La Sucursal del Cielo tiene en su historia muchas anécdotas que describen la vida de pasión y fe de los caleños en los inicios de la ciudad después de los años 1600. El cielo en una ciudad que no solo es salsa, sino también devoción cristiana.

Algunas de las fuentes disponibles para la consulta de curiosos lectores son los textos de ‘Tertulias del Cali viejo’, disponible en el centro de documentación de la Biblioteca del Banco de la República ubicada en el corazón del centro histórico de la ciudad. Algunos de los contertulios contaban que entre los años 20 y 40 pasaban en Semana Santa las ‘ánimas solas’, caleños que se vestían con túnicas moradas y llegaban a las casas y gritaban: “una limosna para los condenados en los infiernos”, una vivencia horrible que quedó en la memoria de los niños de la época.

La Virgen y el chontaduro

Fray Hernando de Granada, de la orden de Nuestra Señora de Las Mercedes, inició en 1541 la endeble edificación del ‘Real Convento de Las Mercedes y Redención de los Cautivos’.

En 1678 se reedificó la capilla mayor y la sacristía, de este forma parte la imagen de Nuestra Señora de Los Remedios, conocida como la Montañerita Cimarrona, de la que cuentan leyendas que “colocada la Virgen bajo el arco principal del monasterio, desaparecía misteriosamente”, y retornaba a su lugar original que, según se documenta, es en El Queremal.

La Virgen que carga un niño Jesús que en su mano tiene un fruto del chontaduro, logró quedarse en el altar que aún se encuentra en la iglesia La Merced, y a sus costados, como compañía, se colocaron dos figuras de indígenas.

Dicha Virgen, a la que evoca la imagen, desde el siglo XVI, comparte la devoción de caleñas y caleños por la de Nuestra Señora de las Mercedes, la cual llegó a la ciudad a través de los padres mercedarios y recibió la simpatía de blancos y españoles de la ciudad, mientras la ‘Montañerita’ era seguida por indios y mestizos.

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"Existe un desconocimiento del lugar de la iglesia en la historia de la ciudad, y una omisión con respecto a la riqueza histórica y patrimonial de estos templos y los relatos de ciudad que contienen".
Carolina Abadía Quintero,
Doctora en Historia

Plaga del comején, conjurada con las rogativas a San Francisco

Es posible encontrar en las actas del cabildo de la ciudad —que hoy reposan en el Archivo Histórico de Cali—, narraciones sobre las fiestas de la Visitación de Nuestra Señora a Santa Isabel, realizadas entre 1721 y 1741; San Roque (1670 – 1741); Santiago Apóstol (1568 – 1809); Nuestra Señora de Las Mercedes, a quien se le hacían rogativas cuando se extendían las temporadas de lluvia o de riguroso verano; Santa Isabel (1700-1739), Nuestra Señora de la Candelaria (siglo XVIII), entre otras.

Curiosamente, durante la colonia, se solía celebrar un santo para enfrentar cualquier calamidad, como ocurrió con la plaga de comején que se presentó en Cali entre 1721 y 1732, y que fue conjurada con la realización de rogativas a San Francisco Javier.

El calor, la Virgen y un milagro

En noviembre del año 1700 la ciudad pasaba por un fuerte verano, lo que llevó a las autoridades de la ciudad a solicitar a los padres mercedarios una rogativa en nombre de la Virgen de los Remedios, para que intercediera por la Sucursal del Cielo.

Según se menciona en un documento del Archivo Histórico de Cali, antes de realizarse dicha rogativa, el 27 de noviembre de 1700, no solo llovió en Cali, además, la figura de la Virgen había llorado: “que la dicha señora estaba sudando y habiendo ido y subido al dicho altar mayor vi palpablemente por la garganta copiosas gotas y que de los ojos y mejillas vertía otras en presencia de muchísima gente […] y después de otro rato volvió a sudar y de la misma frente lo hizo el Niño [Jesús] que tiene en los pechos”.


Desde principios del siglo XX hasta la actualidad, las monjas agustinas del convento La Merced se encargan de la elaboración de las hostias para la Semana Santa en la ciudad de Cali.

‘De como salvar el alma’ libro de la Dra. Carolina Abadia Q. trabaja distintas expresiones de religiosidad católica en Cali en el siglo XVIII.
Disponible en la web del Programa Editorial de la Universidad del Valle.

Procesiones nocturnas

Otro dato anecdótico es que las procesiones de Jueves y Viernes Santo, en el siglo XVII, se realizaban en las noches, como consta en uno de los libros de Gustavo Arboleda dedicados a la Historia de Cali, y “con presencia de disciplinantes con cruces cumpliendo penitencias”.
Uno de los recorridos pasaba por la intersección de la calle 12 con carrera 5, doblando al oeste hasta la plazuela del hoy inexistente convento de San Agustín, que estaba ubicado en la carrera 4 entre calles 13 y 14. Era la Ermita de la Soledad uno de los espacios de encuentro de los caleños desde el siglo XVII, siendo elegido como sede de pregoneros de los autos del cabildo. Iglesias y conventos tenían múltiples plazuelas que servían de espacios de reunión, como menciona Jacques Aprile, que desde el periodo colonial existieron las plazas de San Francisco, San Nicolás, Santa Roa, Santo Domingo y San Agustín.

Templos para la fe

La primera iglesia pajiza de San Pedro se levantó en 1574 y se le reemplazó por el actual templo (ubicado en la Plaza de Cayzedo), edificado por el arquitecto Antonio García en 1797, salvo la fachada, modificada a causa de un temblor de tierra ocurrido en 1927. El obispo de Popayán, don Fernando de Cuero y Caycedo, erigió la Parroquia de San Nicolás de Bari, en 1848, que es la que hoy se ubica en el barrio con su nombre entre la Calle 21 y 20 con Carreras 5 y 6.