Es común escuchar sobre la preocupación de algunas personas que consideran que sus encuentros sexuales duran muy poco tiempo. Sin embargo, los especialistas consideran que no está bien relacionar mayor satisfacción de los amantes con mayor tiempo de coito.

La idea de tener sexo durante un tiempo bastante prolongado resulta llamativa, así nos lo han vendido, pero es solo una fantasía alimentada por el cine.

En realidad una relación sexual que dura y dura y no termina puede conducir a la mujer a la falta de lubricación, lo que será doloroso para ambos; al cansancio, y a la frustración de “no llegar” que puede conducir a fingir los orgasmos o a espaciar el tiempo entre relación y relación. A largo plazo, es delicado.

“Si nos enfocamos en medir el tiempo que queremos durar nos vamos a olvidar de divertirnos. En vez de hacer eso, las parejas deben mirar qué quieren hacer, qué los hace realmente felices en la alcoba”, dice la psicóloga clínica y sexóloga Érika Pinzón.

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Por su parte, el psicólogo y sexólogo Andrés Castro, complementa que “debemos tumbar ese mito que dice que ser buen amante es sinónimo de durar más y más en la cama. Desligarse de esa idea puede ayudar a tener un mejor orgasmo. Querer tener relaciones más largas es algo que, incluso, va en contra porque el acto sexual dura minutos y no horas y horas”.

Lo más importante para estos casos, arguye Pinzón, es que los compañeros de cama logren una buena comunicación. “No se trata de que sea rápido o pronto”. Para ella, se trata, en cambio, de que ambos puedan pedirle al otro algo en la intimidad con total libertad. Que el tiempo sea el que los dos consideren necesario. “Hay que centrarse más en disfrutar que en rendirle al otro, porque esa actitud puede generar problemas sexuales”, expone la sexóloga.

Hay un punto en el cual enfatiza la especialista: el tiempo de ese encuentro va a depender de cada pareja; de sus gustos, de cómo se sientan, de lo que hablen, de lo que realmente disfrutan. No se trata, dice ella, de estar por estar ni de intentar concentrarse en durar, durar y durar, porque se dejaría de gozar ese momento con la otra persona con la que se está compartiendo la intimidad.

El sexo es placer, es arte, es imaginación, es disfrute y libertad, no una lucha donde gana el que más entra y sale.

El tiempo que las parejas van a destinar a sus encuentros también dependerá de varios factores como el deseo que haya entre las dos partes, las ganas acumuladas, el lugar y la privacidad.

“También va a depender del ritmo con el que se lleve a cabo. Eso es determinante. Para retardar el orgasmo, en el caso de los hombres, es necesario realizar pausas o controlar la respiración”, explica Castro. Pero retardar la eyaculación tiene como uno de los propósitos esperar a que ella también llegue al orgasmo, no demostrarle que usted es el hombre de acero.

Los expertos coinciden en que, en muchas ocasiones, las personas tienen ideas distorsionadas sobre lo que debe ser una relación sexual exitosa y es por eso que llegan a temer que los tiempos que duran en la cama son muy cortos.

La psicóloga clínica expone que “no es recomendable hablar de un tiempo estipulado. Se debe entrar a mirar el caso siempre y cuando esa persona sienta malestar con su rendimiento”.

Tiempos

A pesar de que el sexólogo Andrés Castro coincide con Pinzón en que el tiempo de duración de los encuentros sexuales depende de cada pareja, sostiene que sí existe un tiempo promedio que puede servir, al menos, para medir si, en el caso del hombre, hay eyaculación precoz o retardada.

“Considero que el promedio de un acto sexual está entre mínimo 7 y máximo 25 minutos de prolongación. Sin embargo, está en cada persona intentar lograr su orgasmo en un tiempo específico”, insiste el especialista.

En el 2005, Journal of Sexual Medicine, realizó un estudio para el cual “reclutaron un total de 500 parejas de cinco países: Países Bajos, Reino Unido, España, Turquía y los Estados Unidos”, a las cuales les preguntaron por el tiempo que consideraban que debería durar el coito.

De acuerdo con la población encuestada, el promedio de prolongación del encuentro genital debería ser de 5,4 minutos. Sin embargo, según los rangos de edad de la gente consultada variaba. Para el grupo que comprendía las edades entre los 18 y los 30 años la media fue de 6,5 minutos; mientras que para los mayores de 51 años el promedio fue de 4,3 minutos.

Castro explica que la eyaculación retardada se presenta cuando los hombres quieren llegar a su orgasmo, pero no pueden. “Esto puede llegar a ser insatisfactorio para los dos, porque, evidentemente, después de cierto tiempo la mujer pasa el umbral de lubricación y puede comenzar a sentir dolor”.

La recomendación del especialista en estos casos es aprender a relajarse para lograr tener control sobre el órgano viril y así poder disfrutar del encuentro con la pareja.

La sexóloga Pinzón cree que, de cierta manera, “esa misma preocupación por durar mucho más tiempo puede llegar a ser una causal de la eyaculación precoz”.

En caso de que una o las dos personas no logren llegar al orgasmo luego de un tiempo considerable, Castro aconseja buscar el placer de otras formas, no limitar esa búsqueda a la relación genital. “Hay que jugar con la imaginación. El sexo oral, los juguetes sexuales, tocar al otro, la creación de roles y de fantasías, pueden ser buenas opciones”.

Los amantes tampoco deben dejar de lado toda la antesala de estimulación como los besos, las caricias y los roces cuerpo a cuerpo que deben realizar antes de llegar al momento cumbre del encuentro íntimo. Esto es algo que aplica tanto para el hombre como para lamujer, pues cada uno maneja tiempos diferentes para lograr excitarse. “El sexo empieza desde el momento en que la pareja comienza a seducir al otro con las palabras”, opina Castro.

Sin embargo, si el problema de la falta de sincronía para llegar al orgasmo es constante o se comienza a presentar dispareunia o coitalgia (dolor cuando se tienen relaciones que se presenta tanto en hombre como en mujeres) lo mejor es buscar un especialista.

Responsabilidad masculina

La sexóloga y psicóloga clínica Érika Pinzón considera que hasta hace un tiempo los hombres no pensaban tanto en darle placer a la mujer, pero, agrega, las cosas han cambiado últimamente, porque pareciera que ahora está sucediendo al revés, es decir, que el género masculino se está concentrando más en darles placer a ellas.

“El hombre se ha convertido a sí mismo en un objeto para satisfacer”, y con base en esa idea es que la especialista opina que se han consolidados ciertos mitos alrededor de cuál es la cantidad de tiempo que tiene que durar un encuentro sexual para que sea placentero o bueno o, en últimas, aceptable.

“Los hombres no están obligados a satisfacer a las mujeres siempre. Esto es un juego en el que están involucradas directamente dos personas”, puntualiza la experta.

Por su parte, Castro piensa que todos estos imaginarios también se han formado, en parte, por culpa de la pornografía, que si bien puede ser estimulante, también ha creado toda una idea de que los encuentros sexuales tienen que durar horas y que el órgano masculino tiene que, obligatoriamente, tener un gran tamaño.

Sostiene, además, que las relaciones sexuales siguen estando muy enfocadas en el coito, lo cual es excitante para los hombres, pero que, debido a eso, se descuidan otras zonas del cuerpo que son más
estimulantes para la mujer.

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