En medio de alianzas aún frágiles, candidaturas en formación y un gobierno que sigue enfrentando el desgaste, el año electoral 2026 acaba de atravesar la línea de salida, con la esperanza de sortear la violencia y la polarización del país.
Aunque la campaña por la Presidencia arrancará de lleno el próximo 31 de enero, hace meses los colombianos viven bajo un clima político marcado por la anticipación, que ya ha empezado a desgastar algunas candidaturas, según analistas.
El ‘round’ inicial de este año se vivirá en las consultas interpartidistas del 8 de marzo, en las que la izquierda y la derecha esperan afinar un candidato de cada lado que represente sus intereses y logre reunir apoyos para no llegar dispersos a la primera vuelta de mayo.
“El principal tema a resolver en la izquierda y el centro derecha es definir cómo quedarán las consultas que han anunciado. Daniel Quintero e Iván Cepeda ya habían participado en una, entonces el Consejo Nacional Electoral deberá definir si la consulta del ‘Pacto Amplio’ será procedente”, indica Carlos Charry, director del doctorado en Estudios Sociales de la Universidad del Rosario.
La politóloga Nury Gómez explica que la izquierda cerrará filas en defensa del legado del Gobierno: “Narrativa de reformas inconclusas sumada a la resistencia del establecimiento. La pregunta incómoda es: ¿van a convencer nuevos votantes o solo a explicarle al país por qué ‘no los dejaron gobernar’?”.
Para el analista político Alejandro Echeverry ese sector enfrenta “su primera paradoja, siendo Gobierno y estando en el oficialismo de las estructuras del Estado: tiene el poder político, pero a su vez un desgaste en sus formar de gobernar, comunicar, y resolver los problemas en un país conservador”.
En el caso del centro, analistas advierten que seguirá sin generar emociones y sin conectar con los votantes, lo que le continuará pesando. “Buscará capitalizar el agotamiento con la polarización, mensajes de gestión, orden y moderación; dificultad clásica: hacerse oír sin gritar”, dice Gómez.
Asimismo, Echeverry anota que “con su desconexión profunda de las necesidades y realidades de la gente y con su apelativo moral de la racionalidad como principio político, seguirán nadando en sus dudas metódicas, e intentando cambiar el país desde una oficina y la superioridad intelectual que los caracteriza, pero sin una narrativa que conecte”.
La derecha, según Nury Gómez, tendrá una agenda clara: seguridad, economía, orden. La estrategia es mostrar la actual Administración como advertencia y tienen una alta probabilidad de unificarse más por rechazo que por proyecto”.
Charry, por su lado, señala que el apoyo que finalmente dé el expresidente Álvaro Uribe a dicha consulta y su llamado a la ciudadanía a participar en ella serán muy importantes, aunque se sabe que deberá apoyar a Paloma Valencia”.
Pero el 8 de marzo los colombianos también deberán elegir el próximo Congreso, entre un enorme ramillete de 3144 candidatos, de los que varios quieren ser reelegidos.
La seguridad
Han coincidido organizaciones como la ONU, la Misión de Observación Electoral, MOE, e Indepaz en alertar sobre las cifras de acciones violentas contra políticos, escenario que parece que no cesará en la campaña.
No fueron hechos aislados momentos como el asesinato del precandidato presidencial Miguel Uribe ni tampoco la retención de un vehículo al servicio de la campaña de Abelardo de la Espriella por parte de hombres armados que incineraron el carro en plena vía pública.
Tampoco deben dejarse de mencionar las amenazas que sufrieron varios precandidatos del Centro Democrático, quienes no pudieron hacer precampaña de manera pública porque los estudios de seguridad alertaban posibles ataques.
La directora de la MOE, Alejandra Barrios, indicó finalizando el año pasado que, a pesar de que los hechos de violencia han disminuido un poco, los eventos reportados traen un nivel de impacto más letal, que se traduce en menos amenazas y más muertos y atentados.
Para Indepaz, el 2026 estará marcado por la continuación de la violencia contra líderes sociales, el control territorial de grupos armados ilegales y la instrumentalización de la violencia en tiempo preelectoral.
La politóloga Gómez advierte que algunos de los efectos que tendrán los niveles de inseguridad del país en la campaña son más anillos de seguridad, más eventos cerrados, más costo logístico: “Eso favorece a campañas con estructura y recursos, y puede dificultar el paso de outsiders de ‘plaza pública’”.
“Después del atentado y la muerte (de Miguel Uribe), todo se lee con lente de seguridad: protección de candidatos, control territorial, capacidades del Estado, y el fantasma de la violencia política del pasado”, dice.
Por ello, “el Gobierno queda bajo examen y se le mide por reacción, investigación, resultados, control del orden público y garantías electorales”.
Charry agrega que puede que “no haya problemas de seguridad para los candidatos en sí, aunque puede que se presenten restricciones a la movilidad para hacer campañas, no porque estén directamente amenazados, sino por las condiciones de seguridad estructurales del país”.
La MOE también ha expresado su preocupación por la desinformación que enfrentarán los electores este 2026 en las redes sociales, en las que será muy fácil replicar contenido de odio o polarizante, apoyadas en la inteligencia artificial.
¿Qué esperar en el arranque del año?
Nury Gómez responde que “el 2026 arranca con polarización alta, cansancio ciudadano y una pregunta incómoda flotando: ¿esto va a cambiar o solo vamos a pelear más fuerte? El inicio del año suele traer campañas adelantadas (aunque digan que no), discursos más emocionales que técnicos y uso intensivo de miedos y esperanzas”.
Contestando esa pregunta, el politólogo Echeverry comenta que el debate político del año “no es sobre ideas, formas de país, modelos económicos o emociones que inviten a encontrar la esperanza, que parece perdida. Por el contrario, la campaña está mediada por la necesidad de diferenciarse desde el miedo, desde el rencor y desde el odio hacia quién piense y viva diferente”.
Además, las fuentes auguran que el debate político, incluido el de los candidatos, se centre en el rechazo o apoyo y de lo que ocurra con la emergencia económica decretada por el presidente Gustavo Petro, sobre la que hay un manto de duda sobre su legalidad, según han alertado varios juristas.
El panorama internacional también tendría repercusión en el país, especialmente en los asuntos relacionados con las intervenciones de Estados Unidos en Venezuela y los ataques que viene realizando la Casa Blanca en los mares Caribe y Pacífico.
El apoyo que dé o no Petro, marcará la diferencia: “Si el Gobierno de Colombia no logra desmarcarse lo suficiente de Nicolás Maduro, podrá tener unos efectos bastante negativos en las relaciones internacionales”, finaliza Charry.