalidad, y vengo de una familia de introvertidos. Siempre fue algo sobre lo que pensaba, incluso antes de ser escritora, cuando trabajaba como abogada. En esa época estaba muy interesada en los temas de género, y a eso me dedicaba en la firma de abogados, entonces pensaba mucho en que la única forma para dialogar sobre las diferencias en el comportamiento, en negociaciones, en la vida interpersonal y en general, era mediarlo por el sexo y el género. Sin embargo, no podía explicar del todo el modo en que actuaban las personas, por eso empecé a indagar más y encontré que para muchos investigadores la introversión y la extroversión eran como los dos polos, el norte y el sur, del comportamiento humano, pero nadie hablaba acerca de esto. Así también reconocí más mi propia personalidad y fui entendiendo cómo estas dinámicas determinan las relaciones interpersonales.

—Otro punto en común de ‘Quiet’ y ‘Bittersweet’, es la crítica de la “positividad tóxica”, presente en los contenidos de superación y autoayuda que consume gran parte de la población en el mundo…

Sí y mucho, diría que ahora mismo en los Estados Unidos la idea de una “positividad tóxica” se ha vuelto muy popular, pues las personas se están dando cuenta que esto es un problema. Y es algo muy complicado de analizar, porque por supuesto, ser alguien positivo está bien, disfrutamos estar felices y ser optimistas, estas son emociones placenteras y productivas. El problema es que estas no son todas nuestras emociones, y luego está el hecho de que las emociones agridulces, de la incertidumbre, el dolor y el anhelo, todas están conectadas con las otras, y estas son nuestras grandes salidas para la creatividad, la trascendencia, la conexión profunda entre seres humanos y la espiritualidad.

Ahora mismo, cuando no tenemos una manera efectiva de hablar sobre estas emociones, es que necesitamos comprenderlas mejor. Esto lo vemos en Estados Unidos, pero también en el mundo hay mucha división y desconfianza. Entonces, la única manera de cerrar las brechas es compartir los dolores de los otros y dialogar sobre esas cosas que nos molestan y nos hieren, porque son parte de la vida y no hay ningún humano que pueda escapar de ellas. No se trata de hablar todo el tiempo de esto, sino de abrir espacios para que se puedan discutir eventualmente, cuando es necesario.

—En ‘Bittersweet’ se refiere a la música de Leonard Cohen, para quien el fracaso era una de las experiencias que hacían bella a la vida…

No diría que el fracaso en sí mismo es hermoso, ninguno disfruta la experiencia de fallar, pero creo que es como dar un paso hacia atrás y ver el mundo en su totalidad, no solo un lado, porque la vida siempre incluye tanto el éxito como los fracasos, la pena y las alegrías, la luz y la oscuridad. Y esa verdad es realmente lo que nos ilumina y une como humanos, esto es la vida. En ese sentido, para Leonard Cohen, no recuerdo si lo dijo así exactamente, para él todo está roto y es hermoso al mismo tiempo. Incluso, llevándonos por él, podemos decir que todo es un fracaso y un éxito simultáneamente, vivimos como en olas que nos levantan y luego caen sobre nosotros, porque la vida humana es estar abiertos y vulnerables a estos dos estados.

—¿Por qué consideró pertinente hablar en estos tiempos del poder de las emociones negativas?

Escribir sobre las emociones negativas es hablar de lo que nos hace humanos, ahora mismo estamos en un momento en el que las problemáticas derivadas de la pandemia y la guerra están en el primer lugar de nuestra mente, así que hablar de emociones negativas ayuda a las personas a lidiar con estas situaciones, a canalizarlas. Pero en realidad debemos hablar de ello en todos los momentos, bien sea que todo esté bien o todo mal.

Empecé a trabajar en este libro hace unos siete años, mucho antes de la pandemia y de la guerra en Ucrania, pero en cualquier momento de la historia humana, siempre estamos al borde de uno u otro de estos acontecimientos, y claro, de tener alegría al mismo tiempo. Por lo que no deja de ser pertinente escribir este tipo de libros, puesto que los dos grandes anhelos de las personas son decir la verdad y decir cómo nos sentimos realmente, y una de las cosas que pueden hacer los libros, y por las que nos enamoramos de la lectura, es que un autor puede encontrar la forma de expresar cómo nos sentimos y decirlo, aunque no sea socialmente aceptable decirlo en un supermercado o hablarlo con tu hijo después de la clase. Precisamente porque no son cosas que todo el mundo está discutiendo, nosotros como escritores sí podemos ponerlas en un libro y que lleguen a quienes buscan esa verdad de sí mismos, para que al final se encuentren espacios para dialogar y dejarlo salir de formas provechosas.

Siento que las muchas cartas que recibo por ‘Quiet’ y ‘Bittersweet’, de lectores agradecidos, corresponden con esa necesidad de encontrar alguien que exprese lo que ellos sienten.

—Y, en un mundo obsesionado por el éxito y el positivismo, ¿qué importancia tienen el arte y la literatura?

Es muy importante, supongo que es como lo dije antes, la razón por la que leo y escribo libros. Pero también aplica para el arte en general y para la religión. De hecho, escribí ‘Bittersweet’ para responder a la pregunta de qué es eso que sentía cuando escuchaba música triste, porque toda mi vida he amado este tipo de música, como la de Leonard Cohen, que me produce una reacción misteriosa. Me pregunté por qué la música triste o el arte triste me hace sentir bien, y es porque expresan algo profundo y verdadero del espíritu humano. También pasa con la experiencia religiosa, puedes ir a la iglesia y ver la imagen de Jesús sufriendo en la cruz, o ves la de María ofreciendo su amor incondicional en medio del dolor, y te conmueve. Escuchas la Novena Sinfonía de Beethoven, o la 'Oda a la alegría' que habla también del dolor, y sientes algo auténtico en tu interior. De algún modo dependemos del arte y la religión para expresar estas verdades profundas para las que nosotros en la vida cotidiana no estamos preparados, y es el paso necesario para después poder expresarnos por nosotros mismos.

—¿Tomó del arte y la literatura ejemplos de cómo expresar nuestras emociones agridulces?

En ‘Bittersweet’, en el capítulo dos, comparto varios ejemplos al respecto. Pero me gustaría destacar al poeta español, Federico García Lorca, quien supe coleccionó las canciones de cuna populares de Andalucía, y después de escucharlas con atención concluyó que se utilizaban las melodías más tristes para acompañar los sueños de los niños. Es algo muy interesante lo que él dice sobre esto, porque considera que la capacidad de expresar los anhelos profundos y espirituales de la gente, es el “poder misterioso que todos sienten y que ningún filósofo explica”. Amo esa cita y realmente pienso que escribí este libro para intentar explicar ese poder misterioso.

—¿Considera que en Estados Unidos, un líder como Donald Trump, representa ese culto al “positivismo tóxico” y la personalidad extrovertida en su peor faceta?

Sé a lo que se refiere con ello, pero es difícil precisarlo, porque para mí Trump no es solo un extrovertido, también es un narcisista, y esto implica analizar con más detalle su personalidad. No todos los extrovertidos son narcisistas, así que debo ser muy cuidadosa para considerarlo.